Sociedad

El inglés macarrónico de Carolina Casado y la farsa de 'La mujer barbuda'

La victoria fue para Austria en Eurovisión, festival que ya hace años alcanzó la cumbre del 'frikismo'. La presentadora de TVE otorga "oit points" a Rumanía. La representante española, Ruth Lorenzo, consigue el décimo puesto... 

La ganadora del Festival de Eurovisión 2014, Conchita Wurst (Austria).
La ganadora del Festival de Eurovisión 2014, Conchita Wurst (Austria). EFE

Suena a falta de modestia decirlo, pero ya se lo advertimos aquí con cinco razones poderosas. Lo mejor era no ver Eurovisión. De modo que si el sábado por la noche se torturaron viendo Televisión Española, no se quejen demasiado. Sarna con gusto no pica. Se agradece, eso sí, la solidaridad con quienes, como un servidor, deben tragarse esta soberana memez para escribir sobre ella. Ni con un intento de apostar por la sonrisa puede aguantarse semejante espectáculo. Ocurre, sin embargo, que en esta ocasión los españoles no hemos encontrado motivos para el bochorno por la actuación de nuestra representante, la tal Ruth Lorenzo, sino por la aparición estelar de la presentadora encargada de hacer llegar al resto de europeos los votos de España. El inglés macarrónico de Carolina Casado supone un hito en nuestra particular historia de despropósitos con el certamen y los idiomas. 

Que los españoles tenemos más problemas que otros europeos para hablar en inglés es una evidencia. Ahí está para el recuerdo, como ejemplo más reciente, el ridículo "relaxing cup" de Ana Botella en Buenos Aires. Pero la presentadora de TVE ha ido más allá de la pronunciación errónea. Ella se ha inventando un nuevo término. Frente a millones de personas (increíble, sí, millones) que seguían en directo el certamen, Casado otorgó "oit points" a Rumanía. A excepción de los rumanos, como receptores del botín, los demás europeos debieron quedarse atónitos. Sobre todo porque esta patada al diccionario vino precedida de un incómodo silencio que surgió de un inexplicable fallo de comunicación. Vean, vean toda la secuencia y juzguen ustedes mismos.

Abochornante. Patético. Insuperable. Elijan adjetivo. El caso es que las redes sociales no tardaron en incendiarse con este asunto. El hashtag "#oitpoints" arrasó este fin de semana. La pareja de polacas que mostraron sus exuberantes razones y la espontánea que coló una bandera de Gibraltar durante una entrevista a Ruth Lorenzo sucumbieron ante este momento inolvidable. El inglés de Casado ensombreció, incluso, una aceptable actuación de nuestra enviada a esta batalla imposible. Resulta que Ruth y su Dancing in the rain obtuvieron la décima plaza. Mejor actuación y clasificación que en años precedentes, cuando parecía imposible recibir votos de más de cuatro naciones. Sin ir más lejos, en 2013 España obtuvo la penúltima posición. Olé. 

Eurovisión es un esperpento en que se premia a quien llama más la atención por su estética, no a quien atesora más talento para cantar 

Antes de esta edición de 2014, celebrada en Copenhague, ya era sabido por todos que este certamen es un esperpento que alcanzó hace años la cumbre del frikismo. No se premia a quien atesora más talento para cantar, sino a quien llama más la atención por su estética. Por ello, la victoria de la austriaca ConchitaWurst, alias La mujer barbuda, no es sorprendente. Poco o nada importa que Tom Neuwirth se haya construido este personaje antes de alcanzar el triunfo. Y menos relevante es que Conchita lo intentase antes en un talent show o en una boyband. Allá cada cual con su libertad para expresarse artísticamente como le venga en gana. Y allá cada cual para hacer con su cuerpo lo que estime oportuno. Queda la duda, eso sí, de si Conchita hubiera ganado sin barba

Técnicamente hablando, Eurovisión es un espectáculo televisivo con luces y sonidos desbordantes. Los daneses montaron un escenario a la medida del festival. Y millones de europeos vieron la gala encandilados. Guste o no a sus fanáticos, este certamen es, por encima de cualquier consideración, una gran farsa. Es decir, según el DRAE, una pieza cómica sin más objeto que hacer reír. Y en la farsa siempre ganan los mayores farsantes. 


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