Sociedad

Niños prodigio: el desarrollo del talento en un mundo de probabilidades adversas

¿Qué convierte a un niño en alguien con altas capacidades? ¿Cómo educarle? ¿Se trata solo de CI? ¿Ser un genio asegura un futuro? Un monográfico realizado por las firmas más prestigiosas en este campo y publicado por el Ministerio de Educación intenta arrojar luz sobre estas y otras cuestiones.

El campeón del mundo de ajedrez, Magnun Carlsen.
El campeón del mundo de ajedrez, Magnun Carlsen. EFE

Sucede a veces. Entre miles y miles de personas surge alguien, alguien capaz de hacer cosas que escapan al tiempo y a la experiencia, que escapan a la práctica y al conocimiento que el mundo cree que se precisa; a veces surgen genios, talentos, prodigios, niños que parecen superiores al resto. Pero incluso los más destacados casos de niños prodigio, de jóvenes con altas capacidades, o adultos que demuestran sus dotes en un campo específico están sometidos a algo más que al ‘malpensado’ y ‘mal atribuido’ concepto de “don innato”. Un genio no nace, se hace, aunque la variable genética sea la que determine en muchos casos la posibilidad de desarrollar el talento. Entonces, ¿qué convierte a un niño o a un adulto en alguien con altas capacidades? ¿Cómo educarle? ¿Es un asunto que atañe solo al coeficiente intelectual y a los test de inteligencia? Un monográfico en la Revista de Educación, una publicación de divulgación del Ministerio de Educación, con algunas de las firmas más prestigiosas en el campo del desarrollo del talento y la alta capacidad intenta arrojar luz sobre el ignorado mundo de los llamados ‘superdotados’.

Un niño prodigio tendrá que pasar por las mismas fases que el resto, pero gracias a su 'capacidad' será mucho más rápido en superar las fases del aprendizaje

Existen casos de niños que han demostrado ampliamente su condición de niños prodigio, como bien puede ser el ‘Mozart del ajedrez’, Magnun Carlsen – a los 13 años se convirtió en Gran Maestro Internacional y hoy es Campeón del Mundo de Ajedrez-, o el mismo Mozart, que a los 5 años realizaba sus propias composiciones. Hay muchos casos, pero al contrario de lo que mucha parte de la sociedad pueda suponer, la alta capacidad no es algo ‘que se tiene o no se tiene’ y no es algo únicamente vinculado al CI, sino que “los dones no son innatos, se desarrollan durante el curso de la infancia y, en ocasiones, continúan haciéndolo durante la edad adulta”, relata el profesor Françoys Gagné. Este doctor en psicología explica que en el desarrollo de estos talentos tienen influencia multitud de factores, como las raíces biológicas, la determinación, el entorno familiar, el CI, los conocimientos adquiridos, los retos, la escuela, la autoconfianza, el fracaso… Por tanto, hay una gran variedad de factores que determinan el desarrollo del talento. Gagné distingue entre alta capacidad y talento, siendo la primera de dominio natural y la otra predispuesta a ser desarrollada de una forma más eficaz que otras personas. Para el profesor esta aptitud implica que el niño o la persona en cuestión tendrá que pasar por las mismas fases que el resto, pero gracias a su 'capacidad' será mucho más rápido que cualquier otra persona en superar las fases de aprendizaje.

Este experto asegura además que el talento puede ser desarrollado de distinta forma en función del objetivo al que se quiera llegar. Para Gagné, por ejemplo, el desarrollo del “control motor se puede modelar en habilidades particulares de un pianista, un pintor o un jugador de videojuegos. Del mismo modo, los procesos cognitivos pueden ser modelados en el razonamientos científico de un químico, la memorización y el análisis de juego de un ajedrecista, o la planificación estratégica de un atleta”. Quedándonos en la evolución del ajedrecista, el caso de Magnus Carlsen es un buen ejemplo del desarrollo de talento bien aprovechado. Según los profesores Olszewski-Kubilius, Subtonik y Worrel, “sin oportunidades que permitan alimentar el talento, éste podría no ser reconocido nunca”. El ‘Mozart del ajedrez’ inició su andadura con 5 años, cuando le enseñaron el juego, pero entonces no llamó su atención y no le dedicó mucho tiempo. Los expertos señalan en el documento que el interés y la pasión que aporta el ‘genio’ son fundamentales. El ajedrecista noruego a los 8 años vio a su hermana jugar y, desde entonces, motivado por el reto –otro de los puntos clave según los profesores– de derrotarla a ella y a su padre le llevó a introducirse en el juego –entonces, ya aseguraba entrenar varias horas al día para mejorar-. A los 12 años sus padres se lo llevaron de gira por Europa para competir de torneo en torneo. En esa época ya tenía a grandes maestros y a los 13 años venció a Karpov y quedó en tablas con Kasparov, que poco después se convirtió en su maestro. El reto ayudó notablemente a Carlsen, al igual que relacionarse en ambientes y con personas del talento que estaba desarrollando, centrándose así en su campo. Si el genio noruego no hubiera visto jugar a su hermana o sus padres no le hubieran propiciado un entorno favorable a ese objetivo, quizá Carlsen nunca hubiera desarrollado su habilidad y hoy solo sería un chico muy inteligente y con una capacidad de memoria asombrosa.

El ‘Morzart del ajedrez’ - en la foto jugando en un torneo a los 13 años - tiene un CI de 186 puntos, muy por encima de la media, pero según explican los expertos en el monográfico, como el profesor Pfeiffer, -una opinión que comparten prácticamente todos sus colegas-, un único test de inteligencia no puede identificar qué estudiantes “son dotados”, dado que este apartado es solo un punto más para identificar la superdotación y, hoy en día, las pruebas de inteligencia están cambiando, incluyendo la memoria a corto y largo plazo, la velocidad de procesamiento, el razonamiento cuantitativo, la lectura o la inteligencia fluida como elementos importantes a la hora de clasificar las capacidades del alumno. Los profesores Renzulli y Gaesser detallan que para clasificar a los alumnos de alta capacidad es necesario un sistema coherente, que acabe con la única medición del test de inteligencia, que busque un equilibrio entre lo objetivo y lo subjetivo, teniendo en cuenta valores como la motivación, la creatividad o la capacidad de aprendizaje, entre otros como el rendimiento en aptitudes como la matemática o la lectura.

Enseñanza

Pero después de abordar quiénes son los niños prodigios, la pregunta es: ¿cómo educarles? ¿Puede un niño de altas capacidades permanecer en clase con sus compañeros desarrollando sus aptitudes o quedará estancado y su potencial no será desarrollado? En el monográfico, los diferentes modelos planteados por la profesora Linda E. Brody o los profesores de la Universidad de Navarra y La Rioja, Javier Tourón y Raúl Santiago, tienen como base para sus modelos la “enseñanza personalizada”, que busca adaptar los contenidos al alumno y no los alumnos al contenido, pese a que no se eliminen los conocimientos generales, esenciales para el aprendizaje, el sistema busca adaptar así a la posibilidades del desarrollo del talento de los jóvenes de altas capacidades. Además de la enseñanza personalizada, los expertos apuntan en el monográfico que el entorno escolar, ya sea por los compañeros y su aceptación, la competencia, el fracaso, no ser el mejor de la clase o las actividades extraescolares son claves para la enseñanza a alumnos con estas capacidades.

Además el documento refleja que las nuevas tecnologías son un impulso muy importante de cara a la formación de los alumnos de alta capacidad –también de los alumnos corrientes- fuera de la escuela, completando su formación de puertas afuera del centro educativo. En el caso de Carlsen, siendo muy joven dejó la escuela y, según asegura en una entrevista, eso le generó “libertad” por no tener que ir al centro y “no tener preocupaciones” típicas del colegio. Al contrario que el noruego, muchos alumnos no tienen la posibilidad de desarrollo fuera del centro y, para cubrir su capacidad, son elevados de curso, algo que, aunque eficaz, algunos expertos apuntan que puede ser contraproducente.

En España hay 12.490 personas con alta capacidad, pero el país se encuentra, según los expertos, en un probable infradesarrollo del potencial de los escolares

En España actualmente, según los datos que el ministerio de Educación, hay 12.490 personas con alta capacidad, pero nuestro país se encuentra, según detallan los expertos Tourón y Santiago, en un probable infradesarrollo del potencial de los escolares, que se refleja en los resultados de los estudios internacionales como PISA, TIMMS o PIRLS, en donde “hay un denominador común en todos ellos que es el excesivo número de alumnos con un bajo rendimiento y el escaso número de alumnos con alto rendimiento, particularmente en comparación con otros países”. Los profesores españoles explican que el país se encuentra claramente por debajo de la media de la OCDE y señalan que “lo que importa es la capacidad del sistema para ‘bombear’ a los alumnos hacia los niveles superiores de rendimiento. Y cuanto mayor sea la fuerza con la que se ‘bombea’, mayor será la diferencia entre los que todavía no se han beneficiado del sistema y los que ya lo han hecho”. Por ello, añaden, citando al profesor Gaviria, que no es tan preocupante que en España haya alumnos en los niveles inferiores de rendimiento, como que haya muy pocos en los niveles superiores, “ya que eso nos habla de un sistema con poca capacidad de ‘bombeo social’. Y la consecuencia de ello puede ser que sean siempre individuos procedentes de las mismas familias los que se encuentran en los niveles inferiores de rendimiento”.

“Los talentos emergen y crecen evolutivamente, y para algunos no llegan a emerger porque no se produce una adecuada estimulación en la escuela y la familia. Por ello, es imperativo que todos los que trabajan con jóvenes vean los talentos y potencialidades como algo educable y emergente, y no como algo fijo e inmutable” destacan Tourón y Santiago, que añaden que si el talento se entiende, entonces, como potencial que se transforma en competencia, es claro que la educación basada en la edad, como la que conocemos, en la que hay una talla única y un mismo nivel de reto, independiente de las capacidades, “no puede responder de manera adecuada al desarrollo de los dominios” y apuestan por un sistema personalizado en el que el profesor actúe como guía del alumno, más que un transmisor lineal de conocimientos.

Futuro

Pero ser alguien dotado de la capacidad para desarrollar el talento, un niño prodigio, ¿asegura un futuro de éxito? La profesora de la Universidad Middlesex de Londres Joan Freeman expone en el monográfico que algunos niños con altas capacidades tienen más éxito que otros con capacidades similares y señala que, pese a que cuanto más inteligentes son los individuos, mayor es su posibilidad de éxito, los logros escolares de los alumnos con altas capacidades no son un indicador fiable de elevado éxito en la vida, y sitúa como aspectos vitales para el éxito el trabajo duro, el apoyo emocional y una perspectiva optimista.

Un estudio realizado por la profesora siguiendo el recorrido de 210 niños, 70 de los cuales identificados como alumnos con altas capacidades, a lo largo de 35 años en Reino Unido, reflejó que la alta capacidad no asegura el triunfo en la vida, dado que “en términos de éxito convencional en la vida, como calificaciones altas en los exámenes, subir de escalafón en una empresa o hacer dinero, las primeras piedras de la construcción eran siempre el entusiasmo y el trabajo duro, aliado con suficiente capacidad, oportunidades de educación formal y una familia emocionalmente comprensiva”. Freeman explica que la alta creatividad proporcionaba a los jóvenes del estudio una personalidad independiente de las opiniones de otros y, en ocasiones, un fuerte coraje. Según detalla, un exitoso arquitecto “que fue el típico holgazán en la escuela, por ejemplo, no rendía bien en sus exámenes y no mostró sus talentos hasta tiempo después de abandonar la universidad con un modesto grado”. U otro ejemplo, por el que asegura que “nunca pudo imaginar” que uno de los niños que conoció, con discapacidad física, pobres antecedentes económicos y educativos, se convertiría en un banquero millonario a los 34 años.

Cuanto más inteligentes son los individuos, mayor es su posibilidad de éxito, pero los logros escolares de los alumnos con altas capacidades no son un indicador fiable de elevado éxito en la vida

Este estudio de la profesora refleja además la importancia de la realización y de la elección ‘pasional’ de los jóvenes. Como ejemplo de una trayectoria atravesada por ‘lo deseado’ y ‘lo seguro’ se cuenta la historia de uno de los niños en el estudio, el primero de la clase, que sobresalía en ciencias y en música. “Su escuela de alto nivel le urgía a estudiar ciencias, mientras que el College of Music le presionaba para apuntar hacia una carrera como concertista”. Tras discusiones interminables, el joven se basó en su futura seguridad económica para elegir y decidió dedicarse a la medicina como opción más sensata. El joven prodigio no tuvo problemas en convertirse en el número uno de su clase en la universidad gracias a la organización de su aprendizaje y con resultados brillantes se convirtió en psiquiatra en un hospital donde era muy alabado. Freeman destaca que si su estudio hubiera acabado en este punto, se podría identificar al niño prodigio “como un adulto con alta capacidad. Pero a mediados de sus cuarenta años su imagen se destruyó”. El psiquiatra se dio cuenta de que había cometido un terrible error escogiendo la medicina en vez de la música. “Esto apareció ante él con cierto horror y afligió su espíritu. Comenzó a deprimirse hasta el punto de empezar a interferir en su trabajo. Abandonó la medicina para siempre a la edad de 35 y no volvió a curar enfermedades. Pero nadie puede recuperar los años. Ahora toca el piano y canta en una banda de Jazz. Conmovedoramente, también lleva una vida modesta como agente musical de otros que tocan profesionalmente”. Este antiguo niño prodigio no puede ser considerado un adulto de alta capacidad, al contrario de ejemplos como el del arquitecto, que desarrolló su talento hasta convertirse en alguien que además de ser feliz en su trabajo, era un experto y reputado profesional en su campo.

Entonces ¿qué convierte a un joven prodigio en un adulto con talento? La profesora detalla que tras muchas horas de interacción tuvo que concluir que “muchas influencias en la felicidad y el éxito son como el amor –si es que es posible decir cómo se siente y que ocurre con él, pero no hay ninguna prescripción segura-. Por lo demás tenemos información muy clara sobre lo que podemos proveer para las necesidades de los niños con altas capacidades y talentos, como medio para apoyar la realización personal –una educación apropiada, oportunidades para crecer y personas que crean en ellos-”.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba