El CIS otorgó 10 y 15 puntos más a PP y PSOE respectivamente, y sólo un escaño a Podemos

¿Por qué fallan tanto? Las encuestas electorales también perdieron las elecciones

Inmersos en la resaca electoral post europeas, muchos expertos han reparado en que los sondeos previos erraron demasiado en sus pronósticos, incluido el CIS. Hacerlos con mucha antelación o una mala interpretación de los parámetros actuales son algunas de las razones esgrimidas para explicar la distancia entre previsiones y resultados. 

La sede del Centro de Investigaciones Sociológicas
La sede del Centro de Investigaciones Sociológicas Europa Press

Hace una semana las urnas asestaban un duro golpe al bipartidismo dominante en España que lleva años repartiéndo periódicamente el poder entre PP y PSOE. Pero algunos han ido más allá, añadiendo un segundo perdedor claro en los comicios: las encuestas electorales. Ninguna, ni oficial ni privada, se acercó a lo que finalmente ocurrió tras las elecciones, e incluso el CIS otorgó entre 10 y 15 puntos de más a los resultados obtenidos por los dos grandes. ¿Por qué fallan tanto las encuestas? ¿Mienten los ciudadanos cuando se les pregunta? ¿Están viciadas de inicio? ¿Sirven realmente para algo si la gente desconfía de ellas?

Quizás el principal factor esgrimido por los profesionales para explicar estos errores es el tiempo de antelación a los comicios con que se puede publicar una encuesta. Una de las tradicionales reclamaciones de los sociólogos en este sentido es que se permita publicar sondeos sin la limitación actual, que impide difundir estos estudios desde cinco días antes de la votación, algo que ocurre de modo similar únicamente en Italia y en Grecia. Existe la teoría de que cuanto más se acerque la realización de la encuesta a la fecha de unas elecciones, mayor es la probabilidad de acierto y mejor se detectará la evolución del voto más volátil. De ahí que las encuestas más certeras sean siempre las realizadas a pie de urna. 

En este sentido cabe recordar que el Centro de Investigaciones Sociológicas hizo pública el pasado 8 de mayo una encuesta basada en los datos recogidos entre el 7 de abril -cuando todavía no habia candidato en el PP- y el 26 del mismo mes. En teoría, el PP ganaría las elecciones con un 33,7% de los votos y 20 escaños, mientras que el PSOE obtenía un 31% de los votos y 18 escaños. Ambas opciones políticas sumaban el 64,7% de las papeletas, más de 15 puntos de la cifra realmente obtenida del 49,06%: 26,06% para el PP y 23% para el PSOE, 7,64 y 8 puntos menos respectivamente respecto a lo previsto. 

Los expertos señalan que a mayor antelación a las elecciones, más opciones hay de error, pero en España no se pueden publicar sondeos desde 5 días antes de los comicios

¿Por qué se equivoca tanto un organismo que a priori debería ser el más fiable, por el momento poco dudoso de cierta inclinación política? Algunos expertos han apuntado al campo de estudio utilizado como una posible causa. El CIS, que depende del Ministerio de Presidencia, suele entrevistar a más del doble de personas que el resto de los sondeadores (2.500), y lo hace desplegando entrevistadores que realizan las encuestas a domicilio. En el caso del Barómetro, por ejemplo, éstas se hacen en horario laboral, de manera que el perfil de la gente que se encontrará en su casa a esas horas está bastante definido -desempleados, amas de casa, jubilados-, por lo que no se refleja fielmente la variedad del conjunto de la población. 

Según publicaba Manuel Bagues en el blog de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), es probable que tanto el CIS como las empresas privadas hayan seguido haciendo lo mismo que venían haciendo en el pasado. Es decir, asignar el voto de los indecisos en función de su ideología a alguno de los dos grandes partidos. "Esto funciona bastante bien en ausencia de cambios estructurales. En jerga econométrica, se ha utilizado un modelo en forma reducida cuando en realidad se necesitaba un modelo estructural que tuviera en cuenta, a la hora de asignar el voto de los indecisos, el cambio dramático que se estaba observando en la intención de voto de los encuestados", escribía. 

En esa misma línea se mostraba José Antonio Alcoceba, profesor del departamento de Sociología IV de la Universidad Complutense de Madrid, quien explicaba a Vozpópuli que la crisis había generado un clima cambiante en cuanto a la forma de construcción de la opinión política, y que uno de los errores más comunes de las encuestas es que siguen utilizando la contraposición entre la izquierda y la derecha como eje principal de representación, también fomentado por los medios de comunicación. "Ahora existe una mayor fragmentación de la izquierda y un mayor desencanto en la derecha, y eso hay que codificarlo. Además, debemos tener en cuenta que un sondeo habla de presente, no de futuro, y por otro lado, lo que estamos haciendo es recoger la opinión de una minoría que -en teoría- debería ser extrapolable a una mayoría por una serie de perfiles. Preveemos que el conjunto de la población se va a comportar así porque hay una interpretación de un dato, pero existen muchas otras variables detrás", señalaba. 

Podemos, otro punto que pasó desapercibido

Este argumento servía para explicar por qué esa tendencia de las encuestas a otorgar los votos de los indecisos a los dos grandes partidos habría sido totalmente errónea, y muestra de ello sería el fenómeno de Podemos, al que ningún sondeo daba la relevancia que finalmente obtuvo -el CIS le otorgaba el 1,8% de los votos y un solo escaño, lejos del 7,97% obtenido y los cinco eurodiputados-. Para Alcoceba, frente a la normalidad impuesta entre los dos principales partidos ha habido gente que se ha ido sintiendo cada vez más alejado de sus discursos porque vivía situaciones personales diferentes a lo que pregonaban aquellos, y de ahí que los indecisos finalmente hayan tomado partido por otras opciones. 

"Se sigue utilizando la contraposición entre la izquierda y la derecha como eje principal de representación. Ahora hay fragmentación en la izquierda y desencanto en la derecha, y eso hay que codificarlo"

"Ese cambio de opinión en los ciudadanos se ha ido fraguando en estos años siendo muy conscientes de la idea que tenían. Hay mucha gente a la que dejar de votar al que traidicionalmente ha sido su partido le ha creado incluso ansiedad, pero ha llegado un momento en que los principios personales se han impuesto, y era o cambiar de opción o directamente no votar. El voto a Podemos creo que es por el ansia de querer ver reflejadas algunas de las quejas de los ciudadanos. Puede tener bastante recorrido porque hay mucho desencanto y su discurso duele, ha hecho daño porque es brusco, pero es que puede ser que la gente de la calle quiera romper con el modelo actual. Lo fundamental para esta sorpresa es que ellos han sabido llevar a la gente a votar", explicaba el profesor de Sociología. 

En su opinión, los resultados obtenidos por la formación de Pablo Iglesias podrían ser aún más sorprendentes si en lugar de elecciones europeas, tradicionalmente más alejadas de los intereses de la gente, fueran municipales o incluso generales. "Se percibe que hay un cierto regusto , un soplo de aire fresco, al menos en un segmento de población como el de los jóvenes, que prácticamente no existen en los partidos ni tienen la opción de aportar en la vida política. Podemos, si se mantiene, puede volverse fundamental en los Ayuntamientos, donde lo que se gestiona es más cercano a la población", vaticinaba Alcoceba. 

La conocida 'cocina'

Por último, cuando los resultados de una encuesta no se corresponden con lo que finalmente ocurre, muchos intentan explicarlo también con la llamada 'cocina', lo que hace referencia a cierta preparación, condicionamiento o manipulación de los datos obtenidos. Por eso hay que poner atención en cómo se ha preparado el sondeo, ya que en éste influyen muchos factores; cómo se calcula el nivel de abstención, el tipo de cuestionario elegido, si las encuestas se hacen por teléfono o en persona, la composición de la muestra, la corrección de los sesgos con el trabajo de campo o el tratamiento del voto de los encuestados que no revelan a quién votarán o que aún no lo saben. Y sobre estos últimos, a veces se contabiliza hasta un 30% de los casos que pueden haberse estimado a partir de otras variables como a quién votaron en las últimas elecciones o simpatías hacia uno u otro de los dos grandes, lo que podría ser también un factor más a tener en cuenta para entender ciertos patinazos en las encuestas. 


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