Sociedad

Enfado mayúsculo con la RAE entre las asociaciones de autismo por su nueva definición

En su última edición, la RAE define al autista como una persona 'encerrada en su mundo, conscientemente alejada de la realidad'. Esta acepción ha enfadado mucho a los colectivos que defienden a los afectados por este síndrome, que han iniciado una batalla lingüística para defender su dignidad.

Amaya Ariz, presidenta de la Asociación Navarra de Autismo, sujetando un pictograma y junto a un cartel del libro 'La alegría muda de Mario'
Amaya Ariz, presidenta de la Asociación Navarra de Autismo, sujetando un pictograma y junto a un cartel del libro 'La alegría muda de Mario' Cedida

Persona encerrada en su mundo, conscientemente alejada de la realidad. Esta es la tercera acepción que recoge el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su nueva edición de 2014 para la palabra autista. Una definición que ha enfadado, y mucho, a los familiares de los afectados por este síndrome, quienes consideran que la Academia da carta blanca al uso de este término “con un contenido claramente peyorativo”, alimentando así “los mitos erróneos que rodean a este trastorno del desarrollo”.

Estas son las palabras que recoge la denuncia hecha pública por la Asociación Navarra de Autismo (ANA), que, como muchos otros colectivos con personas que sufren esta afección en España, han iniciado una batalla lingüística contra la RAE para protestar por no haber atendido su reclamación.

El presidente de la RAE defiende el sentido metafórico de la palabra 'autista' y dice que el diccionario es un modelo de la lengua, no la realidad de la lengua

Amaya Ariz, presidenta de ANA, junto a Jaime Ignacio del Burgo, expresidente del Gobierno de Navarra y abuelo de gemelas con autismo, decidieron enviar una carta dirigida al director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua, para expresar su frustración con la nueva acepción de la palabra autista y exigir que rectifique y respete “la dignidad de las personas con autismo”.

La Academia, por su parte, se exculpa escudándose en que la definición no se refiere a las personas que tienen autismo, y se ampara en el sentido metafórico de la acepción para personas sin autismo que se aíslan de su entorno. Es más, su presidente se justificó diciendo que el diccionario “es un modelo de la lengua, no la realidad de la lengua” y entiende que para unos “falten cosas y para otros sobren otras”. Pero todavía no han respondido a la carta de Amaya Ariz.

El autismo no es una enfermedad

Tampoco ha sentado especialmente bien la primera acepción del adjetivo, que reza lo siguiente: Dicho de una persona que padece autismo. Es la inserción del verbo padecer la que tanto molesta a estas familias. Al incluir esa palabra, se da por hecho que el autismo es una enfermedad o un mal, “cuando no lo es”, según Amaya Ariz, que añade: “Se trata de un síndrome. Pedimos equiparar la terminología del niño con autismo a la de un niño con síndrome de down, de quien no se dice que esté enfermo”. De hecho, en anteriores ediciones del Diccionario ya se había sustituido ‘padecer autismo’ por ‘individuo afecto de autismo’. 

Pese a que la definición de autista sigue ofendiendo a estos colectivos, la Academia ya ha corregido la del término autismo en un intento de satisfacerles. Si antes se decía que el autismo era una incapacidad congénita de establecer contacto verbal y afectivo con las personas, la RAE revisó la definición al considerar que estas personas sí que mantenían la comunicación, aunque de una manera especial, y pasó a hablarse de trastorno del desarrollo que afecta a la comunicación y a la interacción social, caracterizado por patrones de comportamiento restringidos, repetitivos y estereotipados.

La RAE refleja el sentido de las palabras, pero no lo impone

A pesar de todas estas quejas, los expertos subrayan el uso práctico del Diccionario. Según Manuel Casado Velarde, lingüista y catedrático de Lengua española, la culpa de que la RAE incluya estos nuevos sentidos es de la ciudadanía. “La Academia se limita a reflejar el uso que la gente hace del idioma, pero no lo impone”, aclara. Casado recalca la función didáctica del DRAE, y alega que si se limitara a plasmar lo políticamente correcto "dejaría de resolver dudas y adquiriría un carácter político". Por eso, y como ejemplo, califica de "quisquillosa" la postura de la Junta de Andalucía al exigir la retirada de la acepción que define a los gitanos como personas que estafan u obran con engaño. 

Manuel Casado, lingüista, cree que la RAE debería matizar y advertir que algunas acepciones tienen un sentido despectivo o malsonante

Eso sí, Casado también responsabiliza en parte a los académicos, cuya labor no sólo pasa por reflejar los usos sociales, sino “anotar si ese significado es malsonante, irónico o metafórico”. “En palabras como judío entendido como persona avariciosa, jesuita como hipócrita o autista como alguien encerrado en su mundo, la RAE debe matizar su contenido despectivo para que el hablante sepa que no la puede usar en todos los contextos”, puntualiza.

No es sólo la RAE la que ofende a estas asociaciones; los medios de comunicación también. “A lo largo de este año, varios titulares de prensa han empleado la palabra autista para referirse a un político que no escucha a la población y está ensimismado”, señalan desde la Confederación Española de Asociaciones de Padres de Personas con Autismo (Fespau), quienes, al igual que el colectivo navarro, no dan la batalla por perdida.

Esta cruzada no tiene sólo un cariz idiomático; no es más que una de sus vertientes. De hecho, en su lucha por defender la dignidad de las personas con autismo, Amaya Ariz escribió un libro donde narra su experiencia personal como madre de un niño con este síndrome.

“Se lo diagnosticaron el 19 de enero de 2011. Ese día me quedé sin habla y sufrí un duelo muy largo. Se muere el hijo que tu creías conocer y nace otro”, confiesa. Y, sin poder hablar, empezó a escribir. Así es como surgió La alegría muda de Mario, un relato en forma de diario que sirvió a Amaya Ariz de terapia para recuperar su dicción.

Un curioso tratamiento que no terminó ahí. Un año después, al acabar el libro, la madre de Mario -nombre real de su hijo- quería enseñárselo al mundo entero, para que comprendieran en primera persona “lo difícil, y a la vez bonito” que es cuidar de un niño así.

No sólo la RAE ofende a estos colectivos; los medios también, cuando se habla de políticos 'autistas' en lugar de decir ensimismados

Su historia ha enamorado ya a mucha gente, que, en una especie de cadena generosa sin fin, ha ido colaborando en este proyecto sin pedir nada a cambio y dándole cada vez más eco. Ya está traducido al inglés. En breve se publicarán las versiones francesa y alemana. Y también hay promesa de película, con un guion escrito por Xavier Berraondo. El 2 de abril llegó a Bruselas, y Amaya Ariz lo presentó en el Parlamento Europeo, en el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo

Helena Resano, MarilóMontero, Juan Ramón Lucas o Carlos Herrera ya tienen una copia. Y hasta la mismísima Michelle Obama. También los académicos de la RAE, junto con la carta protesta reclamando la revisión del adjetivo autista. En sus manos está ahora responder a la asociación y prometer diálogo. Amaya Ariz sólo pide “subsanar los pequeños fallos” en la nueva edición. Y "un poco de humildad". 


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