Sociedad

El antisemitismo se dispara: ataques a jugadores de fútbol, embajadas y delegaciones israelíes

A pesar del Holocausto y de la persecución histórica que sufre el pueblo judío, todavía hay resquicios de antisemitismo en la sociedad. Coincidiendo con el ataque israelí en Gaza, se ha reactivado una hemorragia latente en muchas partes del planeta.

El Muro de las Lamentaciones, donde oran tres religiones
El Muro de las Lamentaciones, donde oran tres religiones Wikimedia Commons

Recientemente, conocíamos los ataques a las embajadas israelíes en Francia, la agresión al Maccabi en Austria por parte de jóvenes de izquierda radical... y los insultos en Twitter durante el partido de la final Real Madrid - Maccabi Tel Aviv. Coincide con un punto álgido del conflicto palestino-israelí, y los judíos sostienen que son víctimas, nuevamente, del antisemitismo. 

El antisemitismo hunde sus raíces en la historia

El antisemitismo es el odio o desprecio a los practicantes de la religión judía, pero al ser una religión tan restrictiva, realmente es hacia el pueblo que se hace llamar a sí mismo judío. Los judíos, al menos en la Europa cristiana, tuvieron colgado el injusto sambenito de haber sido los que entregaron y dejaron morir a Jesucristo. Aunque no fue así exactamente, quedó en el imaginario popular. Los judíos, por tanto, se les negó el derecho a poder trabajar libremente en cualquier profesión porque se les consideraba impuros. Por lo que tuvieron que dedicarse a profesiones que no eran muy populares: recaudadores de impuestos, prestamistas, banqueros, etc. De ahí la connotación de judío como “avaro”. No en vano, el arte ha representado a los judíos dedicándose a esa clase de profesiones, prestamistas, vendedores de metales preciosos…

España expulsó a los judíos que no se convirtiesen al cristianismo en 1492, y éstos se dispersaron por el Magreb y Oriente Próximo. Se fueron hablando la lengua de la época, que posteriormente se llamó ladino o judeoespañol, que conservaron hasta nuestros días. Estos judíos eran conocidos como sefardíes, por oposición a los ashkenazíes, que son de procedencia eslava y germánica. A los judíos siempre se les ha acusado de urdir planes para el control mundial -los Protocolos de los Sabios de Sión- y siempre se han llevado la palma en el número de conspiraciones del nuevo orden mundial, junto a los masones.

España es el tercer país de Europa con mayores prejuicios a los judíos, según la Liga Antidifamación

El famoso Caso Dreyfus de finales del siglo XIX pone de manifiesto el sentimiento antisemita en gran parte de la sociedad europea de aquel momento y en concreto, de la francesa. Dreyfus era un capitán del ejército francés, que fue acusado sin pruebas de haber proporcionado al ejército alemán una serie de documentos confidenciales. Fue condenado a cadena perpetua y al destierro por ello, y el escritor Émile Zola escribió un manifiesto llamado “Yo acuso” para tratar de defender al capitán caído en desgracia. Se reabrió su caso y se le volvió a condenar, esta vez a trabajos forzados. Pero en 1906 se volvió a reabrir, y finalmente, le devolvieron su puesto de trabajo y lo pusieron en libertad.

Durante el partido de la final del Real Madrid y el Maccabi Tel Aviv, un elevadísimo número de tuiteros profirieron comentarios antijudíos de un calibre difícil de digerir

No obstante, el mundo quedó conmocionado en 1944 al conocerse el genocidio sistemático por parte de los nazis del pueblo judío. El antisemitismo nazi acusaba a los judíos de participar en la conspiración para que Alemania perdiese la guerra, utilizados como chivo expiatorio de la crisis del 29. No obstante, también la Unión Soviética envió a judíos al gulag. España es el tercer país de Europa con mayores prejuicios a los judíos, según la Liga Antidifamación.

“¿Eres judío? Pues nunca me habría dado cuenta”

Moisés lleva cinco años viviendo en Israel. Él es venezolano, pero durante muchos años ha vivido en España. “A los chavales del colegio San Patricio de Madrid les decían que los profesores del Colegio Judío eran del Mossad”, señala. “Un profesor de historia nos decía que Israel era un estado terrorista en medio de clase”, dice con pesadumbre. Por suerte para él, “llevo cinco años residiendo en un país donde el antisemitismo no existe, ya se me ha pasado y he olvidado gran parte de las cosas que me decían”. “He tenido que borrar de Facebook y dejarme de hablar con muchos amigos que se creen las mentiras de los medios sobre Israel, me duelen mucho”, cuenta.

A Moisés no le falta razón en muchas cosas de las que denuncia. Hace meses, durante el partido contra Maccabi Tel Aviv, un elevadísimo número de tuiteros profirieron comentarios antijudíos de un calibre difícil de digerir. La Federación de Comunidades Judías de España denunció a muchos de los que aquel día descargaron su decepción por la derrota del Real Madrid en la Final Four insultando a los jugadores israelíes por ser judíos.  

Y sin ir más lejos, como recogía Vozpópuli hace pocos días, los jugadores del Maccabi Haifa sufrieron una agresión por parte de ultras de izquierda.

La transversalidad del fenómeno antisemita

“Yo no soy antisemita, yo soy anti Israel”, nos cuenta Miguel, que milita en la izquierda antifascista. “Para mí, existe una diferencia entre los judíos y los israelíes. Lo que ha hecho Israel en Palestina es inhumano, es un genocidio, una ocupación en toda regla”. La identificación del antisemitismo con el odio a Israel es también parte del asunto. El antisemitismo en España, por ejemplo, no es excesivamente militante, es decir, no se han reportado en los últimos años agresiones a ciudadanos judíos por esta razón, pero no deja de ser grave mientras es callado y silencioso. 

El antisemitismo en países como Francia, por ejemplo, viene del lado de la derecha y de los hijos de inmigrantes musulmanes. En apenas una semana, bandas de jóvenes árabes y musulmanes han atacado varias sinagogas de París y de suburbios como Asniéres y Sarcelles, con el grito de “¡Muerte a los judíos!”. En otros países como Alemania, la palabra “juden” sigue siendo un insulto en según qué entornos.

En apenas una semana, bandas de jóvenes árabes y musulmanes han atacado varias sinagogas de París y de suburbios como Asniéres y Sarcelles, con el grito de “¡Muerte a los judíos!”

Sin ir más lejos, en Francia, un cómico de ultraderecha musulmán, hijo de padre camerunés y madre francesa, llamado Dieudonné M’Bala, inventó un gesto conocido como la “Quenelle” con tintes antisemitas. En su historial, conserva un gran número de condenas por haber proferido insultos como “vendedores de esclavos”, o haber llamado al museo del Holocausto “un memorial pornográfico”. Famosos y futbolistas como Anelka se apuntaron al gesto de la Quenelle, que es un saludo nazi invertido para sus detractores, y para sus defensores, un ataque al sionismo, es decir, la identificación del ser judío con el Estado de Israel.

Un problema sentimental de difícil solución

No parece que un sentimiento irracional pueda ser resuelto de manera sencilla. Al tratarse de algo que responde a un prejuicio, no se puede erradicar como si de una enfermedad se tratase. Cada vez que Israel interviene en Palestina, se despierta progresivamente el odio hacia los judíos e Israel en ciertos sectores, y es algo que no se puede remediar. El antisemitismo actual, parece estar motivado por la conducta que Israel mantiene en Palestina, que para sus detractores, se trata de una ocupación y un genocidio.


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