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Los sindicatos reconocen su debilidad y dejarán la convocatoria de la huelga general para el otoño

Pasan por un mal momento y ellos lo saben. Tanto Cándido Méndez como Ignacio Fernández Toxo han reconocido al nuevo secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y al líder de CiU, Josep Antoni Durán i Lleida, que las fuerzas les fallan y que las pocas que les quedan deben dosificarlas porque alguien, al final, tendrá la responsabilidad de encauzar el malestar ciudadano y en estos momentos los españoles no miran precisamente con especial simpatía al primer partido de la oposición.

Pasan por un mal momento y ellos lo saben. Tanto Cándido Méndez como Ignacio Fernández Toxo han reconocido al nuevo secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y al líder de CiU, Josep Antoni Durán i Lleida, que las fuerzas les fallan y que las pocas que les quedan deben dosificarlas porque alguien, al final, tendrá la responsabilidad de encauzar el malestar ciudadano y en estos momentos los españoles no miran precisamente con especial simpatía al primer partido de la oposición.

El PSOE y los nacionalistas catalanes han extraído por separado la conclusión de que UGT y Comisiones no convocarán la huelga general hasta el otoño, estación en la que esperan que cuaje de verdad el descontento en la calle y, por tanto, haya masa crítica como para organizar con éxito una protesta tan extraordinaria. Ninguno de los dos sindicatos quiere un patinazo como el del 29-S de 2010.

En el análisis que realizan en privado las dos centrales pesa no solo la debilidad del PSOE y su incapacidad para canalizar en estos momentos el disgusto de la gente sino la necesidad de dosificar la respuesta. Por eso les han trasladado a socialistas y nacionalistas que sería un error quemar ahora el cartucho de la huelga general cuando todavía falta la tramitación parlamentaria de la reforma laboral, en la que aspiran a que el Gobierno “realice algún gesto” que podría relajar las tensiones.

Los tiempos serán gestionados también por los sindicatos dependiendo de como evolucione la reacción ciudadana en los próximos meses cuando, previsiblemente, aumente el paro y siga sin verse clara la luz al final del túnel. Las manifestaciones convocadas en toda España para el próximo domingo serán un primer termómetro indicativo del grado de inquietud que se respira en la calle, aseguran los sindicatos, atentos también a la forma en que una parte de la sociedad civil - profesores, médicos, estudiantes…- están expresando sus quejas al margen de partidos y organizaciones sociales.

“Tienen miedo, no lo ocultan, se saben con poco margen de maniobra y creen que en otoño el ambiente pueda estar maduro para una huelga general”, afirma un veterano diputado de CiU. “Los sindicatos expresan de forma responsable su preocupación por el riesgo de que se produzca un estallido social que se nos escape a todos de las manos, de ahí su interés en graduar la contestación a la reforma laboral y en no dar palos de ciego”, se mantiene en el PSOE.

En el guión de los sindicatos pesa también, según fuentes parlamentarias, la buena relación que Méndez y Toxo mantienen con la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, así como la digestión que tanto UGT como Comisiones deben hacer de su pérdida de influencia en la negociación colectiva y también de la merma que van a sufrir sus recursos a partir de este mismo ejercicio.


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