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El príncipe Felipe lidera la indignación de la familia real contra Iñaki Urdangarin

El príncipe Felipe de Borbón, heredero al trono de España, se está mostrando especialmente beligerante en la toma de decisiones que, dentro de la Casa Real, han conducido al apartamiento de Iñaki Urdangarin, esposo de la infanta Cristina, de las actividades oficiales de la Corona, aseguran a este diario diversas fuentes conocedoras de las interioridades del caso próximas a la Zarzuela. El príncipe, muy preocupado según las fuentes, está desplegando “todos sus esfuerzos” para evitar que el escándalo que envuelve a su cuñado a cuenta de los manejos del Instituto Nóos termine dañando el prestigio de un trono que él ha de heredar un día.  

De acuerdo con ello, el protagonismo de Felipe de Borbón fue “muy notable” a lo largo de la “tensa” entrevista mantenida por el marido de la infanta Cristina con su suegro, el rey Juan Carlos, y con el propio príncipe Felipe, su cuñado, entrevista a la que habría podido acudir como testigo el jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, aunque las fuentes no se ponen de acuerdo en este punto. La intención del titular de la Corona y del  heredero era convencer al propio Urdangarin, bien a través de un comunicado o de una comparecencia pública restringida, de la necesidad de apartarse motu proprio de las actividades de la Cara Real, de modo que el escándalo que tiene al antiguo jugador de balonmano contra las cuerdas no afecte a los miembros de la Familia Real y mucho menos al prestigio de la Corona. 

De hecho, la decisión oficializada el lunes por boca de Spottorno de apartar a Urdangarin, iniciativa tomada por sorpresa el domingo día 11, es consecuencia directa del fracaso de esa entrevista que tuvo lugar en La Zarzuela a lo largo de la semana pasada. Ocurrió que el duque de Palma no se mostró dispuesto a ceder: “él va a la entrevista buscando protección y defensa y resulta que en la Zarzuela le piden que se aparte, que los problemas de sus negocios son suyos y de nadie más… Pero él no solo no cree haber hecho nada que esté expresamente prohibido, sino que piensa que se ha comportado correctamente. Simplemente ha vendido una serie de servicios a quien los ha querido comprar… No tiene sentimiento de haber obrado mal”, aseguran las fuentes.

En esta tesitura, ante las presiones del Príncipe para que tomara una decisión rápida que sirviera de cortafuegos, Urdangarin se defendió afirmando que “lo haría en su momento, pero que ahora tenía todo el derecho del mundo a defenderse y pensaba hacerlo, porque, como padre de familia de cuatro hijos, tenía la obligación moral de cuidar su buen nombre y aceptar ser arrancado de cuajo del árbol de la familia real equivalía, en su opinión, a asumir las acusaciones y casi declararse culpable”. La entrevista se saldó sin acuerdo, aunque tanto el Monarca como el Príncipe salieron confiados en que Urdangarin terminaría por asumir de grado o por fuerza la decisión a la que había sido conminado.

Pero el sábado 10 por la tarde, el marido de la infanta hizo público desde Washington, donde reside habitualmente con su familia, un comunicado que, de acuerdo con las fuentes, causó una “profunda decepción” en Zarzuela, porque ni de lejos respondía a las exigencias que le habían sido planteadas días antes en Madrid. Lo hizo mediante una declaración telefónica a la agencia EFE, en la que aseguraba lamentar “profundamente” el “grave perjuicio” causado a la “imagen de su familia y de la Casa de su Majestad el Rey” ante “la acumulación de informaciones y comentarios aparecidos en los medios de comunicación relativos a mis actuaciones profesionales”.

Puñetazo del Rey sobre la mesa 

Según el duque de Palma, Zarzuela “nada tiene que ver” con sus “actividades privadas”. Demasiado poco para lo que se esperaba de él. El comunicado de marras provocó un manotazo sobre la mesa del propio Monarca que, muy urgido por el Príncipe, decidió cortar por lo sano y proceder, mediante la comparecencia pública de Spottorno, a oficializar el “apartamiento” de Urdangarin de las actividades oficiales de la Familia Real, en un intento de levantar ese eficaz cortafuegos capaz de minimizar los daños que para la Corona puedan derivarse de una previsible imputación.

La entrevista de la semana pasada es la segunda que mantiene el marido de la infanta Cristina en la Zarzuela con el propio Monarca desde que hace cuatro semanas estallara la crisis. Según las fuentes, los dos comunicados emitidos por el duque de Palma desde que estallara la crisis lo han sido a petición expresa de Zarzuela. El primero de ellos fue una escueta nota hecha pública, también a través de EFE, el pasado 11 de noviembre, en la que el duque se mostraba dispuesto a defender su “honorabilidad y honor” ante las informaciones incriminatorias que ya entonces empezaban a llover sobre él a cuenta de la peculiar gestión de los “negocios” del Instituto Nóos.

Ha sido, pues, el “desaire” de Urdangarin a las exigencias del príncipe Felipe y del propio Rey para que, “por iniciativa propia”, anunciara su desvinculación de la vida oficial de la Corona, lo que ha provocado la drástica decisión teatralizada por Spottorno el lunes 12. Una iniciativa sin precedentes, de dimensión histórica, que rompe una tradición de silencio mantenida en este y en otros casos, y que hace añicos la argumentación estrella esgrimida hasta ahora por Zarzuela, esto es, que los negocios del duque eran un asunto privado que nada tenía que ver con la Corona. Todo eso se ha roto.


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