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Los opositores de éxito del equipo de Rajoy actualizan el concepto de patriotismo

 Las decisiones gratuitas y los gestos altruistas no han estado nunca de moda y menos ahora en estos tiempos de crisis. Sin embargo, varios de los cargos políticos que ha ido nombrando Mariano Rajoy han dejado atrás un estatus profesional que, sin duda, era mucho más rentable que ser ministro. Los miembros del Gobierno tienen un sueldo bruto anual que ronda los 70.000 euros, mientras que el Presidente no supera los 80.000, de acuerdo con los últimos datos oficiales. Unas cifras muy altas para la ciudanía, pero no para algunas personas recientemente nombradas para cargos políticos que multiplicaban incluso por 10 sus ganancias anteriormente, con posibilidad de crecimiento en el tiempo, además, y ahora van a desempeñar puestos sujetos al escrutinio público (o sea, a la crítica) por menos de 4.000 euros al mes. Todos son opositores de éxito (requisito indispensable para Rajoy, sin duda, que quiere situarse en las antípodas de los nombramientos exóticos de Zapatero) que ahora dejan sus lucrativas actividades para marcharse a la política en un momento de máxima crisis. ¿Patriotismo, vocación de servicio... ambición a medio plazo?

En determinados casos podría entenderse que algún ejecutivo joven quisiera tener un paso temporal por la política para relanzar su carrera profesional en el futuro. Eso sería una visión muy calculadora de la situación, aunque es el modelo que emplea la banca de inversión en EE UU, que siempre quiere tener a sus ejecutivos prometedores una temporada en los órganos de gobierno, desde donde pueden hacer lobby por ellos, a cambio de un suculento puesto cuando quieran retornar al sector privado.

También se podría comprender otros casos de ejecutivos ya en la última parte de su vida profesional que, con su fortuna personal resuelta, quisieran poner la guinda a su trayectoria. Este tipo de ejemplo se supone que podría ser muy saludable para lo público, ya que en principio un político millonario es menos corruptible.

Puestazo

Hay un poco de todo en el caso español. Si no, ¿cómo se entiende el paso dado por Jaime Pérez Renovales, de poco más de 40 años, que deja la dirección de la asesoría jurídica del Santander,  donde era vicesecretario del consejo?

Es cierto que tuvo un paso anterior por la política y lo público, al estar en la CNMV y después en el gabinete de Rodrigo Rato. Abogado del Estado (por supuesto), en Santander “podía estar ganando entre unas cosas y otras cerca del millón de euros... o más”, indican fuentes financieras, que aseguran que “es un puestazo. Está al nivel de un presidente de banco mediano”. Por ejemplo, en 2002, Eduardo Arbizu dejó su cargo de responsable de Barclays en España para fichar por BBVA como responsable de asuntos legales, donde continúa.

Santander es conocido internacionalmente entre otras cosas por pagar mejor que nadie a sus ejecutivos (también por apretarles mejor que nadie). Ninguna compañía puede mirar por encima del hombro al banco español en ese sentido. Ahora, Renovales ha dejado la entidad que preside Emilio Botín por la subsecretaría de Presidencia, es decir, mano derecha de Soraya Sáenz de Santamaría.

Flavia Rodríguez Ponga ha dejado su puesto en Mutua Madrileña, donde fue directora general del Área Aseguradora y secretaria general técnica, aunque desde 2008 era directora de Relaciones Sectoriales, Estudios y Reaseguro, para ser directora en la Dirección General de Seguros (DGS), donde ya estuvo como subdirectora antes de fichar hace unos siete años por la entidad aseguradora.

Rodríguez Ponga estaba en un cargo con una remuneración no inferior a los 300.000 euros anuales, aseguran fuentes conocedoras. No hay que olvidar que fichó en la etapa de José María Ramírez Pomatta, en un momento en que una Mutua imparable y con un punto casi megalómano manejaba un enorme chorro de efectivo.

Mutua arrebató a Rodríguez Ponga a varias firmas de primera línea que también estuvieron interesadas en su fichaje, que reconocían que no pudieron competir salarialmente con la aseguradora madrileña. La firma, sin embargo, maneja ahora un perfil más sosegado. Habrá que ver si reponen su puesto o lo amortizan.

La nueva responsable de la DGS es inspectora de Seguros y de Hacienda, es decir, tiene dos oposiciones en lugar de una, cumpliendo más allá de la perfección el requisito de ser opositor de éxito.

Ponga, que entró en la DGS en prácticas, tiene 49 años y es considerada una eminencia en cuestiones técnicas del sector asegurador. Será interesante comprobar en los casos de Renovales y Ponga si retornarán al sector privado en el futuro y a qué nivel.

Algo parecido puede decirse de Iñigo Fernández de Mesa, que coincidió con Luis de Guindos en Lehman Brothers y en los últimos años trabajaba en Barclays como responsable de operaciones del sector público. El nuevo director general del Tesoro tiene delante una tarea crucial, como es la de gestionar la deuda pública en un año de vencimientos muy complicado.

Pero el director general del Tesoro gana aún menos que un ministro. Teniendo en cuenta que Fernández de Mesa trabajaba en el área de corporate de Barclays, “no es descabellado calcularle un sueldo anual bruto de entre 150-250.000 euros al año, más coche, por supuesto, aunque en su caso lo más sustancial es el bonus”.

No es este un momento como para esperar grandes cosas de las retribuciones variables, pero al menos siempre queda la expectativa de mejora cuando se salga de la crisis, algo que no hay en la política, donde no se ofrecen pagas extras por resultados.

En TVE

¿Qué decir del ministro de Cultura, José Ignacio Wert, que ha aceptado un cargo de ministro de Cultura que suele tener un enorme desgaste público, dejando detrás su consultora Inspire Consultores, además de su menos tensa labor de tertuliano?

Wert trabaja estrechamente con el eterno asesor del PP, Pedro Arriola, que también trabaja con las principales compañías y realiza trabajos muy bien remunerados. Y sin duda, tampoco le debió ir mal al ministro como director de relaciones corporativas en el BBVA. Por cierto, Wert también es opositor de éxito, aunque en RTVE, donde aprobó el ingreso en 1973.

Otros casos similares conocidos son el secretario de Estado de Economía, Miguel Ferre, que era socio de Fiscalidad Internacional de PricewaterhouseCoopers (PwC). ¿Cuánto puede ganar un socio de una big four? Desde una de ellas comentan “si lleva poco tiempo, alrededor de los 250.000 anuales, si es anterior, por encima de 300.000… siempre con reparto de dividendo anual”.

Un secretario de estado gana menos de 60.000 euros al año. Ferre ya colaboró con el PP en las anteriores legislaturas y ocupó durante el Gobierno de Solbes el puesto de subdirector general de Tributos.

En el Dow Jones

Conocidos son también los casos de Pedro Morenés como ministro de Defensa, que ocupó numerosos puestos en consejos de administración, casi todos relacionados con compañías de la industria armamentística y Pedro Argüelles, ex presidente de Boeing España y vice de Boeing Internacional. ¿Cuánto gana un altísimo ejecutivo de una empresa que pondera en el índice Dow Jones? Ambos ya trabajaron con el PP anteriormente.

Y hay más…

La llamada a rebato de Rajoy a los ejecutivos de su confianza personal para ocupar diversos cargos en la nueva legislatura ha recibido una contestación unánime. Aunque pudiera haber alguna mira ulterior ya que la política es una indudable palanca de lanzamiento en el futuro, probablemente todos hayan querido ser protagonistas en un momento crucial de la historia de este país. El tiempo dirá si constituyen una versión actualizada de patriotas altruistas o unos divinos insensatos. De momento, todos han dejado sus anteriores ocupaciones en un inicio del año, además, en el que en breve se empezarán a repartir los variables. Seguro que más de uno se lo pierde. 


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