Los nacionalistas se marcan ahora como objetivo aumentar la distancia con la segunda fuerza política

Las dificultades de CiU para alcanzar la mayoría absoluta obligan a Mas a rebajar sus expectativas electorales

Los últimos pronósticos han enfriado las expectativas de Artur Mas, hasta el punto de que ha comenzado a trazar la frontera del éxito o el fracaso no en la obtención de la mayoría absoluta, sino en la distancia que separe a CiU de la segunda fuerza política.

Todos los sondeos coinciden en que el próximo domingo, los nacionalistas tendrán serias dificultades para alcanzar el listón de los 68 diputados que marcan el listón de la mayoría absoluta. Al inicio de la precampaña electoral, la ambición de Artur Mas y las expectativas de sus asesores no admitían otro escenario de éxito que no fuera el de superar esta frontera. Sin embargo, el soufflé ha bajado y CiU ha cambiado de estrategia. Si el domingo por la noche no logra la hegemonía por sí sola en el Parlamento catalán pero aumenta su distancia con la segunda fuerza política, Mas interpretará su papel de triunfador.

Mas interpretará el domingo el papel de triunfador si CiU consigue aumentar la brecha con la segunda fuerza política en el Parlamento catalán

En estos momentos, el segundo lugar en el Parlamento catalán se lo disputan el PSC, el PP y Esquerra Republicana. Hace dos años, CiU quedó a 34 escaños de los socialistas y pudo estrenar gobierno con cierta comodidad debido a que las fuerzas que hasta entonces habían integrado el tripartito no sumaban la mayoría absoluta. El próximo domingo, el fuerte derrumbe del PSC que avanzan todas las encuestas, facilitará probablemente que la lista de Mas tome todavía más distancia de su inmediato seguidor, pues si se cumplen los pronósticos de los sondeos la candidatura de Pere Navarro (PSC) obtendría entre 17 y 19 escaños, nueve menos, como mínimo, que en 2010, la que encabeza Alicia Sánchez Camacho entre 16 y 18, y la de Esquerra entre 14 y 15. Conclusión: CiU está ya preparando el terreno para vender su comparecencia electoral en clave de victoria, con independencia de que llegue o no a los 68 escaños de la mayoría absoluta.

Al margen del discurso que en la noche electoral entone Artur Mas, en fuentes de CiU se insiste en que si necesita los votos de Esquerra para gobernar, su proyecto soberanista se vería seriamente lesionado, entre otras razones por las dificultades que encontraría para mantener la cohesión dentro de la coalición y por las voces internas que se levantarían para iniciar su relevo.

En CiU se reconoce que si no se alcanza la mayoría absoluta, el proyecto soberanista se verá seriamente condicionado, con independencia del discurso de Mas

Si CiU no llega a la mayoría absoluta, encontrará también problemas para encauzar los ajustes que Cataluña tiene pendientes y que deben incorporarse a los Presupuestos de 2013 que tendrán que aprobarse antes de fin de año.

En La Moncloa se espera que Mas levante el teléfono para reunirse de nuevo con Mariano Rajoy, esta vez en una actitud mucho más humilde que la que lució el pasado septiembre. Lógicamente, esta disposición no será la misma si CiU obtiene el domingo un resultado incontestable que si sale de las urnas con el rabo entre las piernas con un desenlace similar al que cosechó hace dos años.


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