EL GOBIERNO DESORDENADO

Rajoy desechó un plan de cuatro puntos para implementar escalonadamente las reformas

El presidente prometió escuchar a Fedea y otros institutos, que le pidieron una agenda programática antes de pasar a la acción. "Llegado el momento, no nos ha hecho ni caso", cuentan desde estos círculos. 

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, acompañado ayer por parte de su equipo, a su llegada a la reunión en el Congreso con los diputados del Partido Popular a los que explicó las reformas.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, acompañado ayer por parte de su equipo, a su llegada a la reunión en el Congreso con los diputados del Partido Popular a los que explicó las reformas. JuanJo Martin (Efe)

Rajoy asumió la empresa titánica de recortar 50.000 millones en sus primeros cien días, labor que completaría con un ambicioso paquete de reformas: la laboral, la financiera, la judicial… Reformas que ya han arrancado y no tienen marcha atrás. Por eso, desde algunos círculos económicos e intelectuales cercanos al PP andan que trinan con el desastroso savoir faire del mandatario. Estos días, no pocos miembros de esos círculos cargan duramente contra el presidente por no haber sabido implementar gradualmente las reformas.

De hecho, institutos como Fedea iban a ser recibidos por el presidente del Gobierno, al que aconsejaron antes, pero sobre todo después de las elecciones generales, que pergeñase un programa de reformas estructurales basado en cuatro puntos:  una “visión ambiciosa y motivadora para el país”, concretada en una nueva forma de trabajar; un plan de acción global “con todas las reformas puestas encima de la mesa”; una –lo más importante- oficina para las reformas, en la cual se coordinasen transversalmente todas las Administraciones Públicas; y una comunicación fluida y abundante con la sociedad. Nada de esto se ha hecho aún, cuentan desde estos sanedrines intelectuales

Las consecuencias están ahí: unos duros Presupuestos Generales diseñados para evitar una derrota electoral que al final llegó de todos modos; un no menos severo ajuste adicional comunicado a través de una escueta nota de prensa a la hora del café; un presidente del Gobierno que cuando ve a los periodistas huye despavorido; micrófonos abiertos que embeben un mensaje que es de todo menos tranquilizador… Con 100 días y pico a sus espaldas, la confusión ha jugado ya varias malas pasadas al equipo de Mariano Rajoy. Demasiadas para el Ejecutivo que iba a inspirar confianza a los inversores.

"Todavía estamos a tiempo"

“En lugar de poner tanto ahínco como ha hecho en las reformas, Rajoy debería de haber definido en estos 100 primeros días una agenda programática. Nos habían dicho que estaban interesados, pero no les interesó finalmente. No nos hicieron ni caso”, cuenta un economista de otra fundación.

“Ninguna de las cuatro cosas se han intentado”, razona otro economista partidario de esta vía. “También creo que aún estamos a tiempo. ¿Por qué no intentarlo?”, concede. Fedea, por su parte, también avisó de la urgencia de establecer una agenda los tres primeros meses. “De lo contrario”, apuntó en su día el instituto, “existe una elevada posibilidad de que entremos en una espiral descendente imparable de pérdida de confianza: el nuevo Gobierno tiene que tomar decisiones inmediatas y avanzar en la definición de la agenda de reformas desde el primer día”.

En este sentido, Luis Garicano, miembro de Fedea y profesor de la London School of Economics, dio hace poco un “aprobado raspado” al Ejecutivo de Rajoy por sus 100 primeros días. 


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