El PSOE andaluz se convierte en un polvorín a tres semanas de las elecciones

Chaves acusa a Griñán de facilitar la ofensiva judicial contra la Junta y encumbrar a Arenas

El divorcio entre Chaves y Griñán ha derivado en una guerra sin cuartel por el poder del PSOE andaluz en la que ambos contendientes emplean ya munición de grueso calibre. El ex presidente de la Junta opina que su sucesor se ha extralimitado en la colaboración con la Justicia.

Manuel Chaves y su brazo derecho, Gaspar Zarrías, en el Congreso
Manuel Chaves y su brazo derecho, Gaspar Zarrías, en el Congreso

Mientras el PSOE andaluz sigue sumergido en un mar de escándalos de presunta corrupción, Chaves y Griñán no solo no se dirigen la palabra sino que han disparado las tensiones entre las dos familias que se disputan el control del partido en esta comunidad. Hay quien opina que Chaves nunca debió obedecer a Zapatero y ceder su sillón a Griñán, pues desde que se vino de ministro a Madrid en 2009 la guerra interna no ha hecho más que recrudecerse, sobre todo desde que estalló el caso de los falsos expedientes de regulación de empleo.

 El ex presidente de la Junta ha comentado a diputados de su confianza que Griñán se ha extralimitado a la hora de colaborar con la juez Mercedes Alaya en el caso de los EREs fraudulentos. Y Griñán, a su vez, no cesa de recordar a sus hombres de confianza que recibió de Chaves una herencia envenenada y que, en su afán de saneamiento del partido, fue responsable del cese de Antonio Fernández como consejero de Empleo, uno de los supuestos cerebros de la trama de los EREs. En buena medida, Griñán se siente ahora víctima de la red clientelar que ayudó a tejer su antecesor durante sus 19 años de gobierno en esta comunidad.

Si hubiera sido por Chaves, las andaluzas se hubieran celebrado con la actual consejera de Bienestar Social, Micaela Navarro, en el cartel electoral. No con Griñán. Este último y su equipo de confianza sospechan, incluso, que Chaves está interesado en que el PSOE pierda Andalucía para retener, al menos, el control del partido en Cádiz y en Jaén, los dos principales enclaves donde el ex presidente de la Junta campa por sus respetos.

Diputados andaluces describen la situación por la que atraviesa el PSOE en esta región como un auténtico polvorín, alimentado por el anticipo de una derrota electoral pronosticado por todas las encuestas y por los casos de corrupción que investigan los jueces.

 El principal argumento de Griñán para frenar a Chaves está siendo el batacazo que éste se llevó en Cádiz en las legislativas del pasado noviembre, provincia en la que concurrió como cabeza de cartel. La apisonadora del PP le sacó 15 puntos, un castigo solo superado por el fiasco de Almería (20 puntos) y, en menor medida, por el de Trinidad Jiménez en Málaga (18 puntos). Solo Sevilla se resistió al tsunami popular.


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