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El Gobierno cree garantizado el colchón de un año más para cumplir con el objetivo de déficit

El Gobierno está convencido de que la rigidez que ha exhibido hasta ahora Alemania en la defensa del calendario que rige para los objetivos de déficit – el 3% en 2013– se diluirá en cuanto la Comisión Europea saque el mes que viene las menguadas previsiones de crecimiento para la eurozona. En Moncloa se cuenta con que la meta del 3% quedará relegada, como mínimo, a 2014, todo un balón de oxígeno para Mariano Rajoy que tiene en Nicolás Sarkozy a uno de sus principales aliados en esta cruzada. Una de las credenciales con la que Rajoy viajó hoy a Berlín en la reunión previa a la cumbre de líderes europeos del lunes, es la aprobación de un primer ajuste que ha combinado reducción de gastos y aumentos de impuestos por un importe global superior a los 15.000 millones de euros.

El equipo económico que rodea a Rajoy está convencido de que Alemania cederá en este pulso como ya lo hizo hace dos años y medio cuando, a partir de las cláusulas del propio pacto de Estabilidad, se avino a dilatar hasta 2013 los requerimientos de la consolidación presupuestaria después de caerse las previsiones de crecimiento para 2010 hasta el 3,7%. Esta es una negociación que, en sus aspectos formales, el Gobierno español mantendrá con la Comisión Europea a finales de febrero para poder presentar con posterioridad su nuevo programa de estabilidad. Se complementará con el envío al Parlamento del techo de gasto para 2012 y los Presupuestos para este mismo ejercicio.

Desde antes de aterrizar en La Moncloa, los asesores de confianza de Rajoy han mantenido un estrecho contacto con las autoridades alemanas en busca de un colchón que le permita al nuevo Gobierno hacer sus deberes sin el soplo de la prima de riesgo en el cogote. En las últimas semanas, las reuniones con el equipo de Merkel se han vuelto más frecuentes dentro de una intensa actividad diplomática cuyos frutos se esperan cosechar en breve. Fuentes gubernamentales explican que Alemania está en buena disposición para conceder este respiro a España a cambio, sobre todo, de un fuerte compromiso con la reforma laboral, que Merkel exige sea muy profunda, y también de una severa dieta de adelgazamiento en las administraciones públicas.

Después del enorme ajuste realizado por el sector privado en el último trienio, este año le tocará el turno al sector público, anticipan estas fuentes. “Asumimos que se van a destruir decenas de miles de puestos de trabajo en las tres administraciones, pero tenemos claro que hay que adelgazar el sector público porque la ayuda que recibamos de Alemania no podemos utilizarla como pretexto para suavizar las reformas pendientes, todo lo contrario”. La “recomendación” que llega en este terreno del equipo de Ángela Merkel es “radical” en cuanto al encaje del ajuste.

No pasa desapercibido que este haya sido uno de los aspectos en los que más ha incidido la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría en su primera rendición de cuentas ante el Congreso. Allí ha anunciado un redimensionamiento de todo el sector público empresarial y fundacional, un gran monstruo que arrastra 57.000 millones de deuda y que se ha multiplicado un 50% desde 2004 hasta alcanzar 4.023 entidades, 3.688 de ellas dependientes de las comunidades autónomas. Además de la eliminación pura y dura de más de una tercera parte de estos entes, el Gobierno homologará los sueldos de sus directivos y consejeros.

Dinero para inversiones

El Gobierno ya ha trasladado a la administración alemana los planes en marcha para flexibilizar al máximo el mercado laboral y adelgazar la administración pública y con ello busca también compensaciones que se traduzcan en estímulos para reactivar la economía. La respuesta alemana también ha sido esperanzadora pues Ángela Merkel está abierta a reasignar recursos procedentes de los fondos estructurales para facilitar inversiones productivas en España y en el resto de los países del área euro más comprometidos con las reformas. Parte de este dinero, según las mismas fuentes, podría llegar al Ministerio de Fomento, donde Ana Pastor encara uno de los acoplamientos más estricto.

En el Gobierno se comprende muy bien la dureza del lenguaje con el que se expresa Alemania ya que cualquiera de estas concesiones a países como España pueden ser interpretadas por el electorado de Merkel como un riesgo latente de que las inyecciones de liquidez del Banco Central Europeo solo están sirviendo para que se relajen los ajustes pendientes. De ahí que se estén extremando las precauciones para evitar la lectura de que Alemania cede en su resistencia inicial a echar un cable a los países en dificultades una vez que desde el propio Gabinete de Rajoy se han levantado expectativas de que la ralentización de los objetivos de déficit están al alcance de la mano.

España acude al Consejo Europeo del día 30 después de haber recibido dos sonoras bofetadas por parte del Banco de España y del Fondo Monetario Internacional sobre el calado de la recesión que se avecina. Pero un país como Francia tampoco escapa al desastre ya que no está en condiciones de cumplir la meta del déficit en 2013, razón que explica que Rajoy y Sarkozy aparezcan como compañeros de viaje. En el caso español, de una previsión de crecimiento oficial del 2,3% para este año se ha pasado en el mejor de los casos a un posible decrecimiento del 1,5%, lo que abre una brecha de casi cuatro puntos. “Francia está en el mismo barco que nosotros”, dicen fuentes gubernamentales.


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