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Más de ocho mil obras de arte de las Cajas de Ahorros cambian de manos

¿Qué va a pasar con las colecciones de arte de las cajas gallegas? ¿o con la colección  de la Caja de Ahorro del Mediterráneo (CAM)?   Esta es la pregunta que más se repite desde el plan de rescate, o también tras la  fusión de muchas de  éstas para constituir un banco.

¿Qué va a pasar con las colecciones de arte de las cajas gallegas? ¿o con la colección  de la Caja de Ahorro del Mediterráneo (CAM)?   Esta es la pregunta que más se repite desde el plan de rescate, o también tras la  fusión de muchas de  éstas para constituir un banco.

Cuando el Banco de España anunció la intervención de la Caja de Ahorro del Mediterráneo -la tercera después de  Caja Castilla-La Mancha y CajaSur- y su posterior  adquisición  por parte del Banco de Sabadell,  quedó en el aire cuál sería el futuro una colección para muchos realmente sorprendente, integrada por piezas de Miquel Barceló, Antoni Tápies, Eduardo Arroyo, Eusebio Sempere, Cristina Iglesias, Juan Muñoz o Luis Gordillo entre otros. 

Mientras el Sabadell evaluaba si mantendría o no la Obra Social de la CAM, se decidió que la  sección de arte contemporáneo de la coelcción, integrada por  217 obras, pasaría a formar parte de  un convenio de colaboración para el préstamo gratuito al Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA). El trato se cerró a finales de 2011. 

La colección de la CAM, valorada en 10 millones de euros, queda entonces de  momento custodiada por el Ayuntamiento de Alicante a través del Museo, lo cual en princpio garantiza su permanencia en la ciudad. Ésta no  es sin embargo una solución definitiva, pues el préstamo durará cinco años.

Mediterráneos... y también gallegos.

El de la CAM no es el único caso de colecciones cuya sede y responsable queda por definir. Las cajas gallegas también suponen un curioso entramado de traspasos y desmantelamientos. La posibilidad de ser absorbidas o de constituitse en Fundación suponen una serie de movimientos que, en el caso y según cada entidad, suponen situaciones distintas.

En octubre de 2010 se fusionaron Caixa Galicia (La Coruña) y Caixanova (Vigo), formando Novacaixagalicia. En septiembre de este año, surgió Novagalicia, un banco creado para cubrir los huecos financieros de la caja, a la que el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) aportó  2.682 millones de euros de dinero público.

Cuando el Banco de España valoró los activos de esta nueva entidad, halló que el valor total de los mismos era de 181 millones de euros, cuando se suponía que debía de ser 1.714 millones. Estas informaciones fueron publicadas a la vez que se dieron a conocer las indemnizaciones a los directivos de la caja y de los créditos concedidos a sus consejeros.

Cada una de las cajas contaba con una colección de entre 7.000 y 8.000 obras de arte. La de Caixa Galicia pasó a Novagalicia Banco por formar parte de los bienes de la caja, no de su obra social; la de Caixanova, más numerosa -5.600 obras- quedó en manos de Novacaixagalicia.

El problema es que la exagerada valoración de los activos de Novacaixagalicia afectó  también a la colección. Según fuentes del sector, se está repitiendo una nueva tasación para que Novagalicia pueda comprar la Colección Caixanova, entre cuyas últimas adquisiones estaban obras de Miró, Kandinski, Sorolla, Léger y Miquel Barceló pero también una importantísima sección de arte gallego.

La Xunta de Galicia quiso llevarlas a Santiago

En medio de la discusión sobre qué debía de hacerse con las obras de estas cajas, las autoridades consideraron que lo más importante era que éstas se mantuviesen al alcance de los gallegos. Se habló, nuevamente, de un comodato o de un préstamo gratuito.

En el Parlamento Gallego se propuso concederles un espacio en la Ciudad de la Cultura en Santiago de Compostela. Sin embargo, se mantuvo la idea de que la colección Caixanova -compuesta por artistas vigueses- debía permanecer en Vigo, como en efecto ocurrió.

Uno de los aspectos más complicados dentro del debate acerca del destino de la colección de Caixanova tiene que ver con el alto número y la representatividad de los artistas gallegos incluidos en ésta, se trata de 4.000. En ese sentido, resulta inevitable pensar el caracter profundamente local de sus piezas y de ahí la importancia de la decisión que se tome finalmente con las más de7.000 obras.


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