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Tormenta política en México tras el fiasco del acuerdo Pemex-Sacyr

La reciente ruptura del pacto de Pemex y Sacyr está desatando una fuerte tormenta política en México. Mientras en España se celebra la vuelta a la normalidad en Repsol (consejo unido y con Antonio Brufau al frente) y en Sacyr (a salvo de la quiebra con la refinanciación cerrada a 2015), en México, por el contrario, este asunto está abriendo una guerra política importante, que se plasmará en el consejo extraordinario de hoy.

La reciente ruptura del pacto de Pemex y Sacyr está desatando una fuerte tormenta política en México. Mientras en España se celebra la vuelta a la normalidad en Repsol (consejo unido y con Antonio Brufau al frente) y en Sacyr (a salvo de la quiebra con la refinanciación cerrada a 2015), en México, por el contrario, este asunto está abriendo una guerra política importante, que se plasmará en el consejo extraordinario de hoy.

Pemex es el principal perdedor de esta batalla, y tiene difícil solución dada la complejidad política que vive México, con las elecciones presidenciales previstas para el próximo verano. Ahora el consejo, más dividido que nunca, deberá tomar decisiones, que en algunos casos, podría incluso salvar de sanciones a funcionarios y altos cargos.

La representación sindical del consejo de Pemex, por ejemplo, es partidaria de vender la participación y hacer plusvalías. Lo mismo piensan los representantes del PRI. Pero para el director general de Pemex, Juan José Suarez Coppel, esto significaría admitir un mayor fracaso. La persona que más se implicó en llegar al pacto con Sacyr apuesta por dar un paso al frente, adquirir un 3% adicional en Repsol, hasta llegar al 12% y de esta manera negociar incluso con Repsol un segundo consejero, e incluso, la vicepresidencia. Pero para ello, se necesitarían más de 1.000 millones de euros y los presupuestos de Pemex pasan por el Congreso. 

Sorteando las sancionesPero detrás de esta estrategia de Coppel, se encuentra su lucha por evitar el riesgo a ser sancionado por el Gobierno mexicano. A espaldas al consejo, Coppel tramó la operación con Sacyr: utilizó fondos públicos (1.600 millones de dólares), incrementó su participación en Repsol (del 4,5% al 9%) y selló un pacto parasocial con Sacyr (tenía el 20%) para controlar un 29,5% de la petrolera española. Pero el pacto se ha roto. Y el resultado es que Pemex se ha gastado mucho dinero, pero no tiene más poder, ni tiene acceso a la tecnología, ni sinergias. No ha ganado nada.

Coppel por ello busca in extremis un solución que justifique el movimiento en Repsol. Esta semana filtró a la prensa española un posible pacto de sindicación de sus acciones con el primer accionista de Repsol, La Caixa, un movimiento que la entidad financiera catalana ha desmentido.

Y ayer, la prensa mexicana apuntaba que Coppel estudia abrir acciones legales contra Sacyr. Esta vía le podría justificar y salvar de una sanción probablemente, pero este escenario, tan beligerante en medio de la actual calma, se ha entendido en España más como una estrategia de imagen que como una declaración de intenciones.


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