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Cascos quiere, pero no puede, vender el edificio de la delegación de Asturias en Bruselas

Francisco Álvarez Cascos quiere, según sus propias palabras, “enderezar Asturias”. ¿Cómo? Como todo hijo de vecino: mediante ajustes en el gasto público. Recortar nunca es sencillo, pero el ex vicepresidente se ha topado con un hueso tan duro de roer (recortar) que ha tenido que cejar en su empeño.

Francisco Álvarez Cascos quiere, según sus propias palabras, “enderezar Asturias”. ¿Cómo? Como todo hijo de vecino: mediante ajustes en el gasto público. Recortar nunca es sencillo, pero el ex vicepresidente se ha topado con un hueso tan duro de roer (recortar) que ha tenido que cejar en su empeño.

Se trata del Instituto de Desarrollo Regional del Principado afincado en Bruselas, que los últimos cuatro años ha hecho las veces de embajada asturiana ante la UE. Éste se encuentra en un bello edificio constructivista-racionalista levantado en 1930 y a tiro de piedra de la imponente Grand-Place. El Gobierno del socialista Vicente Álvarez Areces lo adquirió por siete millones de euros, y el fundador y alma máter del Foro Asturias pretende venderlo por 17. Pero no puede.

¿Por venderlo muy caro? Sí, pero no fundamentalmente. Resulta que en un inmueble tan bello se encuentran una delegación de Silesia, otra del norte de Rumanía, la Asociación Europea del Camino de Santiago, un organismo de la UE, una consultora sobre pesca comunitaria… y un restorán astur, diligente en sidra y cabrales, que casi siempre está lleno hasta la bandera. También hay un salón de actos y otro de exposiciones.

Todos los inquilinos tienen un contrato de arrendamiento que vence dentro de varios meses. Ese será el momento de Cascos. Por el momento, se ha conformado con cerrar el Instituto de Desarrollo Regional.


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