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La supresión de la vicepresidencia económica en el nuevo Gobierno dispara el desconcierto en el PP

Sin vicepresidencia segunda, ¿Quién presidirá la Comisión Delegada para Asuntos Económicos? Esta era la pregunta del millón que anoche corría de boca en boca entre los desconcertados dirigentes del PP. La clave definitiva se encontrará en el BOE y apunta a que Álvaro Nadal, como previsible jefe de la Oficina Económica en Moncloa, podría ser el elegido para coordinar este importante organismo, donde se ponen en común todas las semanas las políticas de Economía, Hacienda, Trabajo, Fomento, Industria, Agricultura y posiblemente, en lo sucesivo, también Sanidad. La presidencia de la Comisión Delegada recaería en el propio Mariano Rajoy, si se confirma la información que anoche se manejaba en la cúpula del PP. Tradicionalmente, la jefatura de la Oficina Económica ha tenido un rango similar a una secretaría de Estado.

Esta forma de proceder encuentra un precedente cuando Aznar presidió la comisión delegada para asuntos culturales en su etapa de gobierno, y se asienta en la lógica teniendo en cuenta el interés de Rajoy en supervisar desde el primer momento todas las reformas económicas a las que se ha comprometido en el debate de investidura.

Si esta estructura para el equipo económico del Gobierno resultara eficaz, serviría de cortafuegos a las futuras discrepancias que pudieran surgir entre Economía y Hacienda, teniendo en cuenta la inexistencia de una vicepresidencia económica que coordine como tal ambas áreas. Algunas fuentes del PP explican esta última decisión en la opinión directa que habría trasladado Soraya Sáenz de Santamaría, la persona con más influencia en el nuevo Gabinete, al presidente del Ejecutivo.

El grueso de las reformas que Rajoy avanzó en el reciente debate de investidura, con un escalón fundamental en el saneamiento del sistema financiero, recaerá bajo el control de Luis de Guindos, al que dentro del PP se achaca como uno de sus puntos políticos más vulnerables su antiguo paso por Lehman Brothers. Es más, ya se teme que ésta va a ser una de las principales banderas de la oposición parlamentaria para erosionar desde el minuto cero al nuevo responsable de Economía, aunque invada el terreno de la demagogia.

Para meter en vereda las cuentas de las comunidades autónomas, una de las principales inquietudes de Bruselas, Mariano Rajoy ha elegido a Cristóbal Montoro, un hombre de su entera confianza, al que casi todos en el PP colocaban como vicepresidente económico. Desde la cartera de Hacienda y Administraciones Públicas, velará por el perímetro de la reforma constitucional que consagra la estabilidad presupuestaria. Era muy importante, apuntan otras fuentes del partido, tener al frente del Consejo de Política y Fiscal a alguien que cuando hable todo el mundo sepa que lo hace por boca del propio Rajoy y, además, que merezca el respeto de todos los presidentes autonómicos del PP. Once de las diecisiete comunidades están gobernadas por esta formación política, a la espera de ver qué pasa con Andalucía.

Otro de los nombramientos relevantes dentro del equipo económico ha sido el de Fátima Báñez para la cartera de Trabajo y Seguridad Social. Como dirigente del Grupo Parlamentario Popular supervisó la última reforma laboral, tiene hilo directo con la patronal y con los sindicatos y es consciente, además, de que en el próximo semestre, como poco, solo le va a tocar dar malas noticias, derivadas del crecimiento del desempleo y de la entrada de la Seguridad Social en números rojos.

Para Fomento, el principal Ministerio del gasto, el presidente ha apostado también por alguien de su círculo de amistades más estrecho. Se trata de Ana Pastor, ex ministra de Sanidad en la etapa de Aznar y conocedora profunda del funcionamiento de la Administración. Recibe una herencia envenenada pues entre los modificados de obra y los compromisos de ejecución de infraestructura hasta 2014 firmados por su antecesor, José Blanco, no va a tener más remedio que enfrentarse al poderoso lobby de las constructoras o negarse a hacer recortes en su departamento. Este año, Fomento ha sufrido un tijeretazo inversor cercano a los 3.500 millones de euros.

El resto de los ministerios económicos, Industria y Agricultura, pasan, respectivamente, a manos del canario José Manuel Soria, una de las apuestas más novedosas de Rajoy, y de Miguel Arias Cañete, quien hubiera disfrutado más con la cartera de Exteriores. No obstante, su anterior paso Agricultura hace casi ocho años le otorga la ventaja de no empezar con el marcador a cero, además de acoger también las competencias sobre medio ambiente.


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