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Juan Gabriel Vázquez: “No me interesan las certezas, prefiero las dudas”

Fue el ganador del Premio Alfaguara de este año con El ruido que hacen las cosas al caer, una novela que en nada se parecía a sus libros anteriores. De los narradores colombianos es el que atesora mayores expectativas. Prolijo, culto y discreto, Juan Gabriel Vásquez es un cachaco en toda regla.

Fue el ganador del Premio Alfaguara de este año con El ruido que hacen las cosas al caer, una novela que en nada se parecía a sus libros anteriores. De los narradores colombianos es el que atesora mayores expectativas. Prolijo, culto y discreto, Juan Gabriel Vásquez es un cachaco en toda regla.

Aunque vive en Barcelona desde 1999, este joven escritor no ha eludido jamás las historias colombianas que rodean sus libros. Cuando publicó Los informantes, un relato que mezcla historia y el misterio, se convirtió en un autor de referencia.

Este año, Juan Gabriel Vásquez ganó el Premio Alfaguara2011  por El ruido de las cosas al caer, una novela que se inicia con la fuga y posterior caza de un hipopótamo, último vestigio del imposible zoológico con el que Pablo Escobar exhibía su poder.

Con ese brevísimo episodio, Juan Gabriel Vásquez pone en marcha  los mecanismos de la memoria. Todo gira alrededor  del profesor universitario en derecho Antonio Yammara, protagonista y narrador del libro, que se desarrolla en la Bogotá de los años más violentos. Yammara conocerá a Ricardo Valderde y será la relación entre ambos el telón de fondo que utilizará Juan Gabriel Vázquez para narrar sus perplejidades, algunas de las cuales ha descrito en  esta conversación con Vozpópuli.

-El escritor en América Latina siempre se ha tenido, casi como un lastre,  una concepción  del intelectual público.  Su literatura parece  incluso recoger ese espíritu totalizante, casi decimonónico.

-Entiendo a lo que te refieres pero creo en la novela como un territorio sin ideas pre-concebidas, algo que estuvo muy presente en la novela latinoamericana en los 30 y 40, esa idea de que el escritor usa la novela como un púlpito para denunciar, comprometerse, condenar, explicar, denunciar.

-¿Y en el caso del boom, del que es inevitable una herencia, no ocurre lo mismo?

-El boom latinoamericano separó  unas facetas de otras. El escritor es un novelista y al mismo tiempo un ciudadano. El ciudadano participa, da su voz, alega, mete el dedo en la llaga. Como novelista, en cambio, el escritor pierde toda convicción, le interesan más bien las dudas.

-Por ejemplo…

-A mí no me interesan las novelas con convicciones, sino con dudas, al contrario de lo que hace un escritor público, que escribe una columna, que inmediatamente se llena de certezas. El novelista tiene la noción de que la vida es un caos y la novela le da orden.

-En el caso del boom se pueden comparar dos modelos del intelectual público. Por ejemplo, el Julio Cortázar de El libro de Manuel no tiene nada que ver con el Vargas Llosa de La Guerra del fin del mundo y sin embargo, ambos son totalizantes.

-Es que ahí se hace muy evidente la capacidad que tiene la política para desviar la literatura y en ese sentido, el caso de Cortázar es muy ilustrativo. Escribió sus cuentos, lo mejor de su literatura, pero cuando se dejó arrastrar por la idea del escritor comprometido político, el resultado fue terrible. Los escritores más influyentes de la literatura de América Latina son Borges o por ser más claros, podemos citar como ejemplo al propio García Márquez.

-Espere un momento,  en toda la literatura hispanoamericana no existe un perfil tan político como el de García Márquez, así que de política

-Ya, pero en sus novelas tú no sientes una posición política. Su vida es la un intelectual políticamente muy activo pero tuvo la sabiduría de apartar la política de su literatura para seguir el verdadero compromiso del escritor, que es escribir bien.

-En tu novela de Los Informantes, existe una noción del escritor investigador, casi historiador. En el caso de su última novela, El ruido que hacen las cosas al caer, hay un autor- narrador protagonista casi protagonista

-Eso es cierto. Hay un cambio de registro que de alguna manera vino dado por el material. Son dos novelas que me reclamaron cosas distintas. Yo hasta el 2008 nunca pensé que mi experiencia en la Bogotá de las bombas se convertiría en material literario.

-Hablas de la Bogotá de la época de los extraditables. Pero en ella no habla de la violencia, habla del miedo.

-Sí, era una ciudad en la que no sabías cuándo iba a estallar o una bomba o te iba a pillar un tiroteo. Era una ciudad donde pierdes el control de tu vida. Para descubrir que todo  eso era materia literario eso me costó años de una vida fuera de Colombia.

-Una novela más íntima, pero no autobiográfica, ¿no?

-Sí, porque tiene que ver con el hecho de que el narrador se parece más a mí en mis vivencias íntimas. Y en ese caso tienes razón, porque es una novela sobre mis miedos y de cómo el miedo deteriora nuestras relaciones. Está construida no con mis experiencias, a mí nunca me pegaron un tiro, sino con mis miedos y los miedos forman parte de tu autobiografía con tanta intensidad como tus experiencias.  

-Hace años, Jorge Franco dijo que Roberto Bolaño había quitado a los escritores de su generación el peso del boom. Es cierto que el hecho de que esté muerto lo hace inofensivo, pero me gustaría saber si coincide con esa apreciación.

-Yo tengo respeto por la obra de bolaño y que todo lo que ha sucedido tiene que ver con su muerte prematura, pero está plenamente justificado. De no haber muerto, su estatus de clásico reciente no habría sido tal.

-No le dice mucho Bolaño a usted, por lo que se lee…

-Lo que sucede es que para mí nunca ha sido una influencia, entre otras cosas porque nunca he sentido que el boom sea un peso del que me tengo que liberar, por el contrario, siento lealtades y gratitudes.

-¿Algunas, por favor?

-El boom nos legó cosas importantes, entre ellas el derecho de buscar nuestras influencias fuera de la tradición latinoamericana. García Márquez fue el primero que no se apoyó en la tradición literaria colombiana por el solo hecho de ser latinoamericana, al contrario, dijo de ‘alguna manera puedo pararme sobre la tradición de Faulkner, de Camus, de Hemingway’ y ese sentimiento fue muy difícil.

-Pero no sólo para García Márquez hizo eso.

-Sí claro, en Borges por ejemplo muy criticado el hecho de que  dijera que había leído El Quijote en inglés o que dijera que le interesaba más Chesterton que Leopoldo Lugones . Mi generación puede decir eso sin problemas. Por ejemplo, en mis lecturas está García Márquez como lector, pero en mi escritura está mucho más presente Philip Roth, me interesa Salman Rushdie y esa riqueza se inventarte tu propia tradición fuera de tu lengua es una herencia del boom. Para mí los escritores l boom no son una amenaza  sino que incluso nos han dado herramientas suficientes hasta para separarnos de ellos.

-En Colombia una generación recibió el impacto de la violencia como tema literario. Sin embargo, algo parece haber cambiado…

-Hay un riesgo que tiene que ve con el hecho de la violencia esté haciendo con la literatura latinoamericana de hoy esté haciendo lo mismo que ocurrió con la literatura latinoamericana del los sesenta y es que para el resto del mundo se vuelva el objeto de consumo. Pero yo como novelista no me puedo ocupar de eso, porque la mayoría de mis libros responden a obsesiones e ideas irracionales.

-Explíquese, por favor

-Yo escribo sobre lo que no entiendo, lo que me preocupa y no puedo pararme a pensar si eso es una novela de moda o no. Yo fui el primero en sorprenderme cuando me vi escribiendo un novela sobre narcotraficantes y no sobre los alemanes de los años cuarenta, que iba en contra de todo lo que se estaba haciendo en literatura latinoamericana.


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