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Rubalcaba busca el control del grupo parlamentario como trampolín a Ferraz

Rubalcaba no ha salido de este comité federal con apoyos explícitos a su candidatura. No le convenían en este momento procesal porque, después del descalabro electoral del 20-N, todo lo que huela a ‘aparato’ en el PSOE despierta un profundo rechazo en la militancia. Carmen Chacón, muda, como si nadie la hubiera dado vela en el entierro, tampoco ha sumado respaldos explícitos a su candidatura.

Rubalcaba no ha salido de este comité federal con apoyos explícitos a su candidatura. No le convenían en este momento procesal porque, después del descalabro electoral del 20-N, todo lo que huela a ‘aparato’ en el PSOE despierta un profundo rechazo en la militancia. Carmen Chacón, muda, como si nadie la hubiera dado vela en el entierro, tampoco ha sumado respaldos explícitos a su candidatura.

De hecho, ni Rubalcaba ni Chacón han confirmado que vayan a pelear por la secretaría general. A juicio de un veterano miembro del comité federal, se ha inaugurado así en el partido un auténtico baile de disfraces que sería divertido si no pesara sobre la cabeza de los actuales dirigentes socialistas el riesgo apuntado en clave interna por el lendakari Patxi López: “Si no tenemos cuidado, esto se puede disolver como un azucarillo”.

La siguiente etapa de la batalla que concluirá el próximo febrero en el 38º congreso se libra a partir de hoy en la ejecutiva federal. Este lunes elegirá, probablemente, la nueva dirección del grupo parlamentario. La opinión mayoritaria en la cúpula de Ferraz es que Rubalcaba es el más idóneo para responder a Mariano Rajoy en el debate de investidura previsto para la penúltima semana de diciembre. Pero de ella no participan, como es lógico, los que quieren ver instalada a Chacón en la secretaría general porque opinan que si Rubalcaba libra este asalto contra el líder del PP partirá con ventaja en la batalla congresual.

Va a ser importante conocer la opinión de Zapatero sobre quien debe enfrentarse a Rajoy en este debate porque el actual secretario general ha prometido la máxima neutralidad. No la tuvo cuando en mayo convenció a Chacón de que se retirara de las primarias para dejar paso a Rubalcaba, pero ahora sí se ha comprometido con la ministra de Defensa a garantizar un congreso plural con las mismas reglas de juego que a él mismo le sirvieron para ganar a Bono en el verano de 2000. De ahí que se hayan relajado algo las normas estatutarias: para ser precandidato a la secretaría general se necesitará solo el aval del 10% de los miembros del comité federal, aunque para consolidar la candidatura habrá que reunir el 20% de las firmas de los delegados al congreso.

Este paso abre la puerta a la presentación de más de dos candidatos, por lo que el 38º congreso se presenta muy abierto, tanto que si Rubalcaba ve al final las cosas feas no es descartable que renuncie a dar la batalla, se asegura en su entorno inmediato. Así se explica su interés en controlar la dirección del grupo parlamentario para dar el salto después a la secretaría general.

Rubalcaba estuvo a punto de retirarse de la competición en las fallidas primarias, donde buscó una candidatura por aclamación después de conseguir la retirada de Chacón, y ahora podría tirar la toalla si observa que su amplia derrota electoral, sin precedentes para el PSOE, le puede conducir a un segundo fracaso, esta vez en la disputa por el poder interno del partido.

Según fuentes socialistas, Rubalcaba necesita un pretexto para provocar en la militancia socialista un revulsivo como el que generó Zapatero en el 2000. De hecho, ya ha comenzado a lanzar un mensaje en clave interna: el PP ha sellado su techo electoral en condiciones altamente adversas para el PSOE y si se hacen las cosas bien, la legislatura de Rajoy podría ser más corta de lo previsto. Lo malo para Rubalcaba es que esta misma bandera, la apuesta por un mandato corto del PP, también la puede izar Chacón u otro candidato con igual o mayor predicamento que el actual ‘aparato’ socialista. A fin de cuentas, los que votan en el congreso son los delegados, no las delegaciones, y, además, de forma secreta. Por eso la opinión de los barones regionales, huérfanos en su gran mayoría de poder territorial, no será determinante.


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