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El ocaso de Goldman y la aurora de JP Morgan

Frente al ocaso de Goldman Sachs, emerge con fuerza JP Morgan Chase. Este banco se ha convertido en el mayor de Estados Unidos por volumen de activos, ha desbancado en octubre pasado a Bank of America y sus beneficios ascienden en lo que va de año a más de 15.000 millones de dólares. Definitivamente, JP es el gran triunfador de esta crisis, nada que ver con la entidad perdedora: Goldman Sachs. Los escándalos de Goldman, presidido por Lloyd Blankfein, no solo le han degradado a la categoría de banco usurpador y culpable de los desmanes actuales. Goldman es algo más, Goldman es enemigo del pueblo.

El éxito de JP Morgan es fruto de una estrategia bien cuidada y mejor diseñada cuyo artífice es el neoyorquino Jamie Dimon. Dimon representa todo lo que Wall Street quiere de un líder. Es un visionario, sabe cómo hacer negocios desde las trincheras. Agazapado y listo para el ataque, cuando el enemigo está a punto de caer exhausto, Dimon se revela como el mejor negociador de la Gran Manzana. Su historia arranca en 2004, cuando JP Morgan compra Bank One. Al año siguiente, William Harrison abandona la presidencia de JP y Dimon es nombrado CEO del grupo. Y tal ha sido su ascensión que Fortune lo considera uno de los personajes más influyentes del mundo.

Renegar del anterior modelo

La clave de JP Morgan estriba en que supo cambiar de estrategia cuando hacerlo significaba poco menos que estar tarado o demente. El anterior modelo generaba unos usufructos pantagruélicos. Pero una noche, Jamie Dimon tuvo un arrebato. Telefoneó al jefe de productos titulizados del banco, William King, que estaba de vacaciones en Ruanda. “"Billy, yo realmente quiero que tengas cuidado con las hipotecas de alto riesgo. Tenemos que vender muchas de nuestras posiciones. Lo he visto antes. Este material podría convertirse en humo".

La llamada fue el principio del camino de JP Morgan a los cielos. Le permitió, en primer lugar, dejar de lado lo peor de una crisis de crédito de magnitudes históricas. Y, en segundo lugar, el arrebato arroja algo de luz sobre Dimon, con esa mezcla de analista cartesiano metido a líder mesiánico. Porque, bueno es recordarlo, JP convenció a todos –todos- de que el control del riesgo y los requisitos de capital (Basilea II) debían basarse en el modelo matemático Riskmetrics, un medidor carente de sentido en fases expansivas que terminó por ahogar a muchísimos bancos. Esa combinación de apalancamiento y toxicidad promovida por JP Morgan es lo que hundió a Lehman Brothers, Bear Stearns, Merrill Lynch. Pero no a la entidad de Dimon, que la desechó a tiempo.

Para más sorna, a Dimon su país le debe muchos favores. En 2008, compro el mayor banco hipotecario de EE UU, Washington Mutual. Luego hizo lo propio con Bear Stearns. Luego recibió de la Fed 40.000 millones de dólares a cambio de sanear a éste último. Luego...

El culpable de las seis burbujas 

El otro gran banco de la crisis se llama Goldman Sachs (GS). Se le atribuyen últimamente muchas cosas: todas malas. No podía ser para menos para un banco que ha protagonizado hasta seis burbujas –tecnológica, hipotecaria, financiera- desde la Gran Depresión de 1929.

Marc Roche, periodista de Le Monde y escritor de El Banco. Cómo Goldman Sachs dirige el mundo, narra el ascenso de antiguos responsables de GS a la cúspide institucional y viceversa (el descenso de los organismos públicos a los sustratos de la entidad), una práctica corriente en GS desde que empezó la actual crisis. Es el llamado efecto de la "puerta giratoria", más vivo que nunca: hoy, tres hombres que acaban de tomar las riendas del BCE y de los gobiernos italiano y griego respectivamente -Mario Draghi, Mario Monti y Yorgos Papademos- eran destacados dirigentes de Goldman entre 2002 y 2005.

¿Qué ocurrió en ese periodo? Que Goldman, mediante enrevesados canjes (swaps), ayudó a Grecia a maquillar su déficit y su deuda ante la UE. Draghi, Monti, Papademos. Tres nombres supuestamente "técnicos". Tres nombres "apolíticos" que tienen la salida europea de la crisis después de haberla provocado, tres nombres que nunca han ganado unas elecciones. Tres nombres, los últimos de la enésima retahíla de personajes de la entidad que ora desempeñan un cargo público de máxima responsabilidad, ora desaparecen en las cañerías de uno de los bancos de inversión más opacos y lucrativos del mundo.

Todos pasaron por Goldman

Aún hay más: Petros Christodoulou, actual responsable de la deuda pública helena, y Antonio Borges, director del FMI en Europa: los dos pasaron por Goldman. En el sentido inverso: Peter Sutherland, ex comisario europeo y presidente de GS Internacional, Otmar Issing, ex presidente del Bundesbank, Huw Pill, ex del BCE, Jim O´Neill, inventor del concepto “BRIC” para los emergentes, Paul Deighton, del comité organizador de Londres 2012… todos han pasado por Goldman Sachs o siguen dentro.

La historia de GS conoce otros episodios aberrantes, como su implicación en el caso Abacus –un producto subprime contra el que GS apostó después- o, peor todavía, la presión que ejerció para que EE UU rescatara a la aseguradora AIG –con la excusa del too big to fail, demasiado grande para caer-, ya que su erosión le habría sentenciado para siempre. 

Está por ver si la estrella de la entidad sigue brillando. “Goldman Sachs, Morgan Stanley y otros están amenazados”, tuiteó la semana pasada el gurú Nouriel Roubini. Roubini cree que podría colapsar, del mismo modo que lo hizo MF Global hace dos semanas por su exposición a la deuda helena.


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