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Javier Pradera, intelectual de la Transición

Sectores de la cultura, el periodismo y la política lamentaron ayer la pérdida de Javier Pradera (San Sebastián 1934-Madrid 2011), uno de los intelectuales más importantes de la transición,  quien murió el pasado domingo 20 de noviembre, el mismo día de las elecciones generales y  la misma fecha en que falleció Francisco Franco, contra cuyo régimen luchó enérgicamente.

Sectores de la cultura, el periodismo y la política lamentaron ayer la pérdida de Javier Pradera (San Sebastián 1934-Madrid 2011), uno de los intelectuales más importantes de la transición,  quien murió el pasado domingo 20 de noviembre, el mismo día de las elecciones generales y  la misma fecha en que falleció Francisco Franco, contra cuyo régimen luchó enérgicamente.

Un hecho marcaría su vida y su forma de pensar. Víctor Pradera, su abuelo, fundador del Bloque Nacional con José Calvo Sotelo,  fue asesinado el 5 de septiembre de 1936 por un grupo de milicianos republicanos. Lo mismo le ocurrió a su padre, al día siguiente.  A pesar de ello, Pradera, quien tenía razones para apoyar el régimen franquista, se colocó en la orilla opuesta.

Convencido de que España debía “mirar hacia el futuro sin dejarse atrapar por la sangre derramada en el pasado”, Javier Pradera tuvo siempre un papel destacado –y polémico- como intelectual y activista. En 1956, recién incorporado al Partido Comunista de España (en el que militó hasta 1964)y con apenas 22 años, fue arrestado por participar en las revueltas estudiantiles contra el cierre de la Universidad Complutense ordenado por el régimen franquista. El episodio le costó la expulsión del Cuerpo Jurídico del Ejército del Aire al que había ingresado tras hacer oposiciones.

Con un temperamento fuerte, a veces “soberbio” según algunos, Javier Pradera participó de forma importante en la vida pública en las diferentes facetas de su quehacer. Desde 1963 hasta 1965, trabajó como primer responsable  de la sucursal española de la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica.  Sin embargo, no se daría a conocer como el editor que llegaría a ser hasta 1967 cuando fundó Alianza, editorial en la que, según comenta Joaquín Estefanía, creó el formato del libro de bolsillo.

Desde 1976 hasta 1986 se incorporó como editorialista de cabacera y jefe de la sección de opinión del diarioEl País, donde la acidez de su pluma le valió el prestigio de los años siguientes. Estando al frente del diario, se convirtió en el ideólogo del que sería uno de los periódicos más importantes de España en los años siguientes. Suyo es el editorial que hoy se considera documento de primera mano para entender un episodio fundamental de la transición, y en el que condenó el intento del golpe de Estado del 23-F. Lo tituló “El País, con la Constitución”.

Historiadores como Santos Juliá –con quien coordinó el volumen Memorias de la transición- recogieron de Pradera el espíritu de concebir de una manera distinta la Guerra Civil Española. Colaboradores muy cercanos como el filósofo Fernando Savater -fundaron juntos, en 1990, la revista Claves de la razón práctica-, reconocen en Pradera a un hombre reacio a hablar en público –dicen que su carácter reservado le venía de sus años de clandestinidad- y cuyo nombre resulta hoy imprescindible. “Me enseñó a ser donostiarra sin ñoñería y español sin aspavientos”,dice, sobre Pradera, Fernando Savater.

La editora y fundadora de Tusquets, Beatriz de Moura, que conoció a Pradera en un viaje a Ginebra como integrante de una célula clandestina del Partido Socialista Unificado de Cataluña, le atribuye la “tranquilidad y esa serenidad propia de los sabios”.

“Cuando yo empecé a trabajar en Barcelona en el mundo editorial, era el mito de los editores. Se convirtió después en la eminencia gris de la transición. Entonces  seguía siendo temible e intimidante”, comenta De Moura. En los noventa, prosigue, “la leyenda, el mito, la eminencia, el maestro temible se convirtió en un hombre de carne y hueso, en un amigo de verdad, leal".

El editor catalán Jorge Herralde, ve con fascinación en Pradera su “faceta de escritor que se niega a editar sus propios libros”. Al respecto, comenta el director de Anagrama: “Sólo he encontrado su nombre como autor junto a otros dos coordinadores de ‘Memoria de la transición’, que publicó Taurus”. Y, sin embargo, afirma, era “un gran escritor como atestiguan sus miles de artículos, un escritor de sólida cultura clásica y moderna, de sarcasmo homicida”.

Para Herralde, y para muchos otros, Pradera tenía el deber ciudadano de escribir sus memorias, que dejó incompletas. La muerte le sorprendió el 20 de noviembre, en la mañana de las elecciones generales de 2011, antes de poder terminarlas.


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