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Ferraz impedirá que el 20-N se convierta en un velatorio como el que ofició Almunia en 2000

Los que vivieron desde la sede del PSOE las horas tan amargas por las que atravesó el partido en marzo de 2000 no quieren repetir la misma experiencia. En aquella ocasión, Joaquín Almunia se encerró a cal y canto en su despacho de la quinta planta de Ferraz para rumiar su dimisión como secretario general la misma noche del 12-M en que conoció su derrota. El ahora comisario europeo entendió que los resultados electorales – 125 escaños y el 34% de los votos– no le dejaban otra salida más digna que la de arrojar la toalla. Recibió hasta última hora presiones de algunos miembros de la comisión ejecutiva federal para que no diera este paso, pero su carácter bilbaíno y su tozudez le hicieron impermeable a tales recomendaciones.

Aquella noche, Alfredo Pérez Rubalcaba estaba reunido con sus colaboradores en la tercera planta de Ferraz y fue el último en subir al despacho de Almunia para acompañarle en el sentimiento. Solo lo hizo a muy última hora, arrastrado por los acontecimientos, porque se vio en la obligación de hacer acto de presencia en lo que testigos presenciales describen como un auténtico velatorio. Rubalcaba se ocupaba entonces del área de comunicación y tenía como ayudante a José Luis Rodríguez Zapatero. Días después, tras la reunión de la ejecutiva donde se formalizó la creación de una gestora, llamada Comisión Política, el propio Zapatero no ahorraba comentarios a los periodistas que cubrían la información del PSOE sobre el gran error que, en su opinión, había cometido Almunia al dimitir la misma noche electoral y dejar el partido a los pies de los caballos.

Esa triste experiencia personal le podría servir ahora a Zapatero para no presentar la dimisión como secretario general en la noche del próximo domingo, a pesar de que ya han surgido voces internas que consideran lógico que rueden cabezas si la derrota, como pronostica la mayoría de las encuestas, deja al PSOE por debajo de la secuencia histórica que se inició en 1977. En las primeras elecciones democráticas los socialistas obtuvieron 118 escaños y el 29% de los votos.

Si Zapatero es coherente el domingo con las críticas que emitió contra Almunia en 2000  y no dimite, lo que sí le pedirá la mayoría del partido en caso de una estrepitosa derrota electoral es la convocatoria urgente del 38º congreso, aspecto que ya está movilizando a numerosas federaciones. Dicha cita podría abordarse en la comisión ejecutiva encargada de analizar los resultados electorales, pero la convocatoria propiamente dicha corresponderá al comité federal, que deberá hacerlo con 60 días de antelación, según rige en los estatutos del partido. En ellos consta que el congreso ordinario puede situarse entre el tercer y cuarto año desde la celebración del último, por lo que habría de tiempo hasta el próximo verano.

Además de la opinión de Zapatero, de Rubalcaba y de la comisión ejecutiva, será muy importante la opinión del presidente de la Junta andaluza, José Antonio Griñán, sobre las fechas del congreso. Es el principal defensor de una convocatoria urgente del mismo ya que desea participar en el cónclave cuando todavía tenga mando en plaza en Andalucía. No es igual acudir a un congreso federal como el único barón con poder real –lo de Patxi López en el País Vasco pertenece a otra categoría – que como un delegado más.

En el supuesto de que Zapatero decidiera ceder a las presiones de algunos fieles a Rubalcaba y dimitiera el 20-N por la noche de la secretaría general, el siguiente paso sería el nombramiento de una comisión gestora como se hizo en el año 2000, encargada de arbitrar en esta ocasión un partido tan difícil o más que el de entonces. Zapatero se enfrentó a tres candidatos al cargo que ocupa desde julio de ese año y ahora Rubalcaba, en caso de sobrevivir a la previsible derrota del domingo, posiblemente tuviera que medirse con otros tantos. Sin embargo, el candidato socialista - "nos pide muchos papeles y asesoramiento, pero luego hace lo que le da la gana", se comenta entre sus colaboradores- quiere evitar que se produzca un vacío de poder como el que se vivió en Ferraz cuando José María Aznar ganó por mayoría absoluta en 2000. De ahí que apueste por una sucesión tranquila, a poder ser tutelada por él mismo o por Felipe González


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