Nacional

Dolor y solemnidad en el homenaje al sargento Moya en Torrejón de Ardoz

  La ministra y el JEMAD han acompañado al féretro desde Afganistán hasta la base de Torrejón, donde les esperaban los padres, hermanos y compañeros del fallecido, así como su viuda, sargento del Ejército de Tierra y compañera de la misma unidad que el militar fallecido, que pertenecía al Regimiento de Infantería Garellano 45, de la Brigada de Infantería Ligera San Marcial V, con sede en Vitoria.

  La ministra y el JEMAD han acompañado al féretro desde Afganistán hasta la base de Torrejón, donde les esperaban los padres, hermanos y compañeros del fallecido, así como su viuda, sargento del Ejército de Tierra y compañera de la misma unidad que el militar fallecido, que pertenecía al Regimiento de Infantería Garellano 45, de la Brigada de Infantería Ligera San Marcial V, con sede en Vitoria.

Junto a ellos se encontraban esperando al avión, que ha aterrizado en Torrejón a las 16.15 horas, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, el ministro del Interior, AntonioCamacho, la portavoz del PP en el Congreso, Soraya Saénz de Santamaría, y el presidente de la Fundación IDEAS, Jesús Caldera, así como los Jefes de Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME), general Fulgencio Coll, y Aire (JEMA), general José Jiménez.

Nada más bajar del avión, la ministra de Defensa, acompañada por el JEMAD, se ha dirigido a la familia del fallecido, a los que ha tratado de consolar, mientras el resto de autoridades permanecían solemnes, junto a una bandera de España que ondeaba a media asta.

El cuerpo del sargento Moya ha sido trasladado desde el avión hasta un pequeño túmulo situado en la pista a hombros de sus compañeros de regimiento, entre ellos algunos de los que le han acompañado desde Afganistán, momento en el que los familiares han contenido su dolor a duras penas.

Después, el arzobispo castrense Juan del Río ha dirigido un responso en el que ha lamentado la "violenta muerte" del militar cordobés y ha tratado de infundir aliento a sus seres queridos, en unos momentos en los que "parece que el mundo se derrumba y la vida no tiene sentido".

"HOMBRE VALIENTE AL SERVICIO DE LA PAZ"

A ellos, les ha pedido que vuelvan los ojos "a la esperanza y a los valores que habitaban en el corazón" del sargento, "un hombre valiente" que ha trabajado "al servicio de la paz y de los derechos fundamentales".

Tras las palabras del arzobispo, la ministra de Defensa ha impuesto sobre el féretro la Gran Cruz del Mérito Militar con Distintivo Rojo, que se entrega a fallecidos en actos de combate, y después el jefe de la Brigada San Marcial V ha entregado a la viuda, con su uniforme militar, la bandera de España que cubría el féretro y la boina de su esposo.

Con el cuerpo de nuevo a hombros de sus compañeros frente a los familiares y amigos, su viuda se ha despedido lanzando un beso, tras permanecer cuadrada frente al féretro mientras sonaba por última vez el himno de España.

Por expreso deseo de la familia, no se celebrará funeral de Estado, sino que se hará en la intimidad en Córdoba, hacia donde se dirigirá el cuerpo una vez se le practique la autopsia en Madrid.

Moya Espejo, que formaba parte del Equipo Operativo de Asesoramiento y Enlace (OMLT) que instruye al Ejército Nacional Afgano (ANA) en la provincia de Badghis, era natural de Córdoba, tenía 35 años y era padre de un hijo de 12 años.

El ataque que se saldó con su muerte tuvo lugar al noroeste de Ludina, cuando una unidad del Ejército afgano estaba desplegada en una loma, junto al equipo de mentores españoles y un equipo de tiradores de precisión que protegía a las unidades que progresaban por el valle.

En ese momento se recibió fuego de armas ligeras desde una posición lejana y el sargento primero Joaquín Moya Espejo, que iba equipado con su correspondiente chaleco antibalas, fue alcanzado en el tórax por un disparo, según detalló Defensa.

El sargento primero fue evacuado en un helicóptero norteamericano al hospital Role 2 de Bala Murghab y entró en parada cardiorrespiratoria durante el vuelo, certificándose su fallecimiento cuando llegó al centro hospitalario Role 2 de Bala Murghab.

Esta es la primera víctima mortal por arma de fuego durante un hostigamiento en Afganistán desde que las Fuerzas Armadas españolas iniciaran su misión en ISAF en enero de 2002. Desde entonces y hasta hoy habían fallecido en Afganistán 97 militares españoles y dos intérpretes. De los 97 fallecidos, 79 fueron en accidentes aéreos (Yak-42 y Cougar), 14 en ataques de la insurgencia (12 de ellos con IED's), dos en accidentes de tráfico y dos por causas naturales.


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