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Grecia en la encrucijada: o toma el camino de Islandia o se precipita hacia el caos

Si finalmente se celebra el referéndum sobre el Plan de Rescate Bancario, Grecia y la Unión Europea deberán ponerse de acuerdo, y diseñar una hoja de ruta similar a la de Islandia. La alternativa es la salida del Euro, el corralito y el caos, es decir, un desastre para Grecia y una crisis para el mundo.

Si finalmente se celebra el referéndum sobre el Plan de Rescate Bancario, Grecia y la Unión Europea deberán ponerse de acuerdo, y diseñar una hoja de ruta similar a la de Islandia. La alternativa es la salida del Euro, el corralito y el caos, es decir, un desastre para Grecia y una crisis para el mundo.

Willem Buiter, economista jefe de Citi desde noviembre de 2009 lo tiene muy claro: “una salida de Grecia del euro sería un desastre para Grecia, y una crisis para el mundo”. Sus palabras recobran aún más sentido porque Willem Buiter y su mujer Anne Sibert son los artífices intelectuales de la solución islandesa, camino que al final ha resultado ser exitoso.

Buiter considera que “la salida del Euro de Grecia tendría efectos muy negativos para el resto de la Unión Europea, que se transmitirían a través de canales directos e indirectos”. Los efectos indirectos más importantes son consecuencia de que “se rompería un tabú: los países de la Unión Europea no abandonan el euro, y se incrementarían las presiones sobre el resto de economías de la Unión Europea más débiles”. En realidad las presiones ya no se transmiten solo a lo que Albert Edwards, economista jefe de Societe Generale, denomina GIIPS (Grecia, Irlanda, Italia, Portugal y España), ya que se están trasladando también a Francia y Bélgica.

La salida de Grecia sería precedida, según Buiter, “por una suspensión por parte de la Troika, (FMI, Unión Europea, y BCE) de los fondos para los bancos y el Estado griego, lo que conllevaría inmediatamente una quiebra de Grecia”. La situación seria similar al corralito argentino de 2001.

Buiter, plantea como alternativa “una reestructuración profunda de la deuda griega, que conlleve grandes pérdidas tanto para acreedores privados como públicos, y ello no sólo es posible dentro de la Unión Europea, sino que es una necesidad. La alternativa, la salida del Euro no lo es.”

Por lo tanto, si se celebra el referéndum, solo queda el camino de Islandia. ¿Y en qué consiste la solución “a la islandesa”? Islandia se vio abocada a la nacionalización del sistema financiero por su tamaño, llevando a cabo un proceso selectivo de los pagos a acreedores, que fueron damnificados junto a los propietarios del capital mediante la aceptación de una quita estimada de la deuda del 70%, garantizando los depósitos en moneda local y protegiendo al contribuyente.

La solución de nacionalización de gran parte del sistema bancario, actuando contra los intereses de los acreedores presenta, aparentemente, el problema de la normalización del acceso a la financiación exterior por parte de los agentes económicos residentes una vez superada la crisis.

Sin embargo, las rentabilidades nominales de los bonos de deuda pública islandesa presenten una tendencia descendente en el mercado secundario a lo largo de los años 2009, 2010, y 2011. Ello ha sido posible por la colaboración y apoyo del FMI en el diseño del rescate, introduciendo un control de capitales.

El Estado tiene actualmente una gran capacidad de modular el comportamiento del mercado financiero islandés, y ello le permitiría activar las palancas necesarias para lograr financiación en términos cada vez más favorables. The Economist aportaba una pista en esta dirección en 2010, al afirmar que “los controles de capitales estarían generando una situación en que existen muy pocas alternativas de inversión para los islandeses aparte de la deuda pública”.

Una vez solucionado el único problema, la solución heterodoxa de Islandia ofrece la doble ventaja de aligerar el castigo a los contribuyentes y reducir el problema de riesgo moral que potencia el bail out o rescate, limitando la probabilidad de comportamientos oportunistas futuros de los agentes económicos, que al sentirse asegurados contra la realización de un resultado negativo asumen las decisiones de mayor riesgo.

La solución heterodoxa de Islandia de devaluación de la divisa, reestructuración de la deuda bancaria y restricciones de capital parecen están dando un magnífico resultado: crecimiento económico en 2011 superior al 3%, un progresivo descenso del paro, superávits público y comercial, unidas a la estabilización de su divisa, del OMXI Main, y la reducción de los CDS conforman un escenario mucho más alentador que el sombrío panorama que se sigue cerniendo sobre los países GIIPS.


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