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La campaña electoral rompe la luna de miel entre Rubalcaba y Salgado

Cuenta un diputado socialista que repite en las listas que cuando Elena Salgado era consejera delegada de Vallehermoso Telecom, cargo que disfrutó hasta el desembarco en la compañía de Luis del Rivero en 2002, un grupo de parlamentarios acudió a visitar la empresa y ella salió a recibirles en una especie de besamanos. Como antes había pasado por altos cargos de la Administración a las órdenes de José Borrell (“Es como una capataz”, suele decir de ella el ex ministro), el representante del PSOE le preguntó a solas: ¿En qué agrupación militas ahora? La respuesta le dejó estupefacto: “Yo nunca he militado en el PSOE, ni militaré. Además, nunca volveré a la Administración, ya he quedado vacunada de horrores…”. 

Pasaron nueve años y cuando Salgado fue llamada por Zapatero para hacerse cargo de Sanidad, la interesada no puso objeción alguna e, incluso, se atornilló al cargo en momentos de dificultades, como por ejemplo cuando fue desautorizada por el propio Consejo de Ministros en la llamada ‘guerra del vino’. En aquel entonces, los mismos que se preguntaron las razones por las cuales no dimitió recordaron como se resistió como gata panza arriba cuando al popular Miguel Ángel Cortés le costó Dios y ayuda cesarla como directora general de la Fundación Teatro Lírico en 1996, lugar desde el que gestionaba el Teatro Real de Madrid. 

Algunos diputados del PSOE que la han tratado hasta última hora en esta legislatura y conocen su forma de ser comentan que Salgado tiene puestas las luces largas, intentando atisbar un futuro de momento incierto al que la precipitará de bruces la previsible derrota electoral del 20-N. Alguna de las puertas a las que ha llamado, entre ellas el Banco Europeo de Inversiones, no se le han abierto. En este caso concreto, debido a la resistente hiperactividad de su actual vicepresidenta, la ex ministra Magdalena Álvarez, Maleni para los amigos, que no ha dudado en movilizar a medio Gobierno para frenar las aspiraciones de la vicepresidenta. 

El consuelo de Salgado, explican las mismas fuentes, es que ahora brilla con luz propia en Bruselas, donde después de las lágrimas derramadas en el fatídico Consejo Europeo de mayo del año pasado, el que provocó el rápido aggiornamiento de Zapatero y disparó su suicidio político, ha conseguido merecer un cierto respeto por el volumen de los ajustes encajados en las cuentas públicas españolas. Quienes han frecuentado las últimas cumbres comunitarias observan que Salgado se ha convertido un poco en la niña mimada de los ministros de Economía, rango que, además de aumentar su ya de por sí potente autoestima, le ha llevado a menospreciar los intereses domésticos que alberga Alfredo P., su mentor, en plena campaña electoral. No digamos los de los diputados socialistas que tanto la han ayudado a encajar leyes en el Parlamento desde 2008… 

La ruptura de la luna de miel que disfrutaban Rubalcaba y Salgado tiene su origen, según fuentes socialistas, en el claro alineamiento de la segunda con las tesis de Zapatero en la mayoría de los asuntos controvertidos que han saltado en los últimos meses a la mesa del Consejo de Ministros, sobre todo desde que el presidente anunció el acortamiento de la legislatura a finales de julio. 

Salgado y Rubalcaba han discrepado en asuntos de envergadura y en otros que son menores, pero que también han alimentado su distanciamiento. Entre los primeros sobresale con mayúsculas la reforma constitucional instada por Zapatero en plena canícula para garantizar a los cuatro vientos la estabilidad presupuestaria. La vicepresidenta económica defendió sin ambages el dictado del BCE bajo el argumento de que sin reforma, Trichet se opondría a la compra de deuda y colocaría de nuevo a España al borde del rescate. Rubalcaba conoció la víspera una reforma que puede calificarse de histórica y se consuela desde entonces con recordar que, gracias a él, no se incorporó ninguna cifra a la Constitución. Pero reconoce, de paso, que el invento le truncó la campaña. 

Desde entonces, el candidato no ha levantado cabeza, según confirman todas las encuestas, pero ha ganado algunas batallitas internas, como las que han hecho posible la recuperación del Impuesto sobre el Patrimonio, hasta 2012, a partir de 700.000 euros, o las que han frenado en plena pugna electoral las subidas del IVA y de los Impuestos Especiales. Última contienda aún inconclusa: el polémico decreto sobre la energía eólica, que Rubalcaba pretende frenar y Miguel Sebastián, con el apoyo de Salgado, quiere sacar adelante antes del 20-N. 

En la mayoría de los desencuentros, Salgado ha priorizado su obsesión por el cumplimiento de los objetivos de déficit comprometidos con Bruselas, probablemente a sabiendas de las dificultades que iba a encontrar el Gobierno en hacer caja rápida con la fallida salida a Bolsa de Loterías y la privatización parcial de Aena. En cambio, Rubalcaba ha primado en todo este tiempo los intereses de una campaña electoral cuyo fracaso puede llegar a arrojar al PSOE a uno de los sótanos más oscuros vividos por este partido en la etapa democrática. A fin de cuentas, el candidato socialista presume de tener carnet, todo lo contrario que su ex protegida.


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