Nacional

Ana Botella, del Palacio de la Moncloa al Palacio de Cibeles

En Política no hay nada seguro hasta que se jura el cargo y sale publicado en el Boletín Oficial del Estado, pero desde que el PP confirmó el jueves pasado que Alberto Ruiz-Gallardón será diputado nacional y, muy probablemente , uno de los ministros estrellas del Gobierno que encabece Mariano Rajoy tras el 20-N, todos dan por hecho que la Alcaldía de Madrid pasará a manos de Ana Botella, número dos en las elecciones municipales del pasado 22 de mayo y responsable del área de Medio Ambiente y Movilidad en el Gobierno Municipal. Con la misma certeza con que se sitúa a Botella como la primera regidora de la capital de España han surgido declaraciones que cuestionan su capacidad para un cargo en el que tendrá que afrontar la herencia envenenada que deja Gallardón: unas arcas municipales prácticamente en quiebra con una deuda acumulada de más de 7.000 millones de euros.

Conocida por ser la esposa de José María Aznar, la carrera política de Ana Botella se limita a los ocho años que lleva en el Ayuntamiento, dónde llegó apadrinada por Alberto Ruiz Gallardón en junio de 2003, casi un año antes de abandonar la sede de la Presidencia de Gobierno, el Palacio de la Moncloa. La inclusión de Botella en las listas electorales se produjo unos meses después de que Aznar pidiera a Gallardón que encabezara la candidatura al Ayuntamiento para frenar una posible victoria de la socialista Trinidad Jiménez. El tándem Gallardón-Botella sorprendió por la disparidad ideológica que mantienen: mientras el alcalde ha dado muestras reiteradas de una ambigüedad que le sitúa cercano al Partido Socialista en materia de derechos civiles como los matrimonios homosexuales o la píldora del día después como método de planificación familiar, Ana Botella se ubica en el sector más conservador del PP. Al igual que ocurre ahora surgieron inmediatamente voces que cuestionaron su vocación y capacidad, comparándola con otras mujeres que han aterrizado en la vida pública como una mera prolongación de la de sus maridos.

ConciliaciónQuizá por ello, Ana Botella se ha esforzado estos ocho años en resaltar su perfil profesional. Casada a los 23 años con José María Aznar, al que conoció en el viaje de final de carrera, Botella aprobó las oposiciones para el Cuerpo de Técnicos de Información y Turismo y, según sus propias palabras, “los primeros años de su matrimonio mantenía a la familia”. Además, como cualquier otra trabajadora tuvo que compatibilizar vida familiar y laboral, una faceta que le gusta recordar con frecuencia. Hace apenas un año, el Gobierno municipal aprobó una reducción de horarios en las dependencias municipales como una medida de ahorro. Frente a las críticas de la oposición de que esa decisión cercenaba la participación ciudadana, el portavoz del grupo popular, Manuel Cobo, argumentó que acortar el horario facilitaba la conciliación de la vida familiar y laboral de los funcionarios. Tras el debate, el vicealcalde y mano derecha de Gallardón afirmó, en uno de los corrillos habituales en los descansos del Pleno, que él mismo “tenía problemas para conciliar”, aunque reconoció que alguno de sus hijos son tan mayores que en cualquier momento le podían convertir en abuelo. Ruiz-Gallardón se expresó en similares términos pese a que el menor de sus hijos hace ya tiempo que cumplió la edad reglamentaría para poder votar, los 18 años. Botella, tras conocer las manifestaciones de sus compañeros, se mostró sorprendida. “No tienen ni idea. No saben lo que es eso de conciliar, de llevar los niños al colegio antes de entrar al ministerio y por las tardes tener que salir corriendo a recogerlos”.

Sean reales o no las dificultades de Gallardón y Cobo para atender a sus vástagos, lo cierto es que Botella es la única edil del PP que se atreve a manifestar abiertamente sus opiniones y ocupar en los medios casi tanto espacio como el alcalde, extremadamente celoso en ese campo. Además de la doble jornada, durante su etapa en el ministerio Ana Botella añadía a su agenda una actividad extra: hacer de relaciones públicas para allanar el camino al Palacio de la Moncloa a un marido con ambiciones pero carente de eso que los politólogos llaman carisma. Tomando como ejemplo a las primeras damas de Estados Unidos, Botella se prodigó en tertulias y entrevistas en los medios hasta tal punto que la peña Primera Plana le otorgó el premio Naranja junto a una jovencísima Marta Sánchez, cantante de Olé y Olé y encarnación de los sueños eróticos de muchos españoles a mediados de los 90. El premio limón en aquella edición fue para la ministra de Asuntos Sociales, Cristina Alberdi, pese a que en las encuestas del CIS era la más valorada del Gobierno de Felipe González. En la cena de entrega de los galardones, en el hotel Miguel Ángel, se comentó que Botella había conseguido alzarse con el premio tras compartir con algunos periodistas confidencias de su vida matrimonial.

En la primera legislatura (2003-2007) Gallardón puso a Ana Botella al frente del área de Servicios Sociales y su primera decisión fue trasladar la sede de la concejalía a un edificio de costoso alquiler en la calle Ortega y Gasset, en el distrito de Salamanca. Uno de los técnicos municipales que compartió aquella etapa aún recuerda el énfasis que ponía Botella, la mayor de quince hermanos, en resaltar “lo que había tenido que luchar en su propia familia para vencer la resistencia hacía las mujeres”. Pero a la hora de hacer un balance de su gestión este funcionario, con varias décadas de experiencia en la Casa de la Villa, no duda en calificarla de “bastante plana”. “Es una persona que no tiene lecturas ni nada que se le parezca. Recuerdo el primer acto al que asistí con ella en el que se presentó como una alguien que en la universidad, cuando había asambleas, intervenía con frecuencia y más política que su marido, pero es una persona limitadita. No soporta un cara a cara, aunque tampoco creo que se note mucho porque ha habido concejales peores que ella”. Sobre su futuro como alcaldesa cree que no habría que ser muy exigentes: “El desastre económico que deja Gallardón no hay quién lo arregle. El Ayuntamiento está prácticamente en bancarrota. En estos momentos nadie decide nada, están todos esperando a ver que pasa en las elecciones y, si hay suerte, irse a algún ministerio”, concluye este funcionario, destinado ahora en un área con materias muy distintas.

Muy distintoTambién Ana Botella cambió de área en la segunda legislatura, pasando a Medio Ambiente. Su puesto en Servicios Sociales lo ocupa Concepción Dancausa, amiga personal desde los años del colegio, ex presidenta de la Asamblea de Madrid durante el primer mandato de Esperanza Aguirre y ex secretara General de Asuntos Sociales en el primer gobierno de Aznar. Dancausa ocupará sin duda un puesto destacado en el gobierno que forme Ana Botella si finalmente ocupa el despacho de Gallardón en el Palacio de Cibeles. Tomás Gómez, secretario general del PSM, cree que ese relevo, diseñado y previsto mucho antes de las pasadas elecciones de mayo , supone un fraude electoral. “Los resultados habrían sido muy distintos con Ana Botella como cabeza de lista”, enfatiza Gómez.

Las mayores críticas a los ocho años de gestión de Botella se concentraron el primer semestre de este año tras un informe de Ecologistas en Acción que desvelaba los altos índices de contaminación que soportan los madrileños y el incumplimiento sistemático de la normativa de la Unión Europea. La polémica traspasó fronteras y llegó a las primeras páginas de la prensa internacional; varios canales de Estados Unidos y Canadá emitieron imágenes de la boina de aire sucio que cubría Madrid. Aún así, Botella negó reiteradamente que el problema tuviera importancia o supusiera un riesgo para la salud de los madrileños. “Día a día demuestra su desconocimiento de los temas que tiene entre manos. Se ha dedicado a negar la situación y ha desaprovechado el plazo que dio la UE para adecuarnos a la normativa. Gallardón dijo que iba a pedir una moratoria de cinco años y Botella también ha dejado que pase el plazo para esa solicitud, el 30 de septiembre pasado”, afirma Paco Segura, portavoz de Ecologistas en Acción. “Para frenar las críticas sólo se le ocurre decir cosas como que más asfixia el paro, pero España está a punto de ser condenada por el Tribunal de la UE. Se trata de una sanción económica que tendremos que pagar entre todos”.

Juan García, también de Ecologistas en Acción, ha asistido a varias reuniones con Botella como miembro de la plataforma Salvemos La Casa de Campo y confiesa que echará de menos las intervenciones de la edil en las Comisiones de Medio Ambiente. “Hay que reconocer que Gallardón es listo y le ha puesto técnicos competentes. Los expedientes están bien hechos y muchas de las decisiones son adecuadas, pero Botella tiene un concepto del mundo muy distinto a los demás. Para ella, por ejemplo, no hay más ferrocarril que el AVE. Carece del sentido del ridículo y se le nota la prepotencia de quién ha sido esposa del presidente del país. Está en una torre de marfil”.

“Merece la pena verla en las comisiones, es todo un espectáculo, gesticula con los brazos, exagera los gestos de la cara, enfatiza las frases. Es histriónica y hasta su propio equipo se ríe sin disimulo. Aún recuerdo las carcajadas cuando contó y repitió lo de las gaviotas reidoras del Manzanares. ¿Alcaldesa? Parece que la cosa es ineludible. No sé si habrá otra comisión antes, pero no quisiera perdérmela”, concluye Juan García.


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