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Sinde deja un Ministerio que tiene los días contados

A su paso quedaron su amigo y mano derecha en el Instituto de las Ciencias y las Artes, Ignaci Guardans. También Alex de la Iglesia,  quien abandonó la Academia de Cine con un ácido portazo tras quedar por fuera de la discusión del canon digital. A la lista de defenestrados se suman Javier Bonilla, jefe del Gabinete del Ministerio; Milagros del Corral, ex directora de la Biblioteca Nacional y más recientemente María José  Turrión, directora del Centro Documental de la Memoria Histórica  de Salamanca. Seis bajas en dos años; ocho, si sumamos a José Jiménez en la dirección general de Bellas Artes  y a Juan Carlos Marset en el Instituto de Artes Escénicas. Las estadísticas de Sinde dan qué pensar; y mucho. O la Ministra  no se fía, o lleva muy mal las críticas.

A su llegada al Ministerio, Ángeles González-Sinde parecía una discreta y nada espabilada candidata a convertirse en un personaje políticamente dócil. Sin embargo, en apenas dos semanas, la guionista y ex directora de la Academia de Cine demostró ser no sólo la ficha con la cual José Luis Rodríguez  Zapatero quiso congraciarse con el mundo del cine -un sector que apoyó al PSOE, y mucho,  en la campaña electoral de 2008 -, sino que se confirmó como la ocupante hasta ahora más radical del despacho de la madrileña  Plaza del Rey.

Una Ley Antidescargas, el cobro de un canon digital que levantó escozor en casi toda la ciudadanía y más recientemente una trama de corrupción interna dentro de la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) que la ministra pasó por alto escriben el epílogo de una gestión que algunas personas, entre ellas el editor Amador Fernández Savater, no dudan en criticar e incluso, señalar de intimidatoria.

"Me preocupa esa combinación de ignorancia y miedo, porque de ahí sólo puede resultar una cosa: el recurso a la fuerza, la represión y el castigo. No son los ingredientes básicos de la sociedad en la que yo quiero vivir", así se refirió  Fernández Savater a la ministra en una carta publicada en el diario El País y reproducida después en el blog del editor en enero de este año.

Sin embargo, ¿qué queda tras la gestión de Ángeles Gonzalez-Sinde? ¿Acaso sólo amarguras y despropósitos? ¿O también ideas y aciertos? No es fácil, ni mucho menos, hablar de un personaje que levanta polémica a su paso.  Para algunos, como el escritor y cineasta David Trueba,  resulta complicado hacerse con una idea general de lo que supuso la administración Sinde, tan acaparada en la opinión pública por el tema de la Ley Antidescargas. "Creo que salvo en el asunto de la Red, cuya regulación era una exigencia de Europa y del mercado norteamericano, se ha hablado muy poco de todo lo demás. Así que el ciudadano medio, como yo, ha permanecido en la sombra informativa".

Otros, como Alex de la Iglesia, evitan a toda costa hablar de un tema y una gestión en la que ya no merece la pena "echar más leña al fuego". Para los personajes ligados a la cultura habría que ser más rigurosos al momento de someter la gestión de Sinde a un balance y escrutinio. No se trata de personas, sino de proyectos, algo que a juicio de Rosina Gómez Baeza  ha faltado no sólo en ésta sino en las administraciones culturales anteriores.

A juicio de Gómez Baeza, directora de la Feria ARCO desde sus inicios y una figura fundamental al momento de entender el arte en España, hace falta primero un plan estratégico y coherente que exige, por parte de los propios gestores, la pregunta sobre dónde y de qué forma quiere verse la cultura española.

Con o sin estratregia manifiesta, al mirar los números de la gestión de Ángeles González Sinde, las cosas caen por su propio peso. Dentro de la distribucion presupuestaria de 2011, mientras entidades como el Museo Reina Sofía o el Prado recibían 49,6 y 43,9 millones de euros, respectivamente, el ICAA recibió un total de 106.5 millones, más del doble de las partidas asignadas para los dos primeros. Sinde fue, sin duda, la ficha de los socialistas para apoyar a un sector que interponía cada vez más demandas y reclamos. Y de eso dan fe los números.

La pregunta de cara a la siguiente administración  es obvia. ¿Qué va a pasar con el Ministerio de Cultura? Ante esa pregunta,  José María Lassalle, portavoz de cultura del Partido Popular en el Congreso de los Diputados, evita respuestas directas.

Reafirma Lassalle la vocación de "austeridad y eficacia" de los populares ante una eventual victoria que los coloque al frente del Gobierno, pero insiste en que el problema no radica en convertir o no  el Ministerio en una Secretaría sino en concebir una política general que entienda la cultura de manera más moderna, basándola en modelos de consumo, eficacia, competitividad y promoción de España en el mundo.

Estos objetivos pasan, según Lassalle, por cuatro ejes fundamentales: una Ley de Mecenazgo que independice a las instituciones del ala sobreprotectora del Estado; afrontar un rediseño y reformulación institucional que armonice la administración cultural del Estado y las autonomías -y por el que pasaría el cambio de estructura del propio MInisterio-; apostar por modelos de negocio competitivos, asociados al  ejemplo anglosajón, basándolos en  Internet como principal vehículo de promoción de la cultura española; y finalmente, una revisión sobre de qué forma puede gestionarse el Patrimonio Cultural que actualmente desborda la capacidad del Estado.

Entretanto, Sinde se despide de un sector con flecos, suficientes.  Acude, sí, a los actos públicos, pero mantiene cerrada a cal y canto una respuesta concreta sobre los desaciertos de una gestión que cosecha antipatías entre sus principales dolientes: los internautas y el consumidor de cultura. 


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