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Dexia se hundió por financiar a entidades públicas europeas, no por la crisis griega

A la pobre Grecia se le acusa de ser el culpable de todos los males existentes a nuestro alrededor. El último tiene que ver con el banco franco-belga Dexia. En 2008 Dexia fue rescatado con dinero público, y en julio de 2010 supero con nota los correspondientes test de resistencia. Sin embargo, el deterioro de sus activos desde el verano, está vinculado a su matriz Dexia Credit Local (DCL), que incluye Dexia-Sabadell, especializada en la financiación de entidades públicas a nivel europeo, y que le ha generado un deterioro constante en su posición de liquidez. La posición en deuda griega ascendía a la cifra irrisoria de 3.500 millones de euros.

Desde el inicio de la crisis, que minó su modelo de negocio básico, debido a una disponibilidad de financiación mucho más limitada y cara, Dexia se ha centrado en un desapalancamiento de su balance con el fin de seguir siendo un negocio viable. Sin embargo, las cada vez más difíciles condiciones de mercado le obligó a la implementación de una estrategia de desapalancamiento más rápida, y llena de incertidumbres en cuanto a los resultados, especialmente en un momento donde las actividades de financiación del sector público ya no son un negocio viable, en un contexto de restricción fiscal general.

El mercado está forzando a Dexia a buscar un modelo de negocio más sostenible, tanto en términos de costes de financiación como de márgenes. Detrás de esta solución está la idea de que las actividades de préstamo al sector público en general (entes locales, hospitales, obra pública…) ya no son un negocio viable para una institución que tiene que contar con el apoyo de una enorme liquidez enorme y altos costes de financiación, que hacen inviable este negocio. En este contexto, un imperativo estratégico sería la escisión de la unidad centrada en las activos de préstamo al sector público, es decir, por ejemplo, nacionalizar Dexia Credit Local, de manera la entidad resultante solo se dedique a las actividades bancarias al por menor, más sostenible en términos de financiación y de márgenes, lo que le permitiría una cierta reversión de las primas de riesgo en las entidades restantes.

Resumiendo, la nacionalización de DCL dejaría a Dexia como un banco minorista en Bélgica y Luxemburgo, con un negocio más centrado, mejor capitalizados y un balance más líquido, lo que debería servir de apoyo para las valoraciones de sus deuda senior y subordinada.

Conviene hacer una observación sobre los test de resistencia utilizados a la hora de analizar la fortaleza de una entidad financiera, y que por definición debería implicar someter las balances del banco y su cuenta de resultados a escenarios extremos económicos y financieros. Un ejemplo sería incorporar en las pruebas de resistencia que pasaría si hubiera una quita de deuda soberana, y que inicialmente no fue contemplada a la hora de hacer dichos stress test. ¿Era asumible no contemplar quitas de deuda soberana europea, cuando ya desde mitad de 2010 la probabilidad de quitas en deuda griega, portuguesa, o irlandesa era alta?

Los mercados financieros, tras este verano ya han ajustado el riesgo de la banca francesa y alemana al alza, con los CDS de deuda senior a 5 años de BNP, y Societe Generale superando a los de Santander o BBVA.


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