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Tranströmer, un Premio Nobel menos político y más inofensivo

La Academia sueca ha echado por tierra las quinielas que colocaban una vez más a Haruki Murakami o Bob Dylan entre los favoritos para el Nobel. Pero no. No ha sido Murakami, tampoco Bob Dylan ni Thomas Pynchon, sino el poeta Tomas Tranströmer, quien se ha alzado en esta oportunidad con el mayor reconocimiento de las letras universales.

La Academia sueca ha echado por tierra las quinielas que colocaban una vez más a Haruki Murakami o Bob Dylan entre los favoritos para el Nobel. Pero no. No ha sido Murakami, tampoco Bob Dylan ni Thomas Pynchon, sino el poeta Tomas Tranströmer, quien se ha alzado en esta oportunidad con el mayor reconocimiento de las letras universales.

Tranströmer, quien ya sonaba en las listas de años anteriores, es el séptimo escritor sueco en hacerse con el premio. Su obra fue calificada en el dictamen del jurado como un universo de “imágenes condensadas y translúcidas” que ofrecen al lector un “acceso fresco a la realidad”. Transparencias literarias aparte, destaca en Tranströmer con respecto a sus predecesores Mario Vargas Llosa o Herta Müller, su discreta y sucinta faceta política a cambio de otra, si se quiere, más lírica.

Al bajo perfil público de Tranströmer se suma otro detalle: el poco conociemiento que sobre él se tiene en círculos más allá de los estrictos y reducidos cenáculos de editores, literatos, traductores y periodistas especializados.

Poeta, psicólogo y traductor, Tranströmer nació en Estocolmo, en 1931. Hijo de Helmy y Gösta Tranströmer, una maestra de escuela y un redactor. Comenzó sus estudios en Historia de la Literatura, Psicología e Historia de las Religiones en la Universidad de Estocolmo, esta última, la religiosa, una faceta que marca buena parte de su poesía, especialmente en sus obras más recientes.

Su primer libro lo publicó a los 23 años de edad . El volumen llevaba por título 17 poemas (1954). La obra de Tranströmer recibió en esos años duras críticas de poetas suecos más jóvenes, quienes le acusaron de estar de espaldas a las cuestiones de su tiempo. Demasiado Horacio y poco Marx, decían entonces sus congéneres. Sin embargo fue justamente en esos años cuando Tranströmer logró construir un universo literario más personal.

En 1958, publicó otra colección de poemas, Secretos a lo largo del camino. Destacaba ya en ella su sello literario, marcado por un especial interés en la naturaleza y la musicalidad del verso. Dos años después, en 1960, comenzó a trabajar como psicólogo en la prisión juvenil de Roxtuna, en las afueras de Linköping.

En esos años, gracias a la introducción de su obra en los Estados Unidos por parte del poeta Robert Bly, la obra de Tranströmer comenzó a suscitar un interés cada vez mayor en los círculos literarios. Fue entonces cuando el sueco publicó Mörkseende (1970) y Stigar (1973), este último, un libro basado en sus vivencias infantiles en Runmarö, una isla del archipiélago de Estocolmo.

Ya para este momento, resulta manifiesta la austeridad y concreción de la obra de Tranströmer, la cual fue mutando a lo largo del tiempo hacia fórmulas más esencialistas como el Haikú, al que ya había dedicado un volumen, en 1959, con un conjunto de textos escritos durante su período de trabajo en prisión.

Además de la naturaleza, un elemento muy presente en la poesía nórdica, destacan sus lectores y traductores la calidad de los poemas que Tranströmer dedica a la música, una de sus grandes pasiones. De hecho, Tranströmer profesaba una verdadera devoción la piano –instrumento que también toca su hija- ,al que dedicó gran parte de su tiempo hasta que, en 1990, sufrió un ictus que paralizó toda la parte derecha de su cuerpo y obligó al poeta a reinventarse por completo.

A pesar de las consecuencias que tuvo la apoplejía sobre su capacidad sintáctica y su discurso, Tranströmer publicó en 1991 su décimo poemario Para vivos y muertos (1991), al que siguió La góndola fúnebre (1996), entre medias, publicó sus memorias Minnena ser mig (1993).

Las traducciones al español de la obra de Tranströmer están hechas casi en su totalidad por el poeta uruguayo Roberto Mascaró y entre las que destacan Postales negras (Ediciones Inferno, 1988); Para vivos y muertos, editada por el sello español Hiperión, así como El cielo a medio hacer, una selección de sus poemas y su autobiografía publicada por Nórdica Libros, en 2010.

A esa siguió Deshielo a mediodía , en la que el lector puede conseguir una selección de toda la trayectoria del poeta desde su primer libro, 17 poemas, de 1954, a la síntesis de sus últimos haikus escritos en 2004.


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