En un momento clave, en el que Grecia podría salir del euro

Más de un 20% de diputados euroescépticos plantean un cambio radical en la Unión Europea

La difícil situación en Grecia es la punta del iceberg en la eurozona, pero no es lo único que preocupa en Bruselas: el euroescepticismo gana adeptos entre extremistas, radicales, populistas y soberanistas. La Unión Europea se fisura.

Edificio que alberga, en Bruselas, la sede de la Comisión Europea.
Edificio que alberga, en Bruselas, la sede de la Comisión Europea. EFE

Los expertos advierten: el rebrote de actitudes xenófobas, la exacerbación nacionalista y la polarización ideológica hacia los extremos han alcanzado un nivel desconocido hasta el momento en la Unión Europea, que estaría produciendo una reacción de fuerza centrífuga. Para basar tal afirmación analizan los resultados de las pasadas elecciones del 25 de mayo, pero también la situación interna de tensión que se vive en los países mediterráneos y en otros tan distintos como el Reino Unido, que manifiesta un fuerte componente “soberanista”. Las políticas de austeridad tienen mucho que ver con el descontento que se vive sobre en los países del sur.

En Bruselas se teme que se produzcan dos movimientos que pueden resultar devastadores para la Unión: una posible salida de Grecia del euro –tal y como ha amenazado Angela Merkel si vence la radical Syriza de Alexis Tsipras en las próximas elecciones griegas- y un referéndum en 2017 para el abandono del Reino Unido de la UE, tal y como ha insinuado el conservador David Cameron. Son dos fuerzas ideológicamente en las antípodas, pero con dos conclusiones similares: el cuestionamiento de la UE en su actual concepción.

Un regreso al pasado

Estos analistas creen que la crisis económica que aún padecemos, junto a las políticas de austeridad implantadas desde Bruselas, ha abierto una extraña confluencia entre las fuerzas extremistas, radicales, populistas y soberanistas que están representadas en el Parlamento Europeo.

Es decir, que se estaría produciendo una especie de confluencia entre la extrema izquierda y los radicales en los diversos países de la Unión, que tensionan las estructuras exigiendo un viraje hacia las políticas sociales, junto con otra confluencia entre la extrema derecha y los soberanistas, que tensionan por su lado pidiendo una vuelta a la antigua situación, antes de Maastricht.

Si los radicales de izquierda exigen un viraje para hacer más política social, los radicales de derechas –“soberanistas”- piden, según estos analistas, la devolución de una parte del poder a los gobiernos nacionales, más leyes propias y no dictadas desde Bruselas, acuerdos librecambistas en lugar de producciones contingentadas –es decir, una especie de vuelta a la llamada Europa de los mercaderes- y, en determinados casos, regreso a la moneda nacional, como exigiría, por otros motivos, un determinado porcentaje de alemanes descontentos con los mecanismos de redistribución regional de la UE.

Un 20,6% de euroescépticos en el Parlamento de Estrasburgo

En esos análisis coinciden expertos de la FAES de Aznar, como el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alicante, Salvador Forner, y la profesora Heidy-Cristina Senante, adscrita a la Cátedra Jean Monnet, que han publicado un estudio bajo el título La crisis de Europa y el ascenso del populismo, en el que advierten que en el actual Parlamento Europeo hay un total de 155 diputados que podrían calificarse de eurocríticos, o de euroescépticos. Dado que hay 751 eurodiputados en total, el euroescepticismo representaría, pues, el 20,6% del actual Parlamento de Estrasburgo.

Tsipras eIglesias plantean no pagar la deuda, o renegociarla muy a la baja, lo que ha disparado todas las alarmas en las cancillerías europea

Se trata de un porcentaje demasiado amplio, para cuyo cálculo esos analistas han incluido tanto a los populistas españoles de Podemos, con Pablo Iglesias al frente y cinco eurodiputados en Estrasburgo, como a los griegos de la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza) de Alexis Tsipras, el partido más votado en Grecia en las euroelecciones de mayo de 2014 y el que puede ganar en los comicios generales que se celebrarán dentro de escasas fechas en el país heleno.

Tanto Tsipras como Iglesias plantean no pagar la deuda, o como mínimo renegociarla muy a la baja, lo que ya ha disparado todas las alarmas en las cancillerías europeas, que se han lanzado en contra del ascenso de esto que llaman populismo greco-español y que los países del norte –Alemania especialmente- temen que pueda extenderse a Italia y a Portugal, e incluso a Francia.

Pero en esos análisis un tanto apocalípticos también han incluido a movimientos muy conservadores que nada tienen que ver con el radicalismo izquierdista de los anteriores, como son los propios soberanistas británicos (partido conservador), que apuestan ahora más que nunca por una salida de Gran Bretaña de la Unión. De hecho, la propuesta de David Cameron de convocar un referéndum en 2017 sobre la permanencia del Reino Unido en la UE ha preocupado profundamente en Bruselas: ahora se ha tomado en serio una posible salida británica.

Intereses convergentes entre extremistas, radicales y soberanistas

En ese punto, diversos estudios –como el citado de la FAES, pero también otros desde posiciones menos neoliberales que el think tank del PP- relacionan a tres grupos de euroescépticos que estarían propiciando movimientos centrífugos dentro de los países de la Unión:

  • Los englobados en el apartado de “extrema derecha y soberanistas”, en los que encuadran a 86 eurodiputados de todos los países (en 2009 eran sólo 40, es decir, que se ha doblado la cifra);
  • los “comunistas y afines”, donde contabilizan a 26 (en 2009 eran 27, este grupo se mantiene estable),
  • y los de “extrema radical y extrema izquierda”, donde incluyen a un total de 43 (había sólo 14 tras las elecciones de 2009; es decir, que se han triplicado).

En total, 155 eurocríticos o euroescépticos que podrían fisurar la Unión, ya que cuentan con un importante apoyo social en sus respectivos países. Ese euroescepticismo representaría en la Europa actual el 20,6 % de las fuerzas representadas en Estrasburgo, pero cuentan con una correlación con lo que ocurre internamente en los países que conforman la Unión.

Donde más ha crecido el euroescepticismo de acuerdo con los resultados electorales es en el Reino Unido, Italia, España, Grecia y Francia

En España, por ejemplo, desde FAES señalan que de los 54 eurodiputados que nos corresponden como país, 11 estarían en las tesis de un cambio radical en la Unión, que supondría, de hecho, su desaparición tal como está planteada y que originaría serias tensiones rupturistas. Ahí incluyen a los 5 de Podemos, pero también a los 6 de Izquierda Unida. Ni IU ni Podemos plantean la ruptura de la Unión, pero sí piden cambios radicales que cuestionan las políticas monetaristas de Bruselas y rechazan el austericidio de Merkel.

Esos mismos porcentajes se repiten por países, según el cuadro que ofrecemos abajo, pero donde más ha crecido el euroescepticismo de acuerdo con los resultados electorales es en el Reino Unido, Italia, España, Grecia y Francia, país este último que recoge un gran auge de la extrema derecha y soberanista: de 3 eurodiputados en 2009 ha pasado a 24 en la actualidad.

El austericismo, causa del resurgimiento de la eurofobia

En su informe sobre La crisis de Europa y el ascenso del populismo, el catedrático Salvador Forner y la profesora Heidy-Cristina Senante señalan que durante años los países periféricos de la Unión quedaron al margen de las corrientes eurofóbicas y eurocríticas porque hasta el comienzo de la crisis financiera de 2008, las medidas de convergencia y el acceso a la Unión Monetaria favorecieron el crecimiento de países como España, Grecia, Irlanda y Portugal. Pero sostienen que la “borrachera de liquidez”, a precios alemanes, que desde finales del siglo pasado se extendió por dichos países periféricos no fue correspondida con las reformas estructurales necesarias para llegar a una convergencia real en la Eurozona.

Añaden que esa situación cambió tras la crisis de 2008, incubándose desde entonces el descontento social que ha aflorado en las elecciones europeas de 2014 y ha afectado, especialmente en algunos de los países periféricos, a las formaciones políticas mayoritarias, propiciando el populismo y los extremismos que amenazan ahora a la Unión.

La crisis de 2008 y sus recetas explicaría el éxtio de Syriza, en Grecia, Podemos, en España, y el ascenso del cómico Beppe Grillo en Italia

Esa crisis iniciada en 2008 y las recetas que se aplicaron explicaría que en mayo de 2010 los laboristas británicos perdieran las elecciones frente al conservador Cameron (fiel defensor de las tesis soberanistas), y también la derrota de los socialistas en las elecciones generales de Portugal y España en junio y noviembre de 2011. Y explica sobre todo el hundimiento espectacular de la socialdemocracia en Grecia y el ascenso de los radicales y eurocríticos de Syriza, y que en Italia, el Partido Democrático, heredero de la antigua izquierda socialista y comunista, retrocediera en las elecciones de 2013 en un marco de descomposición y fragmentación del sistema político italiano que tuvo su expresión más acabada en la irrupción del Movimiento 5 Estrellas, encabezado por el cómico Beppe Grillo, con el apoyo de más del 25% del electorado.

Ese informe de FAES -nada sospechoso, por cierto, de alentar tesis izquierdistas- sostiene, curiosamente, que las consecuencias de las políticas monetarias del Banco Central Europeo, interpretadas en clave nacional, “han servido de base para el crecimiento de la eurofobia y el eurocriticismo, en sus más variadas vertientes ideológicas”, hasta el punto de producirse una gran similitud en las propuestas económicas de formaciones tan aparentemente distantes como el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia o la emergente Podemos en España.

Los resultados de los estudios son, pues, concluyentes: la Unión se resquebraja como consecuencia de la prolongada crisis económica y de las políticas de austeridad impuestas que conllevan importantes recortes sociales. Los expertos recomiendan atenuar la tensión con menos austeridad y menos recortes.


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