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UPyD presenta 'El coste de la no-España': "Al separatismo hay que contestarle con calidad democrática"

UPyD ha presentado este miércoles un extenso documento sobre el proceso secesionista en Cataluña. Además de evaluar las duras consecuencias, abogó por medidas como la apertura de un proceso constituyente. "Esta crisis es consecuencia de 35 años de una política cómplice con las élites". 

UpyD presentó ayer en el Círculo de Bellas Artes de Madrid su documento ‘El coste de la no-España’, un libro de unas 200 páginas del que adjuntamos su versión reducida, con un epílogo de Mario Vargas Llosa. En él se quiere efectuar una valoración sobre el coste económico, institucional y sociológico que tendría un proceso secesionista en España. Pero, además, en el acto se lanzaron una serie de propuestas para el futuro, como respuesta a este órdago rupturista en el que se quiere reinventar la historia, apoyando una España unida, “en la que se defienda lo común”, basada en más libertad y regeneración.

Dicha presentación duró más de cuatro horas y en ella estuvo Rosa Díez, con varios miembros y diputados del partido, incluido Fernando Savater, que fue el primero en hablar. Allí, defendieron por encima de todo, una mejora de la calidad de la democracia, como mejor garantía de futuro y como respuesta al proceso secesionista.

“Una reforma de la Constitución, listas abiertas, la creación de reguladores independientes y separados, el correcto uso de las instituciones y desarrollar una economía que no esté basada en el capitalismo de amigos, en la que el poder político es cómplice de una oligarquía; en la que la concesión de cargos públicos no se base en haber sido compañero de pupitre del presidente”, afirmaba Carlos Martínez Gorriarán, filósofo, historiador y diputado de UPyD, que es el autor del capítulo del trabajo que realiza las perspectivas de futuro.

"Este proceso separatista es consecuencia última de 35 años de democracia de baja calidad". 

En este sentido, abogan por la apertura de un proceso constituyente, que recoja valores de la república francesa, (“aunque eso no significa el Príncipe Felipe no pueda reinar”, apostillaba Enrique Helguera, autor del capítulo de Cultura); con lealtad y prioridad federal (es decir, donde una ley estatal prevaleciera siempre sobre la federal) “y donde sólo la educación sería una competencia centralizada y el español fuera la lengua franca”, insistió el propio Helguera.

El comercio se hunde

Leyendo el documento adjunto se puede ver algunos de los efectos económicos que tendría la secesión de catalana, como una drástica del comercio de Cataluña con el resto de España de hasta el 85%, según calculó el catedrático José Vicente Rodríguez Mora, que en ningún caso sería compensado con un mayor comercio internacional. 

El experto no quiso hacer proyecciones, pero sí puso de relieve casos como el de Chequia y Eslovaquia, con drásticas e inmediatos desplomes de comercio entre ambos nuevos estados que, hasta entonces constituían mutuamente sus principales mercados.

Asimismo, dejó claro que sería muy complicado estipular cómo se repartirían las cargas de deuda pública y el pago de pensiones. “Chequia y Eslovaquia todavía están en los tribunales por esto”, alertó.

Cataluña puede perder el 85% de su comercio con España, que no recuperará internacionalmente y si se marcha de España, sale del euro automáticamente.

Este catedrático reconoce en todo momento que Cataluña aporta más que recibe “al igual que otras como Madrid”, pero alertó vehementemente que abrir la caja de pandora de las balanzas fiscales es peligroso. “¡No lo hace ningún país, porque en cuanto se publicaran empezarían las host…!”, señalaba.

En general, todos los ponentes dejaron claro en alguna ocasión la enorme decepción que les supone un proceso de separación por una simple cuestión de poner fin a la solidaridad.

La fragmentación social también tuvo un enorme protagonismo en el acto. El deseo secesionista está basado en la premisa “España nos roba”, algo que se cree una gran parte de la sociedad catalana a pies juntillas y, a su vez, en el resto de España emerge una inevitable desafección, lógica al detectar que alguien quiere romper con uno. “Se está generando odio y eso no se borra”, alertaba el sociólogo José Miguel Fernández Dols, que mostró su preocupación por cuestiones como la asistencia de niños a actos de reivindicación política.

Fernández Dols efectuó un símil de la situación con una anécdota personal: “de niño, soñaba con que Madrid se inundara, imaginando que el mar llegaría de manera apacible y llenaría las calles de agua cristalina. Así, podría ir nadando a la tienda de la esquina. Luego me di cuenta de que una inundación es algo terrible, con aguas cenagosas y destrucción”. Según el sociólogo, en Cataluña está extendida la primera imagen, de la inundación cristalina que trae el mar al centro de la ciudad de manera idílica.

La independencia de Cataluña será una fiesta, es la consigna que reina, pero Fernández Dols destaca que el sentimiento secesionista se ha exacerbado a raíz de la crisis, en 2008, “culpando de ella al Gobierno”.

"¡Ningún país publica sus balanzas fiscales, porque es garantía de que se sale a host...!"

El ingreso en la UE es otro de los grandes asuntos que pesan sobre el proceso separatista y sobre el que habló el eurodiputado Francisco Sosa Wagner, destacando que cualquier territorio que se escinda, inmediatamente deja de estar adherido a los tratados de la Unión, es decir, queda fuera del euro con todo lo que ello significa: fronteras, pasaporte para circular por Europa, moneda propia, aranceles, pérdida de relación con el Banco Central Europeo (BCE)…

No hay puerta de atrás

UPyD aportó a sus expertos jurídicos internacionales que fueron concluyentes: “no hay puerta de atrás para entrar en las instituciones internacionales, ni en la UE ni en la ONU”. Si Cataluña o quien fuera quisiera entrar en la UE, debería solicitar su candidatura, que debería ser votada por los estados miembros, entre ellos España.

Pero no todo fueron críticas al proceso secesionista (se intentó dejar bien claro que esto es un proceso secesionista, no independentista). También “se debe el coste de la actual España”.

"Es urgente una revisión constitucional, que garantice más libertad y anule la complicidad de los políticos con las élites".

Tanto los ponentes como el público presente insistió en que es preciso regenerar el actual status. La gran diferencia ahora mismo entre Cataluña y el resto de España es que los que desean la escisión están muy ilusionados y “es preciso ilusionar al resto de ciudadanos”.

Con más calidad de la democracia y con un modelo de país repensado entre todos. “El nacionalismo tiene un exceso de representación, no sólo en España, sino en toda Europa”, dijeron en varias ocasiones.

El estallido secesionista es la consecuencia de una transición sui generis que ha durado 35 años y en la que la democracia ha sido de muy baja calidad, se repitió en varias ocasiones.

No se puede pretender que este furor separatista mengue y que todo continúe igual a continuación. Hay que abrir un proceso que sea capaz de ofrecer la regeneración y el avance necesarios. 

Los portavoces del partido reconocieron el trabajo que les ha costado la elaboración de esta trabajo, pero justificaron su elaboración ya que ni PP ni PSOE son capaces de articular un discurso en este sentido. Mientras los socialistas tienen un cisma interno por él, "Rajoy carece de relato político". UPyD ha dado su respuesta a "una de las mayores crisis históricas de nuestro proyecto de vida en común". 


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