La vicepresidenta lidera el plan de reformas del Gobierno

Sáenz de Santamaría da un paso al frente y se adueña de la bandera política del PP

Dos intervenciones de enorme calado político en un mismo día. La vicepresidenta del Gobierno abandonó su ostracismo monclovita y saltó a la arena de la política. Ayer por la mañana, en el Congreso. Por la tarde, en la Escuela del partido.

Sáenz de Santamaría ha dado un importante paso al frente en un sólo día. En un partido necesitado de 'hacer política', la vicepresidenta del Gobierno abandonaba ayer su encierro de la Moncloa y, por unas horas, se erigía en el estandarte de la regeneración y la reforma que la sociedad española reclama a sus dirigentes. Una apuesta recibida con entusiasmo entre sus fieles y con suspicacias entre sus detractores.

La vicepresidenta del Gobierno mostró ayer su perfil más combativo en sesión doble. Arrinconado por unas horas su uniforme de la corrección técnica, de jefa de la administración, de encargada de la sala de máquinas del Ejecutivo, mostró su vertiente más beligerante. Cada viernes, en Moncloa, se muerde la lengua, se muestra complaciente con algunos periodistas inquisitivos, huye de las polémicas y evita decir lo que en verdad piensa. Es la obligada imagen de la corrección y de la asepsia. Una portavoz gubernamental sin aristas y sin ganas de polémicas.

¿Nuevos tiempos en Moncloa?

Pero ayer fue otra cosa. Quizás el anuncio de que se aproximan nuevos tiempos, una forma diferente de mostrarse ante su gente y ante la sociedad. La resaca del batacazo de las europeas empieza a provocar efectos inesperados en un equipo de Gobierno apoltronado, ensimismado y algo oxidado. A falta de baile de ministros, la vicepresidenta ha decidido empezar ella misma el baile. ¿Ella baila sola? Parece que no.

Por la mañana, en el Congreso, defendió con ardor el decreto ley de casi una treintena de reformas con enorme calado económico y social que desató las iras de la oposición, reprochando las formas y las prisas en la iniciativa. Zapatero hizo lo mismo hace cuatro años, con otro arreón 'turbo' de medidas económicas, pero los precedentes no cuentan. En su intervención parlamentaria, Sáenz de Santamaría aparcó su perfil prudente y recatado de las ruedas de prensa de los viernes y aireó su perfil más combativo.

Ha llegado la hora de la política, se piensa en Moncloa. La vicepresidenta ha cumplido a la perfección durante este arduo bienio con sus 'deberes' en el Gabinete. Al frente de un controvertido equipo económico, con Montoro, Báñez y los hermanos Nadal al frente, ha logrado evitar el naufragio y divisar, aunque aún desde muy lejos, la tierra prometida de la recuperación. El FMI bendijo ayer las previsiones optimistas del Gobierno al revisar la tasa de crecimiento de un 0,6 a un 1,2 por ciento.

Vendaval en el estrado

Santamaría decidió afrontar personalmente la difícil sesión parlamentaria de ayer en contra de lo que le aconsejaban sus asesores, que le pasaban la 'patata caliente' a De Guindos. La vicepresidenta no lo dudó ni un momento. Y redondeó una intervención certera, con buenas noticias para nichos de la población necesitados de ayudas: autónomos, comerciantes, jóvenes desempleados, consumidores... "¿Quienes de ustedes le van a decir que esperen unos meses a quienes están necesitados?", clamó Sáenz de Santamaría ante los 'remilgos' parlamentarios de la oposición. "Son medidas urgentes de justicia social", añadió, mirando al tendido del PSOE, cuya portavoz, Soraya Rodríguez, no acertaba a contener el vendaval que le llegaba desde el estrado. Algo que ocurre cada semana pero ayer se llevó la palma. La jefa de filas socialista tuvo, sin embargo, un momento de lucidez cuando insinuó que la vicepresidenta buscaba con su intervención algo más que defender el interés de los españoles. Y señalaba al PP. Caliente, caliente.

Por la tarde, en la Escuela de Verano de los populares, la vicepresidenta se erigió en la potavoz de las medidas de regeneración y reformistas anunciadas por Mariano Rajoy hace siete días y desgranadas posteriormente por la secretaria general del partido. Transparencia, reformas, avances sociales e incluso evitar los populismos en ebullición (con zapatazo a algunas televisiones que albergan a estos predicadores demagogos) fueron algunos de los asuntos que la vicepresidenta desgranó en su intervención.

Cantinela y mensajes vacíos

La elección directa de los alcaldes es seguramete el aspecto que más preocupa al PP de entre las iniciativas anunciadas, y en ella insistieron tanto Santamaría como Cospedal, así como la reducción del número de aforados, la rebaja del número de diputados, de concejales y otras medidas de organización administrativa. Hasta ahora, pura cantinela, a la espera de que se concreten en realidades sólidas.

En su activa jornada, Sáenz de Santamaría se apoderó de la bandera de las reformas. El equipo de Moncloa 'mueve ficha' prudentemente frente a un aparato del partido, que en opinión de los colaboradores de Santamaría, no han sabido transmitir a su militancia y simpatizantes los logros del Gobierno tras dos años de duros sacrificios. La sorda pugna entre Soraya y Cospedal sube de tono. El pulso Moncloa-Génova admite ya escasos disimulos. El PP no puede permitirse un batacazo en las próximas elecciones, tal y como anuncian ahora mismo todas las encuestas.

Dolores de Cospedal, muy en su papel, había abierto en la mañana el cónclave estival de los populares con una intervención ajustada y movilizadora, en la que repasó dos años del gobierno del PP y resaltó los aciertos y los retos de futuro. Demasiado fría y formal para unos momentos en los que el subsuelo de la política española está experimentando movimientos muy bruscos con una evolución preñada de incertidumbres.

El debate de Podemos

También hubo continuas referencias al populismo de Podemos a lo largo de toda la jornada. El PP no tiene claro si ha de hacerle frente o no. Esperanza Aguirre, por ejemplo, fue la más directa al animar a "dar la batalla" al partido de Pablo Iglesias. "La izquierda mira cada vez más hacia el populismo chavista". La vicepresidenta Santamaría señaló que "a mí me asusta mucho", mencionó críticamente el populismo demagógico que expenden algunas tertulias en televisión y concluyó: "Los antipolíticos están haciendo política, por Dios que no tengan responsabilidades".


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