La vicepresidenta subraya el papel de Duran i Lleida

Santamaría da un portazo al "número dos" de Mas mientras y admite que "el diálogo echa a andar"

La vicepresidenta del Gobierno se negó a recibir esta semana a Francesc Homs, "número dos" de Artur Mas y baluarte del soberanismo en la Generalitat. La interlocutora habitual de Sáenz de Santamaría es su homóloga catalana Joana Ortega, de Unió y fiel a Duran i Lleida.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en rueda de prensa
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en rueda de prensa EFE

La resaca del plantón de Artur Mas a Sáenz de Santamaría aún colea. La vicepresidenta del Gobierno español se negó a recibir este martes a Francesc Homs, conseller de Presidencia y "número dos" del president Artur Mas. El gabinete de Santamaría alegó problemas de agenda, pero fue un portazo en la narices y no un plantón, puesto que no había cita previa. Este diario ya informó en su momento del mal estado de las relaciones entre ambos políticos.

Moncloa mantiene sus puentes fluidos con la Generalitat, como pudo apreciarse este sábado en la aproximación de la propia vicepresidenta hacia Artur Mas durante la boda de uno de los hijos del editor José Manuel Lara celebrada en Barcelona. Santamaría se acercó a la mesa del president y departieron durante un buen rato en el relajado ambiente del ágape nupcial. Trascendió luego que Rajoy no descarta mantener un nuevo encuentro personal con Mas, al estilo del que celebraron a finales de agosto en la Moncloa en forma reservada.

La vicepresidenta mencionó este viernes, tras el consejo de Ministros, que "el diálogo con el Gobierno de la Generalitat está echando a andar", confesó que "se viene dialogando normalmente con Cataluña" y que "estamos en el plano de saber que hay que encontrar cauces para dialogar".

Sáenz de Santamaría confesó que "se viene dialogando normalmente con Cataluña" después de que trascendiera que Rajoy no descarta volver a reunirse con Mas

En Convergencia empiezan a advertirse señales de deshielo hacia Madrid. Las encuestas se muestran muy hostiles hacia CiU, en beneficio de los secesionistas de ERC. Al tiempo, la sociedad catalana se muestra mayoritariamente a favor de la consulta popular pero decae su pasión por la indepencia.

En esta tesitura, desde Moncloa se trata de buscarle a Artur Mas una salida al callejón en el que se encuentra. Cada vez más debilitado, cada vez más sometido al pacto con los secesionistas y cada vez con menor respaldo empresial, financiero y popular, el president es consciente de que su futuro electoral es muy negro. El Gobierno central quiere forzarle a que rompa de una vez con ERC y se acerque a una solución más moderada, quizás en el ámbito del PSC. Rajoy y Rubalcaba han hablado de ello. Y hay importantes personajes del mundo catalán que amparan y hasta promueven esa idea.

Por su parte, Montoro tranquilizó a la Generalitat prometiendo "toda la liquidez para hacer frente a sus necesidades de tesorería de este año"

Al tiempo, el Gobierno del PP lanza mensajes nada sutiles a la Generalitat para mostrar cuál ha de ser el camino. El portazo de Santamaría a Homs es uno de ellos. El conseller de Presidencia representa al sector más soberanista de Convergencia. En los últimos meses han sido frecuentes sus declaraciones nada amables hacia cuanto representa el PP. El martes se acercó a Madrid y pidió ser recibido en Moncloa por la vicepresidenta. No lo logró. Obtuvo un "no" por respuesta. Santamaría mantiene un diálogo mucho más fluído con su homóloga catalana, Joana Ortega, que además es de Unió, el partido de Duran Lleida, otro interlocutor privilegiado del PP. Lo recordó ayer mismo la vicepresidenta, al recordar que el dirigente democristiano "también ha abogado por el entendimiento y el diálogo".

Cristóbal Montoro, por su parte, hace lo propio con el conseller de Economía catalán Andreu Mas-Colell, con quien trata las grandes líneas de los asuntos económicos Estado-Generalitat. Montoro recordó el martes que la situación deCataluña "requiere mayor tacto" y tranquilizó a la Generalitat al prometerle "toda la liquidez pertinente para hacer frente a sus necesidades de tesorería de este año". Lo fundamental para el Gobierno catalán, dada la ruina en la que se encuentran sus arcas y su deuda, poder hacer frente a sus proveedores, pagar las pensiones y cubrir las nóminas de los funcionarios.


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