El presidente aún duda sobre la baja de quien fuera vicepresidente del Gobierno

Suspensión y expulsión: el PP usará el castigo a Rodrigo Rato como arma electoral

Tras el expediente vendrá la suspensión temporal. Y luego la expulsión. El PP reclama un escarmiento ejemplar con Rodrigo Rato. El caso de las tarjetas puede pasar factura. Le quieren fuera y cuanto antes. Las municipales están demasiado cerca.

Los barones del PP viven tiempos agitados. Muchos nervios. Las urnas se acercan y los sondeos muestran su faz menos complaciente. Cuando todo marchaba bien, con la recuperación en puertas, aparece un combinado fatídico: el ébola y las tarjetas de Caja Madrid. Entre Mato y Rato, un viacrucis en el peor de los momentos.

Después de cuatro días de confusión y caos, Sáenz de Santamaría tomó las riendas de la crisis del virus, envió a la ministra de Sanidad al rincón de los torpes y la situación se orientó hacia la normalidad. La gestación de 'otro Prestige' contra el PP quedó dinamitada antes de nacer.

La peste de las tarjetas negras

El caso de las tarjetas negras, sin embargo, vive sus momentos de mayor actividad, política, social y mediática. Más de ochenta consejeros jugaron con el plástico de la fortuna durante muchos años. Pero los nombres del latrocinio, a efectos de la opinión pública, sólo son Blesa y Rato. Es decir, el Partido Popular.  Blesa es un personaje desacreditado y amortizado. Su paso por Caja Madrid, a instancias de su amigo José María Aznar, mostró el aspecto más repulsivo de una clase dirigente que tomó al asalto las instancias públicas y políticas de este país con una impudicia sin límites.

En similar paquete aparece Rodrigo Rato, el'hombre que pudo gobernar'. Dos veces le ofreció Aznar nombrarle sucesor. Y dos veces lo rechazó. Primero, en una velada navideña en Baqueira, porque "tenía hijos pequeños". Sobre la segunda oferta no hay más explicaciones públicas que aquella de "Rodrigo no quiere", según relató Pedro J. Ramírez, con quien se confesó.

El sucesor fue Rajoy

Y no hubo una tercera. Cuando Rato acudió, mansamente, al despacho de su presidente para que le unciera con el puesto de sucesor, había llegado tarde. Aznar había dispuesto que el heredero sería Rajoy, quizás algo a su pesar. Pero no había otra y faltaba apenas un año para las generales.

Rato lleva más de treinta años en el Partido Popular y, durante los ocho años de gobierno aznarista, encarnó el mito del 'ministro del milagro económico'. Nunca demostró ser un experto en política económica, pero formó buenos equipos y contó con el sabio Barea en la oficina de Moncloa, colocado por el presidente. El ciclo europeo y las ayudas de la UE hicieron el resto.

Altivo, soberbio, irascible, implacable, despreciativo. Sus correligionarios apenas encuentran algún adjetivo elogioso para definirle. Y ahora quieren echarle del partido. Pretenden un escarmiento ejemplar. El PP necesita un firme gesto de lucha contra la corrupcióndespués de la tormenta Bárcenas y el terremoto Gurtel.

"El Gobierno será implacable"

Los barones y los cuadros intermedios con más trayectoria reclaman dureza con el expresidente de Bankia. Núñez Feijóo abrió la veda al afirmar públicamente que al menos "habrá que hacer un paréntesis en su militancia". Y añadió luego: "El Gobierno será implacable" con esos casos. La expulsión de Rato puede ser laapertura de la campaña electoral del PP. Eso al menos es lo que pretenden algunos responsables de campaña. Quizás se les logre.

De momento, el partido tan sólo le ha abierto un expediente. El Comité de Derechos y Garantías, reunido un día antes de que Rato acudiera a la Audiencia Nacional para declarar ante el juez Andreu, decidió no adoptar otras disposiciones hasta escucharlo. Rato ya ha dicho que no piensa renunciar a su condición de militante del PP. El Comité tiene dos meses (quizás hasta tres) para tomar alguna medida. Dijo Rajoy este viernes en Milán que "lo que haga mi partido estará bien siempre". Algunos observadores le dan por sentenciado.

Su caso va junto con el de otros doce afiliados que compartieron alegremente las tarjetas 'black'. Suspensión y expulsión, en grupo, en el mismo paquete. Para no señalar sólo a Rato. Una argucia de Fernández Mañueco, el presidente de esa comisión. Casi 30 de los consejeros de las tarjetas fueron nombrados a instancias del PP. Ahora solo quedaban 16 militantes. Tres de ellos se dieron de baja. Rato no lo hará, Forzará a Mariano a tomar la decisión.

Prudencia y tibieza

El PP reclama medidas ejemplares contra estos comportamientos turbios e inaceptables. En Moncloa hay coincidencia de opinión, por una vez. "El Gobierno está indignado con este asunto", manifestó la vicepresidenta Sáenz de Santamaría en su intervención tras el Consejo de Ministros. Hay prisa y casi unanimidad en la decisión de apartar al Rato del partido. Rajoy pretende la suspensión y no decidirá sobre la expulsión hasta ver cómo camina el frente judicial.

Prudencia para unos. Tibieza, para otros. "Si queremos seguir vivos en las municipales, Ratono puede seguir ni un día más en el partido", comenta un alto dirigente del PP. Pero Rajoy no quiere revuelos y sabe que hay veteranos dirigentes que no comparten ese criterio y que consideran que las 'ejecuciones al amanecer', como ha hecho el PSOE, que ha decretado expulsiones sin siquiera juicio sumarísimo, no son la norma entre los populares. Se tomarán medidas. Y drásticas. Pero la expulsión es cosa de Rajoy. Y no se decidirá en caliente.


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