En el Gobierno se opina que el triunfo del ‘no’ en el referéndum escocés rebajaría los humos de CiU

La pérdida de liderazgo de Mas en el frente soberanista complica la desactivación del choque con el Estado antes del 9-N

Por muy buena voluntad que ponga Felipe VI en mediar entre Mariano Rajoy y Artur Mas para evitar la colisión institucional que puede producirse el 9 de noviembre, fecha fijada para la consulta soberanista, será muy difícil desactivarla antes de ese día, según la reflexión compartida en los cuarteles generales de los dos grandes partidos.

En opinión del PP, el problema no es que Mariano Rajoy y Artur Mas retomen el diálogo interrumpido desde que el presidente de la Generalitat puso fecha y preguntas al referéndum las pasadas Navidades. El dilema proviene de la dificultad que ambos pueden encontrar para llegar a un pacto que, sin humillar a España, salve la cara de Cataluña, como diría Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, uno de los padres de la Constitución.

Una reflexión muy parecida se hace en la dirección saliente del PSOE, entre aquellos que desde hace un año han trabajado con Alfredo Pérez Rubalcaba para encontrar una solución, la reforma constitucional, que ayude al PSC, roto por dentro, a recuperar parte del espacio electoral perdido. “En estos momentos, un acuerdo interesa a casi todos, menos a ERC, pero ninguno de los principales actores dispone de margen para negociarlo anulando el conflicto antes del 9 de noviembre”, asegura un miembro del equipo de Rubalcaba.

Estos son los principales escollos que entorpecerían el arreglo, incluso en el supuesto de que la mediación de Felipe VI consiguiera volver a sentar en la misma mesa a Rajoy y a Mas para coger el toro por los cuernos:

  • Mas ha perdido el liderazgo del proceso. Hace tiempo que tanto en el Gobierno como en el PSOE, se coincide en que el presidente de la Generalitat no es el que decide en el frente soberanista, más allá del guion pactado con ERC e Iniciativa hasta el 9 de noviembre. Son Oriol Junqueras y la Asamblea Nacional Catalana, alimentados por la presión de la calle, los que pilotan el proceso y vigilan que Artur Mas no se aparte de la agenda prevista. Los compromisos que han contraído solo llegan hasta la firma del decreto de convocatoria del referéndum y lo que pueda pasar después sigue en el aire. En la dirección de ERC se da por hecho que ante la imposibilidad de celebrar la consulta habrá una reunión de alto nivel entre las fuerzas que integran el frente para decidir si se celebran elecciones plebiscitarias o, por el contrario, se estira la tensión narrativa hasta mayo del año que viene, fecha de unas elecciones municipales claves para el nacionalismo catalán y también para los republicanos.
  • El PP carece de margen para decisiones arriesgadas. Una de ellas sería abrir una reforma constitucional forzada por la presión independentista, como ha venido defendiendo Rubalcaba, y otra ceder en el nuevo modelo de financiación autonómica, que no verá la luz hasta después de las autonómicas y locales del año que viene. En ambos casos, Mariano Rajoy es consciente de que este tipo de decisiones arriesgadas pueden provocarle un auténtico incendio en su partido, al que urge recuperar el voto abstencionista en territorios clave como son Andalucía, Madrid y la comunidad valenciana.
  • El PSOE, ni está ni se le espera.  La despedida de Rubalcaba sigue siendo observada en el Gobierno con una gran preocupación ya que su enfrentamiento con Rajoy tenía mucho de sobreactuación: ambos se reunían a menudo y abordaban con absoluta confianza los asuntos de Estado, entre ellos el catalán. El presidente desconoce a quién tendrá como interlocutor del PSOE en poco más de un mes y si podrá prorrogar con él las mismas reglas de juego que había establecido con Rubalcaba para abordar tramas tan espinosas como la catalana. En el PP se comenta, a modo de consuelo, que siempre quedará la posibilidad de contactar con la presidenta andaluza, Susana Díaz, para encontrar algún referente con cierta autoridad en el principal partido de la oposición.
  • Solución: pactar el desencuentro. En el Gobierno se considera que, ante este panorama tan enrevesado, la mediación del Rey sí podría ser satisfactoria para que Rajoy y Mas pacten los desencuentros. Esto es, un guion a partir del 9 de noviembre que eluda la convocatoria de elecciones anticipadas en Cataluña, impida el sorpasso a manos de ERC y de tiempo para trabar complicidades entre La Moncloa y la Generalitat hasta el agotamiento de la legislatura autonómica en noviembre de 2016. Dos años en los que, incluso, el PP estaría dispuesto a respaldar los Presupuestos regionales de varios ejercicios con tal de sacar a Mas de la asfixia financiera y liberarle de las garras republicanas. ¿Qué podría empujar a Artur Mas a invertir su estrategia soberanista? En el Gobierno se opina que un triunfo del ‘no’ en el referéndum escocés, sería decisivo para rebajar los humos a CiU. La respuesta, el 18 de septiembre, una semana después de la Diada.

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