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El Príncipe y Rajoy frenaron el traslado del Rey a la Clínica Mayo para evitar el debate sobre la abdicación y la regencia

Don Juan Carlos iba a ser intervenido en Estados Unidos pero los planes se modificaron a última hora. El Príncipe no quiere oir hablar de asumir la Regencia. La ofensa a la sanidad pública española, otro factor que intervino en la decisión.

El Rey deberá someterse a una nueva intervención quirúrgica en la cadera izquierda.
El Rey deberá someterse a una nueva intervención quirúrgica en la cadera izquierda. Gtres

En la noche del miércoles, la decisión estaba tomada. El doctor Cabanela, el segundo mayor especialista del mundo en cirugía de cadera, había acordado con el equipo médico de Zarzuela el traslado del Rey a la Clínica Mayo de Rochester, donde ejerce desde hace años, para proceder a una nueva intervención de la cadera izquierda.

El doctor Cabanela, nacido en Mondoñedo y afincado en EE.UU. desde hace cuatro décadas, quería a toda costa actuar "en casa", en su quirófano. La infección postraumática de la cadera es muy infrecuente, apenas un caso de cada doscientos, pero había que prevenirlo a toda costa. Los antecedentes vividos en la clínica La Milagrosa no resultaban estimulantes, en especial por el necesario aislamiento del paciente, que el propio facultativo se encargó de recordar.

Sería finalmente en la Clínica Mayo, en Rochester. Traslado del Rey el martes 24 e intervención, con toda probabilidad, el viernes 27.  Un mes de posoperatorio en Minnesota y el retorno de Su Majestad a finales de octubre o principios de noviembre. Los preparativos estaban en marcha sin contratiempos hasta que la reflexión del Príncipe y del propio presidente del Gobierno, frenaron en seco los planes.

Sanidad pública

Intervenir al Rey fuera de España implicaba dos problemas de enorme trascendencia. Por un lado, se abría el debate sobre la abdicación o la regencia, dado que Su Majestad pasaría al menos cuatro o cinco semanas lejos de territorio nacional. Y por otro, que la operación tuviera lugar en una clínica privada de los Estados Unidos entrañaba un bofetón a la sanidad pública española, ahora en pleno ojo del huracán por recortes, externalizaciones y privatizaciones en la gestión.

Que la operación tuviera lugar en una clínica privada de EEUU entrañaba un bofetón a la sanidad pública española

El equipo del doctor gallego-americano, más sensible a las razones médicas que a las políticas, no pareció en principio muy convencido. El Rey -el miedo es humano- también estaba decidido a operarse en la Clínica Mayo, con más tranquilidad, más aislado, menos ruido. Y menos problemas médicos, quizás.  Pero, finalmente, la opinión de Don Felipe y las insinuaciones desde el propio Gobierno cambiaron el sentido de las cosas, según fuentes del Ejecutivo. No sin tener que imponer su criterio, puesto que Don Juan Carlos se veía ya volando hacia Rochechester y no le agradaba en demasía tener que modificar sus planes. Su confianza en el prestigio del la Clínica Mayo y en el doctor Cabanela resultaba un factor con enorme atractivo. Pese a ello, en la Casa del Rey se sumaron a la línea de decisiones impulsada por el Príncipe y, ganada la batalla, se empezó a preparar la comunicación pública de las novedades. El Monarca había dado el brazo a torcer.

En la mañana del viernes, este periódico, que ya había informado del retroceso en el estado de saludo de Don Juan Carlos, avanzaba tanto el nuevo paso del Monarca por el quirófano como las valoraciones en Zarzuela sobre la posibilidad de que la intervención se llevase a cabo en Estados Unidos.

El divorcio de los Príncipes

Una nota oficial desde la Casa del Rey hecha pública a mediodía del viernes confirmaba nuestra primera noticia. Había que operar de nuevo. Desde prensa de Palacio se decidió enviar este comunicado para silenciar rumores y aplacar el estrépito procedente de la jaula de grillos en que se habían convertido todas las redacciones. En especial, cortar de raíz los rumores que apuntaban a que lo que se iba a anunciar en la rueda de prensa convocada para las 6 de tarde era el divorcio de los Príncipes de Asturias. Tan alteradas andan las cosas entre Don Felipe y Letizia, que la grey periodística da por hecho un final abrupto y no lejano.

La segunda exclusiva de Vozpópuli quedaba confirmada por el propio jefe de la Casa Real, cuando aseguró que se había estudiado la posibilidad de que la cirugía tuviera lugar fuera de nuestro país, aunque se optó finalmente por hacerla en casa. No lo dijo expresamente, pero ha trascendido que muy posiblemente el Hospital madrileño de La Paz sea el elegido.

Ni el Gobierno ni el Príncipe el Rey quieren ahora que se abra el melón de la abdicación o de la regencia

Dos riesgos a evitar

Ni el Gobierno ni el Príncipe ni el Rey quieren que se abra ahora el melón de la abdicación o de la regencia. En plena crisis económica, sumidos en las tensiones catalanas y con el escándalo Urdangarín de por medio, no procede abordar ahora cuestión de tal calado. Spottorno lo dejó sentenciado en la rueda de prensa, al afirmar que el Rey no se ha planteado abdicar, en contra de la rumorología imperante. Alguna cadena nacional ya preparaba programa especial sobre la renuncia del Monarca. Y también incidió el jefe de la Casa en la posibilidad de la inhabilitación, asunto al que dedicó unos párrafos pedagógicos sobre el particular. La iniciativa para el caso de inhabilitación del Jefe del Estado la adoptan las Cortes en sesión conjunta. En el caso de acordarse la incapacidad del jefe del Estado, el Príncipe asumiría inmediatamente la Regencia con todos los poderes y atribuciones.

Se está a la espera, no obstante, de que el Gobierno impulse la elaboración de la tantas veces reclamada Ley Orgánica sobre la Corona, llamada a desarrollar algunos artículos del Título II de la Constitución, ahora imprecisos, ambiguos y manifiestamente insuficientes. En especial lo referido a la Regencia, ya que no se precisan ni plazos ni mayorías necesarias para su adopción. Es muy posible que este nuevo episodio en torno a la salud del Monarca espolee a los legisladores, en forma prudente pero firme, a afontar decididamente la necesaria Ley de la Corona.  

Proceder a un desplazamiento del Rey fuera de España para ser intervenido abriría las puertas al debate de la Regencia. Cuando el Rey esté de baja a causa de su operación, el Príncipe asumirá el papel representivo de la Institución, como ya ha hecho en otras oportunidades, pero sin los atributos del Jefe del Estado. El doctor Cabanelas habló de una inactividad del Monarca de entre dos a seis meses, por lo que Don Felipe será el encargado de presidir la Fiesta Nacional, aunque no podrá hacer lo propio con la Cumbre Iberoamericana, propia en exclusiva de jefes de Estado y de Gobierno.


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