El Monarca se siente fuerte y 'encoraginado' y no piensa en la abdicación

'El pacto de la Zarzuela': así se fraguó la alianza entre el Rey y el Príncipe para rescatar a la Corona

Botsuana, Corinna y el 'caso Urdangarin' los distanció. Agua pasada. El Rey y el Príncipe han olvidado antiguas discrepancias y se han conjurado en un empeño común para salvar a la Corona. Lo llaman 'el pacto de la Zarzuela'.

El Rey y el Príncipe caminan de la mano, trabajan juntos, se distribuyen funciones, se reparten papeles, se complementan. Han dejado atrás algunas discrepancias, disensiones y hasta disputas del pasado y, desde hace meses, han formado un equipo, un tándem sólido y cohesionado con un único objetivo: rearmar política y socialmente la imagen de la Corona y rescatarla de la sima de descrédito en la que se encuentra. Es lo que algunos visitadores de Palacio definen como 'el pacto de la Zarzuela'. Una operación de emergencia.

El descrédito de la Institución bordeó el límite de lo soportable hace dos años, con Botsuana, la cacería, la princesa Corinna...y prosiguió in crescendo con revelaciones de vergonzantes episodios del 'caso Nóos' y nuevas visitas del Monarca al quirófano. Las réplicas del terremoto alcanzaron incluso a los Príncipes de Asturias y a la estabilidad de su matrimonio. Un bienio desbarajustado y eléctrico en el que demasiadas instancias hasta entonces estables, inmutables y casi perennes, contemplaron de cerca la negra boca del cataclismo.

Versiones inquietantes

Los primeros síntomas de la reacción y los primeros pasos del cambio se advirtieron este verano. Alerta roja en la Zarzuela. El horizonte de la Institución aparecía sumamente amenazado, la popularidad de la Corona se deslizaba hacia el subsótano y la frágil salud del Rey alentaba versiones inquietantes. El verano fue terrible, con el Rey varado en Palacio por la infección de la cadera, la familia disgregada, el Príncipe en Palma con sus hijas, la Princesa sola por Madrid...

El 'fichaje' del doctor Miguel Cabanela, sigilosamente 'reclutado' desde la clínica Mayo para poner en orden la 'cadera Real', precipitó el cambio de rumbo en Palacio. Como en los buenos tiempos de Sabino (Fernández Campos), se modificó una decisión del Monarca. Nada de trasladarse a Estados Unidos para la intervención. Sería en Madrid, en un hospital español. Y así se hizo. Todo empezó luego a ir más rodado. Largas y frecuentes conversaciones entre el Rey el Príncipe embocaron la nueva estrategia que pasaba por un trabajo estrechamente sincronizado. Había que reconducir la deriva declinante de la Corona, sustraerla de errores pasados y mantenerla a flote a cualquier precio.

Situaciones inéditas

En seguida se apreciaron signos de esta nueva etapa. El Rey pasó dos veces por el quirófano y, en contra de su costumbre, respetó con obediencia castrense las instrucciones del cirujano y cumplió a rajatabla el programa de la rehabilitación... Era preciso acabar con la imagen de un Rey enfermo, envejecido y casi postrado en un sillón de orejas. El Príncipe, paralelamente, asumía funciones de representación del Monarca en situaciones hasta entonces inéditas, como en la Fiesta Nacional o la Cumbre Iberoamericana.

Compenetración, reparto de funciones, complementariedad absoluta. Rey y Príncipe, mano a mano, con despachos periódicos, análisis conjuntos de la situación. Nada que ver con la teoría de un Rey empecinado en salvarse en solitario, en eternizarse en la poltrona, y un Príncipe paciente y a la espera mientras se le va poniendo cara de Carlos de Inglaterra. Esto no va así. "O nos salvamos juntos o no se salva nadie", vino a ser el eje de este 'Pacto de la Zarzuela'.

El matrimonio de los Príncipes

Había para ello que relanzar la figura del Rey y, de paso, recuperar también la de los Príncipes. Un trabajo en dos direcciones. El Monarca, recuperado poco a poco de sus dolencias, ha emprendido una intensa y muy llamativa actividad pública. Algunos viajes disparatados (como el raid por el Golfo Pérsico, sin mayores objetivos conocidos), continuos desplazamientos (a Roma, a la canonización de Juan Pablo II y Benedicto XVI, a Lisboa), audiencias sin fin... Apenas hay un día sin acto en la agenda.

Resulta imprescindible para los planes de la Zarzuerla ocupar espacios informativos, colocar fotografías en las portadas, recuperar el tiempo perdido. Junto a esta intensa exposición pública, el Monarca recibe en privado a políticos, juristas, catedráticos, empresarios... con quienes aborda el principal asunto del momento, el peligroso desafío separatista de Cataluña. Una labor en la que se compenetra a la perfección con el Príncipe que se ha desplazado ya en seis ocasiones a territorio catalán en lo que va de año y tiene previsto hacerlo una quincena de veces más. Estas visitas se coordinan con la Moncloa y, en ocasiones, con el minsitro de Exteriores.

Popularidad estancada

La frenética actividad del Monarca empieza a apreciarse positivamente en los sondeos, según revela la Zarzuela en base a estudios demoscópicos quincenales que nadie más conoce. El CIS, sin embargo, es mucho más severo. Se detecta una cierta recuperación del sentimiento popular hacia la Monarquía, pero aún en la zona del suspenso.

En este marco de actuaciones, también los Príncipes de Asturias se afanan ahora por modificar algunas actitudes, por despejar determinados borrones que afectan a su matrimonio. Don Felipe goza del respeto y el cariño popular, pero doña Letizia no tanto. El verano pasado todo eran rumores de crisis en la pareja y hasta el diario monárquico por antonomasia llegó a hacerse eco de estas versiones ¡en su portada!, sin adjuntar información contrastada alguna. "Altibajos", dijo a modo de explicación, una fuente oficial de la Zarzuela, en una expresión muy poco afortunada. Tambien en este frente está funcionando 'el pacto de la Zarzuela'.

Los Príncipes han vuelto a prodigarse en público, a dejarse ver en lugares de ocio, a transmitir una imagen de ejemplaridad matrimonial casi olvidada. El décimo aniversario de su enlace nupcial está cumpliendo a la perfección como plataforma de relanzamiento de la pareja. Estreno de cuenta en Twitter, fotos con sus hijas, escapada cultural a Toledo... La incorporación de las infantas Leonor y Sofía a los actos oficiales es también clave en este rearme de la Institución para asegurar la continuidad dinástica. Leonor asistirá oficialmente a Oviedo, acompañando a sus padres, a la ceremonia de entrega de los premios Príncipes de Asturias. Adolfo Suárez decía que "tenemos que trabajar no sólo para que el Príncipe asuma el Trono, sino para que pueda asumirlo en un futuro el heredero del Príncipe".

¿Abdicación en 2016?

El Rey y el Príncipe reman ahora ardorosamente unidos para salvar la Corona. O sea, para salvarse. El Príncipe ayuda en todo a su padre. Primero hay que reflotar la Institución, luego, cuando corresponda, podrá pensarse en renuncias o abdicaciones. Aparece ahora la versión de que Su Majestad podría tantear la fecha de 2016, cuando se cumplen 40 años de su reinado, y una vez superado el trance del referéndum independentista catalán y se hayan celebrado las primeras elecciones generales del presidente Rajoy. Demasiado aventurada la quiniela.

Nadie habla ahora de abdicaciones o de renuncias. Incluso quienes hace un año lo hacían abierta y sonoramente, ahora se enfrentan a quienes apostillan lo contrario. El volantazo de la Zarzuela ha dejado en evidencia a prepotentes cortesanos que dicen dictar los rumbos y estrategias de la Corona. Ahora lo más duro será recuperar la credibilidad de un Rey que predicaba ejemplaridad mientras ni en su caso, ni en su Familia, ni en Palacio se cumplía con tal precepto. Pero algo ha cambiado. El general Sanz Roldán, director del CNI y visitante asiduo de Palacio, comentaba días atrás que el Rey está "encorajinado, recuperado y envalentonado" y no dedica medio minuto a la contemplar la posibilidad de ceder el Trono. Tiene demasiados asuntos por atar y por cerrar antes de seguir los pasos de Alberto de Bélgica o Beatriz de Holanda. Si es que algún día los sigue.


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