Incógnitas y rumores sobre la agenda oficial en Marivent

El verano 'caliente' de la reina Letizia: presiones en Zarzuela para que renuncie a su 'espacio propio'

El pasado verano fue traumático en la Zarzuela. Nubarrones de crisis y situaciones fuera de control. Todo ha cambiado de raiz. Pero, ¿intentará la reina doña Letizia mantener ese 'espacio propio' que reivindicaba cuando era Princesa?

La reina Letizia siempre ha utilizado su 'espacio propio' como vía de escape, algo que ha generado críticas
La reina Letizia siempre ha utilizado su 'espacio propio' como vía de escape, algo que ha generado críticas Gtres

"Parece otra desde que es Reina", comentaba hace días un miembro de la Familia Real muy próximo a don Juan Carlos. La frase era elogiosa, sin segundas. Doña Letizia ha cambiado en un mes casi tanto como la monarquía. El momento cumbre de la gran metamorfosis quedó gráficamente plasmado cuando, ya reina, se acercó a su suegro en el balcón del Palacio Real y, ante la mirada de miles de ciudadanos, se acercó hasta su suegro y le condecoró con un beso. Unas horas antes, durante la ceremonia de la abdicación, en la Zarzuela, don Juan Carlos había incurrido en una descortesía incalificable: ignoró soberanamente a su nuera durante toda la ceremonia. Triste colofón a un momento histórico en la Familia Real.

Doña Letizia, al margen de estos episodios que forman parte del pasado, ha asumido con entusiasmo su nuevo personaje: el de reina. Tiene un brillo diferente en los ojos, ofrece una imagen más madura, mayor elegancia en el porte, más comedida en el gesto (salvo cuando pronuncia discursos en los que sigue recordando a la excelente periodista que fue, apasionada, vehemente e intensa), viste de Hugo Boss y... sigue saliendo con sus amigas. A cenar a un vegetariano, nos contaron estos días. ¿Y qué pasará este verano? ¿Seguirá siendo 'ella misma'?, como dicen que pretende.

En Zarzuela le han sugerido lo inconveniente que resultaría el que se reserve unos días para alimentar lo que ella misma bautizó como 'espacio propio' o similar. A la reina no le gusta Marivent, el palacio real de Mallorca, no le gustan los barcos, odia los pantalanes, abomina del ambiente pijo de las regatas y no le cae demasiado bien determinada fauna que por ellas pululan. Tampoco le gusta esquiar. Nunca ha sabido sostenerse sobre unas tablas. Es decir, que no le agrada nada de aquello que le divierte al rey cuando tiene unos días de asueto.

Escapadas en secreto

Ante ese panorama, y habida cuenta de los precedentes, una 'espantada' (bajo control) de doña Letizia es el objetivo número uno a evitar. Durante los meses en los que el matrimonio de los Príncipes de Asturias corrió serio peligro, doña Letizia viajaba secretamente a Lisboa, a Miami, a Londres... a casas de amigas. Excursiones que se fueron conociendo pasado el tiempo. Le agobia el estricto ambiente de La Zarzuela y hasta el papel de princesa le provocaba momentos de escozor y de hastío. "No le llenaba", comenta alguien muy próximo a su familia. De ahí su tendencia a huir de la agenda y a montarse sus particulares programas.

Se la verá en agosto en Mallorca, naturalmente, con el rey, sus hijas, con doña Sofía, que adora la isla y quiere mucho a su nuera. Quizás también con la infanta Elena y sus hijos. Pero la gran incógnita, y para Zarzuela, el gran temor, es si, fiel a su personalidad, dedicará algunas jornadas a sus cosas, y se descolgará unas fechas lejos del protocolo y el calendario oficial.

Aquel verano negro

El verano pasado fue época de turbulencias en Palacio. Se habló de crisis y de algo más. Las enfermedades del rey, las tensiones por el caso Urdangarin, la propia personalidad de la entonces Princesa de Asturias amenazaba con desgajar lo que llevaba unido casi diez años. Un precipitado viaje de doña Letizia a Madrid, dejando en Mallorca a esposo e hijas, produjo un efecto fulminante. Los seudoexpertos en estos asuntos y, alguna portada de prensa monárquica, dieron en hablar incluso de ruptura. "Esto no dura dos meses", llegó a decir un personaje que ya no deambula por los salones de Palacio. "Esto", claro está, era el matrimonio entre don Felipe y doña Letizia.

Sembrar cizaña

La reina siempre ha reclamado su 'espacio propio', sus momentos de diversión y su ámbito para poder respirar. La vida oficial, en algunos momentos, se le caía encima, susurraban miembros del anterior equipo de la Casa, que han cizañeado todo lo que han podido en estos últimos tiempos. Para reforzar al declinante don Juan Carlos sembraban los mentideros madrileños con todo tipo de versiones sobre la entonces princesa. Aireaban sus escapadas rockeras, sus cenas con amigas, sus viajes fuera de programa. Y llegaron incluso a titularla como la 'Princesa de 9 a 5', una broma que consiguió relativo éxito.

Mientras don Felipe subía en la estimación de la sociedad de acuerdo con los sondeos demoscópicos, doña Letizia no lograba despegar. Sin embargo el último sondeo del Instituto Elcano le otorgaba ya algo más de un aprobado en cuanto su papel como reina y su función como apoyo al rey. Algo está cambiando. Y deprisa.

Altibajos y nubes negras

Con una personalidad fuerte y una cierta rigidez en los actos públicos, nunca se le ha considerado una persona extremadamente simpática. El terreno estaba abonado para que cundiera la especie de la ruptura e incluso para que salieran a la luz los supuestos acuerdos para caso de divorcio suscritos por la pareja, antes de su enlace, en un conocido bufete de abogados madrileño. Custodia de los niños, pensión, patrimonio inmobiliario. Quincalla vieja vendida luego a precio de oro en aglunos medios. Las nubes negras, en efecto, se posaron durante semanas sobre el 'Pabellón del Príncipe' de Somontes. "Altibajos como en todo matrimonio normal", explicaron desde la Casa del Rey, en una puntualización que desbordó aún más la intensidad de los rumores.

Amigos de la pareja, en especial de doña Letizia, no dudaban de que había algún 'enemigo en casa', que en lugar de poner coto a las versiones y el cotilleo más zafio y ramplón, las alimentaban taimadamente. La única obsesión por entonces en el equipo de Palacio era sostener la imagen del rey don Juan Carlos, con cierto menosprecio hacia su nuera, defendida ardorosamente por doña Sofía.

De aquellos inapropiados comportamientos se tomó nota. El raudo relevo en el equipo de la Casa Real, a escasos días de la proclamación de don Felipe, tuvo mucho que ver con ese nivel de desconfianza. Nada de 'periodo de transición' ni de 'cambios pausados', como se decía. Felipe VI hizo público el nombramiento del jefe de su Casa, el muy leal y eficiente Jaime Alfonsín, apenas tres días después de su ascensión al trono, con tan sólo un fin de semana de por medio. "Cayeron ya algunos mentecatos", se escuchó entonces en el entorno de los reyes.

Aniversario matrimonial

El panorama cambió radicalmente desde la llegada del nuevo año. Don Juan Carlos le comunicó a su hijo, a primeros de enero, que había decidido abdicar. Nada se dijo de fechas ni plazos. Pero quería irse. Don Felipe se afeitó la barba y coordinó con su padre un plan para recuperar dos puntos débiles de la Corona. Primero, la destartalada imagen de don Juan Carlos, mediante viajes, apariciones públicas, presencia en los informativos televisivos. Y, en segundo lugar, su propio matrimonio, tan manoseado por la opinión pública.

La oportunidad la dio el calendario. El décimo aniversario de su enlace sirvió de catapulta para lanzar una campaña de pareja feliz, con escapadas nocturnas al cine, a restaurantes madrileños, y alguna excursión con las infantas. El 'pacto de la Zarzuela' funcionó de maravilla. En especial, en lo referido a la segunda mitad del acuerdo. La entonces Princesa de Asturias colaboró activamente, aún manteniendo su reivindicaicón de su 'espacio propio' para respirar. La crisis anunciada comenzó a debilitarse. El horizonte se encauzaba. La Corona se recomponía en la figura de los herederos.

Espectacular vuelco

Tras la proclamación de don Felipe su esposa ha experimentado un vuelco espectacular en su comportamiento y en sus comparecencias públicas. Se ha transformado en una mujer más serena y apacible, mucho más consciente de cada gesto, de cada comentario, de cada intervención. "Me gusta lo de Reina Felicidad", le comentó el viernes en un acto de la Cruz Roja a uno de los oradores que transformó su nombre, por error, de 'Queen Letizia' en 'Queen Felicity'. He aquí la nueva Happy Queen.

Introdujo en una audiencia real a la asociación de gays y lesbianas, con cierto escándalo en algunos círculos bienpensantes, todavía estupefactos por la supresión del Te Déum en la proclamación. En el mencionado acto con la Cruz Roja, doña Letizia pronunció unas palabras muy especiales: "Gracias por ayudar a ciegas, pero mirando a los ojos a ese ser humano, ése, el que lo necesite, quien sea, sin fijarse en la bandera, la patria o la piel, sin preguntar y sin juzgar". Sensible, sentido, buenista, intenso. Redondo. Entre Obama y Gabilondo.

Don Juan Carlos ha desaparecido del mapa un mes después de la proclamación. Tan sólo una escapada a cenar con el equipo saliente de la Casa. El resto, en Palacio, afectado de síntomas de depresión, tal y como publicó Vozpópuli. No se encuentra nada bien el viejo monarca. Necesita aún los bastones, pese a las predicciones del doctor Cabanela, que dijo que en primavera ya andaría como un infante. Su hija Cristina se mantiene a la espera de la decisión de la Audiencia de Palma, tras un tenso pulso de togas entre el juez Castro y el fiscal Horrach sobre su futuro. Malos tiempos para los viejos tiempos.

Doña Letizia, por contra, ha asumido con entusiasmo su nuevo papel, el de reina. Tiene un brillo diferente en los ojos, ofrece una imagen más madura, viste de Hugo Boss y... sigue saliendo con sus amigas. A cenar a un vegetariano, nos contaron estos días. ¿Y qué pasará en verano?


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