El presidente de la Generalitat busca concurrir junto a ERC en las europeas y en las autonómicas

Mas confía poco en la celebración del referéndum, pero sí apuesta por la declaración unilateral de independencia

Los gestos de distensión entre el Gobierno y la Generalitat no han aplacado la fiebre soberanista de Artur Mas. El presidente de la Generalitat reconoce en privado que hay muy pocas posibilidades de que llegue a celebrarse el referéndum, pero su guion incluye una futura declaración unilateral de independencia, es decir un violento choque de trenes con el Estado.

Hace semana y media, Artur Mas recibió a Alfredo Pérez Rubalcaba en su despacho de la Generalitat y le trasladó su hoja de ruta para los próximos meses. En ella apenas se reserva un espacio para el referéndum soberanista, ya que el propio Mas, a pesar de que le pondrá fecha y pregunta antes de fin de año, tiene nulas esperanzas de que llegue a celebrarse. Es en lo único que coincide con Josep Antoni Durán i Lleida: ir a la consulta sin la autorización del Gobierno, sería una locura.

Antes de fin de año, Mas pondrá fecha y contenido a la pregunta del referéndum, pero desconfía de su celebración sin la autorización previa del Gobierno

A partir de ahí, el guion expuesto por Mas a Rubalcaba tiene varios escalones: la concurrencia con Esquerra Republicana a las elecciones europeas de mayo en una lista conjunta para que el sorpasso y el desplome de CiU quede disfrazado, el posterior viaje también conjunto con los republicanos a los comicios autonómicos y, finalmente, la declaración unilateral de independencia promovida por un nuevo Parlamento al que todas las fuerzas políticas en él representadas deberían haber llegado tras unas elecciones plebiscitarias.

El secretario general del PSOE ha transmitido a su equipo de colaboradores que solo atisba a ver un horizonte de choque de trenes entre Cataluña y el Estado, ya que Mas no tiene intención alguna de recular, a pesar de las presiones que está empezando a recibir de importantes empresarios y financieros, alarmados ante el panorama que puede abrirse para sus negocios en el caso de que la comunidad autónoma en la que tienen asentadas sus sedes acelere el camino hacia la independencia.

Rubalcaba salió de la entrevista con Mas con la impresión de que el presidente de la Generalitat no planea recular en su plan soberanista

Al igual que al inicio de la crisis las principales entidades financieras hicieron sus simulaciones sobre su alcance y profundidad, ahora también hay firmas muy conocidas en el sistema financiero que han hecho sus proyecciones ante un escenario de independencia. No están solo en juego los elementos que suelen barajarse desde las fuerzas políticas para convencer  de que una Cataluña independiente iría al desastrepago de pensiones, financiación de una deuda superior a los 50.000 millones…-sino también la preocupación que han empezado a mostrar los clientes de algunos bancos por la falta de cobertura que tendrían sus ahorros al quedar fuera de la cobertura del Fondo de Garantía de Depósitos.

Mucha preocupación y también falta de respuestas ante un desafío que también está resquebrajando la cohesión interna dentro del PSOE. Si bien Rubalcaba acudió junto al líder del PSC, Pere Navarro, a su entrevista con Artur Mas, las discrepancias entre ambos son mayúsculas y al propio Rubalcaba cada vez le está siendo más difícil sostenerse en el fino alambre que todavía conecta la sede federal de Ferraz en Madrid con la calle Nicaragua en la que los socialistas catalanes tienen su cuartel general en Barcelona. En la noche del pasado martes, cuando se votaba la moción presentada por el partido de Rosa Díez en contra del derecho a decidir, Rubalcaba se dio cuenta por primera vez de que el conflicto catalán no solo amenaza la relación entre el PSOE y el PSC, sino también su propia autoridad y la cohesión interna dentro de su partido.

El presidente de la Generalitat busca una alianza electoral con Esquerra para disfrazar el sorpasso por parte de los republicanos

Es, según se reconoce en la ejecutiva socialista, la situación menos conveniente para encarar un programa soberanista que incluye dos procesos electorales y la gestión de un Parlamento que, según todas las encuestas, tendría a ERC como fuerza hegemónica.


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