La Generalitat se aferra a la cifra de los dos millones de votos

El plebiscito ilegal de Artur Mas no logra movilizar al setenta por ciento de los catalanes

Dos millones de votos era el objetivo y así ha sido. Sin censo, ni junta electoral, ni colegios electorales, ni integrantes imparciales de las mesas, ni interventores, ni control en el recuento... La Generalitat lo tenía fácil. Pero la participación apenas supera el treinta por ciento del censo. Un dato polémico y que ayer era objeto de distintas interpretaciones en las filas soberanistas.

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, votando en la escuela Pia de Balmes
El presidente de la Generalitat, Artur Mas, votando en la escuela Pia de Balmes Efe

Los independentistas siguen en las cifras de siempre. Pese a lo ilegal y estrafalario del referéndum, apenas cosechan nuevas adhesiones. El índice de participación se situó por encima del 30% de la población de Cataluña con derecho a voto, de acuerdo con algunas estimaciones. Al no existir un censo electoral oficial, tan sólo cabe recurrir a otro tipo de cálculos. El más admitido fundamenta ese índice de participación en el hecho de que, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística, la 'población residente' en Cataluña nacida antes de 1998, (este domingo podían votar los mayores de 16 años) y por tanto convocada para las urnas es de 6.228.531 personas. La Generalitat sin embargo maneja otras cifras y habla de 5,4 millones de ciudadanos en Cataluña y 900.000 extranjeros residentes. Juegos malabares para una consulta sin garantías. En cualquier caso, un resultado más que discreto.

En anteriores consultas, las cifras eran otras. El 56 por ciento en 2012, el 53 en 2011, el 48 en 2010, el 57 en 2008...son elecciones no parangonables pero sirven para hacer una idea de la orientación del voto. El actual Estatut fue aprobado por casi 1.900.000 papeletas. Los partidos independentistas habían logrado casi 1.800.000 sufragios en las últimas autonómicas. De ahí la importancia de ofrecer la cifra de los dos millones. Pura propaganda, de efecto balsámico para la población partidaria del derecho a elegir su futuro. En resumen, el voto secesionista no logra acercarse ni de lejos a la barrera del cincuenta por ciento, algo que se considera imprescindible para la celebración de una consulta legal con pretensiones de diseñar la nación catalana del futuro.

Después de dos largos años de promover esta cita con las urnas, en una campaña de propaganda política y mediática sin precedentes, con todos los medios públicos y semipúblicos entregados profusamente a la tarea de, convencer a los catalanes, primero, de que "España nos roba" y, segundo, de que una sociedad tiene derecho a elegir su futuro, el resultado no podía ser otro.

Referéndum definitivo

El plebiscito ha sido el objetivo único de una acción de gobierno caracterizada por una gestión penosa con uno presente económico endeudado hasta la bancarrota. Pero esos dos millones de respaldos de este domingo serán utilizados por Artur Mas tanto para mantenerse al frente de la Generalitat, señalar el calendario de los próximos meses y, fundamentalmente, presentarse ante el Gobierno central desde una actitud reivindicativa.

"Nos hemos ganado el derecho a un referéndum definitivo", dijo este domingo Artur Mas al contemplar las previsibles largas colas de ciudadanos antes las urnas. El PP catalán hablaba de 'pucherazo'. Es posible. Pero también comentaba en sigilo lo solos que les ha dejado su Gobierno. Los secesionistas han impuesto su voto y su ley. Han hecho el ruido necesario para poder salir a la calle con la mueca del vencedor en el rostro. Nada tenían enfrente. Ni la Justicia, ni el Gobierno ni el Estado. Pudieron celebrar su consulta sin mayores objeciones que un par de contratiempos jurídicos que se tendrán que solventar en su momento. Anoche la fiscalía emitía un comunicado anodino en el que hablaba de que se valorarán "la posible concurrencia de responsabilidades penales". El ministro de Justicia también se manejó en la misma línea de no plantarle cara a la actuación ilegal de la Generalitat.

Ochocientos puestos acogían en el centro de prensa a periodistas llegados de todo el mundo. No tuvo esta consulta el tirón mediático internacional de la escocesa, por más que los voceros de la Generalitat pretendieran sacar pecho a lo largo de la jornada. Pero sí consiguieron despertar un cierto eco, que es de lo que se trataba. Los catalanes votaron  que quieren votar su futuro. Es el titular que se buscaba. Y se consiguió.

Ausencia de incidentes

Con la placidez y ausencia de incidentes prevista, la Generalitat celebró su pseudo-consulta electoral, en pseudo-colegios electorales, con pseudo-urnas y pseudo-papeletas en una jornada pseudo-plebiscitaria. Todo fue un sucedáneo de referéndum menos las palabras reivindicativas de Artur Mas quien se mostró abiertamente satisfecho por el grado de colaboración cívica e incluso ofreció un tono de desafío a la fiscalía al declarar: "Si buscan un responsable, soy yo".

Cabe pensar que, responsables, sin duda, se buscarán a partir de este lunes ya que la fiscalía había incoado diligencias de investigación para que tanto la conselleria de Enseñanza como los Mossos informen sobre la utilización de centros públicos para usos de colegio electoral, o para que se documente la actuación de los responsables de esos colegios a la hora de permitir el acceso y la utilización de sus locales para la consulta. Mas puede haber incurrido en delito de desobediencia, prevaricación, vulneración del protección de datos y hasta sedición, según algunas fuentes.

Los jueces respetan las urnas

Pero la Justicia no estaba este domingo por la labor de interrumpir la jornada reivindicativa. Tras sendas denuncias interpuestas este domingo por UPyD y Plataforma por Cataluña, el juez de guardia de Barcelona descartó la retirada de las urnas por 'desproporcionado' y porque las razones de orden público lo 'desaconsejan'. Otros dos jueces catalanes se mostraron en igual sentido. La fiesta cívica, debía continuar.

Y hasta votó Jordi Pujol, el gran defraudador, el evasor fiscal, el padre de una familia salpicada por el escándalo y por los turbios manejos de los fondos públicos. Tres hijos imputados a la espera de novedades judiciales. Pujol recibió algún insulto al acudir a votar. Sólo dijo que está "contento" y se fue corriendo para casa.

Sentimiento de triunfo

Mariano Rajoy, que siguió desde la Moncloa el curso de la jornada, había señalado días atrás que "ni es una consulta, ni un referéndum ni cosa parecida", y recordaba que la votación carece de cualquier tipo de efectos jurídicos. Desde el Gobierno central se enviaban mensajes displicentes hacia la consulta. Un portavoz recordaba que se trata de "un ejercicio antidemocrático e inútil", amén de que "carece de toda validez". No tiene, en efecto, consecuencias jurídicas, por lo que se trata de un ejercicio en el vacío. Estas fuentes subrayaban, sin embargo, que la actitud mostrada por Mas a lo largo de la jornada supondría un efecto negativo a los efectos del marco que se abre hoy mismo. "Su actitud dificulta mucho el futuro", concretaban desde la Moncloa.

Este domingo mismo el presidente de la Generalitat tiene previsto enviar a Rajoy una misiva en la que solicitará la apertura de un diálogo sobre el documento de 23 puntos que le entregó en su última visita a la Moncloa. Mas está crecido. Ha salvado el severo compromiso adquirido hace tiempo de celebrar una consulta sobre el futuro de Cataluña. Había prometido que el 9-N los catalanes tendrían urnas y papeletas. Y lo ha hecho. De forma chapucera, estrambótica, falsaria e inane, lo ha logrado.

Sus altavoces mediáticos han insistido durante las últimas horas en el éxito sin precedentes de la consulta, en lo extraordinario de la participación y en el ejemplar ejercicio democrático ofrecido desde Cataluña al mundo. Un protocolo elaborado tiempo atrás por la ACN, la asociación independentista que moviliza a los voluntarios que este domingo han ejercido de herramienta imprescindible para que se celebrara la liturgia del voto.


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