Ha sido el del nuevo Rey un discurso de grueso calibre en el que ha señalado de forma implícita las principales preocupaciones con la que estrena su reinado: la mala imagen de la Monarquía, el reto soberanista en Cataluña, la creciente desafección hacia las instituciones y el cáncer del paro que asola, sobre todo, a los jóvenes.

Por una Monarquía renovada para un tiempo nuevo

Felipe VI ha recordado la figura de su padre, ausente del acto de proclamación, para acentuar el papel que tuvo “en el gran proyecto de concordia nacional” y que ha concluido “con un reinado excepcional”. También ha agradecido a su madre, la reina Sofía, en la tribuna de invitados junto a la Infanta Elena, su “lealtad” a don Juan Carlos, su “dignidad y sentido de la responsabilidad”. Palabras nada huecas. Pero, a continuación, ha esbozado una autocrítica implícita al funcionamiento de la Corona durante todos estos años. “La Corona debe buscar la cercanía con los ciudadanos, saber ganarse continuamente su aprecio. Para ello debe velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra”. Solo con ello, ha advertido Felipe VI en un mensaje que también conviene subrayar, la Corona “se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para ejercer sus funciones”. Los ciudadanos, ha abundado el Rey, “demandan principios morales y éticos y que la ejemplaridad presida la vida pública”. Compromiso claro y directo: Crear “una Monarquía renovada para un tiempo nuevo”.

Cataluña: respeto a la ley, sin uniformidad

La tribuna central de invitados la han ocupado los expresidentes Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. A pocos metros, han encontrado asiento el presidente vasco, Iñigo Urkullu, el catalán, Artur Mas, y el gallego, Alberto Núñez Feijóo. Ni Urkullu ni Mas han aplaudido el discurso del Rey, a pesar de que se ha despedido en vasco,  en catalán y también en gallego. En la cara larga exhibida por Mas han influido, quizás, los avisos directos que Felipe VI ha enviado, sobre todo, al nacionalismo catalán y a su referéndum soberanista. “Quiero reafirmar como Rey la unidad de España”, ha sentenciado. “La España unida y diversa” debe basarse “en el respeto a la ley”. Estas advertencias las ha combinado con un llamamiento a todas las partes implicadas en el conflicto a que no rompan “nunca los puentes de entendimiento”.

El Rey ha dado señales, sin embargo, de que su apuesta por principios básicos como la unidad de España y el respeto a la ley no están reñidos con el inmovilismo. “Unidad no es uniformidad, desde el respeto a la ley caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben las distintas formas de sentirse español”. Algo tan sensible para los nacionalistas como es la lengua, debe formar “parte de un patrimonio común y debe de ser objeto de especial respeto y protección” Y para respaldar sus convicciones ha mencionado, incluso, a Machado, Espriu, Aresti y Castelao. Ni con esas ha arrancado el aplauso de Urkullu y de Mas.

El paro, atención prioritaria

En el arranque de su reinado, Felipe VI ha llamado también a las fuerzas políticas – de su proclamación solo se han ausentado Izquierda Unida, Amaiur y el BNG – a revitalizar las instituciones y fortalecer la cultura democrática, a alcanzar acuerdos que favorezcan “el interés general”, reto en el que deben sentirse especialmente implicados, en su opinión, las nuevas generaciones. “Todos somos conscientes de que estamos asistiendo a profundas transformaciones en nuestras vidas que nos alejan de la forma tradicional de ver el mundo”, ha dicho Felipe VI. Y, como colofón, una atención no menor al problema del paro y a la necesidad de proteger “a las familias más vulnerables” que han sufrido el rigor de la crisis económica. “Tenemos la obligación de transmitir un mensaje de esperanza, especialmente a los más jóvenes porque la obtención de un empleo debe ser una prioridad para la sociedad y para el Estado”, ha dicho el Rey.

Contará con la experiencia de su padre

El tiempo dirá si Felipe VI ha heredado ahora el trono para salvar la dinastía. Su padre se marcha, vigilante desde La Zarzuela, sin haber explicado todavía los verdaderos motivos de su decisión y obligando a improvisar una ley Orgánica prevista desde hace 36 años en la Constitución. Don Juan Carlos dijo en su despedida que una nueva generación reclama el papel protagonista. A él le tocó encauzar la Transición y a su hijo bregar ahora con una sociedad fracturada por el desencanto que ha aceptado resignada a políticos mediocres, en muy poco comparables a los que desarrollaron la Constitución en su primera década de vida. Hoy estaban tres de sus ‘padres’, los únicos que sobreviven: Miguel Hererro y Rodríguez de Miñón, José Pedro Pérez Llorca y Miguel Roca. Los tres seguramente se estarán preguntando si Felipe VI será capaz de marcar su propia impronta a su reinado, teniendo en cuenta que también se ha comprometido “a seguir contando durante muchos años” con la “experiencia” de don Juan Carlos. En ello le va salvar la dinastía.


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