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La Generalitat Valenciana privatiza la Ciudad de las Artes y las Ciencias después de gastarse 1.200 millones

El único edificio de la Ciudad de las Artes y las Ciencias que mantendrá la gestión pública será el Palau de les Arts, el flamante edificio de la ópera. 

La Generalitat Valenciana privatiza la Ciudad de las Artes y las Ciencias después de gastarse 1.200 millones
La Generalitat Valenciana privatiza la Ciudad de las Artes y las Ciencias después de gastarse 1.200 millones Efe

La Generalitat Valenciana ha aprobado este viernes la externalización de la gestión de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia. Esta operación supone privatizar el complejo cultural que ha capitalizado la transformación de Valencia y que se ha convertido en el icono de la modernidad de la ciudad en el siglo XXI.

La decisión adoptada este viernes por el Pleno del Consell, que se hará efectiva en los primeros meses de 2014, supone extender el modelo de gestión y explotación privada que ya existía desde hace diez años en el Oceanográfic, uno de los edificios que integran este moderno complejo cultural y de ocio diseñado por el arquitecto Santiago Calatrava.

El único edificio de la Ciudad de las Artes y las Ciencias que mantendrá la gestión pública será el Palau de les Arts, el flamante edificio de la ópera. Los otros cuatro, el Hemisfèric (cine planetario), el museo Príncipe Felipe, el Umbracle (espacio de ocio) y el Ágora (un edificio con capacidad para 3.000 personas diseñado para acoger todo tipo de actos deportivos y convenciones) se unirán al Oceanográfic en una nueva etapa en manos privadas.

El proyecto inicial, bautizado como Ciudad de las Ciencias, fue puesto en marcha en 1995 por la Generalitat durante el mandato del socialista Joan Lerma, aunque, tras las elecciones autonómicas de 1996, fue transformado por el gobierno de Eduardo Zaplana (PP) en Ciudad de las Artes y de las Ciencias. El principal cambio introducido fue la desaparición de la torre de telecomunicaciones y la inclusión del Palau de les Arts y el Oceanográfico. En 2005, durante la presidencia de Francisco Camps, el proyecto se amplió con la inclusión del Ágora y otros dos elementos que finalmente no han llegado a construirse: tres torres de edificios, la más alta de 308 metros, y un apeadero del AVE.

La Ciudad de las Artes se ha convertido en la mejor promoción exterior de Valencia, ya que millones de espectadores pudieron ver las imágenes del papa Benedicto XVI celebrando en ella la misa final del encuentro de las familias de 2006 y el paso de los bólidos del Gran Premio de Europa de Fórmula 1 de Automovilismo entre 2008 y 2012 por el circuito urbano que pasa por sus alrededores.

La construcción de este macroproyecto ha ido acompañado de las críticas de la oposición por los sobrecostes, ya que inicialmente fue presupuestada en unos 250 millones de euros, aunque el precio final, incluido el puente de l'Assut d'Or entre el museo y el oceanográfico, ronda los 1.200 millones de euros. El complejo fue inaugurado en 1998 con la puesta en marcha del Hemisfèric, al que siguió el Museo Príncipe Felipe y el Umbracle (2000); el oceanográfico (2003); el Palau de les Arts (2005) y el Ágora (2009). Desde la inauguración del Hemisfèric en 1998, el complejo cultural y de ocio ha recibido a unos 50 millones de visitantes y ha obtenido unos ingresos de 478 millones de euros.

Los incidentes también han jalonado la historia de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias: en 1999 el príncipe Felipe de Borbón realizó una visita que desde la Generalitat consideraron como "inauguración", pese a que el edificio estaba todavía en obras. El Palau de les Arts tampoco se ha librado de los percances: se inauguró en 2005, aunque estuvo un año cerrado hasta rematar las obras y poder iniciar la temporada de ópera en octubre de 2006.

Unos meses después, en diciembre de ese mismo año, se estropeó la plataforma escénica, por lo que hubo que reajustar la programación y suspender alguna ópera. En octubre de 2007, unas fuertes lluvias inundaron la Sala Martín y Soler y causaron graves daños en diferentes departamentos del edificio. De los sobresaltos tampoco se ha escapado el edificio más moderno, el Ágora, que unos meses después de su inauguración también sufrió unas importantes goteras por la filtración de agua desde la cubierta.


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