El PP presentará las cuentas como un contrato con sus votantes

El PSOE convierte en 'casus belli' la presentación de los PGE de 2016: Pedro Sánchez los considera una provocación

El líder socialista no quiere encarar la próxima campaña electoral a rebufo de las novedades que anuncie el Gobierno en la presentación de los Presupuestos estatales para 2016. El propio Pedro Sánchez así se lo ha trasladado personalmente a Mariano Rajoy, pues lo considera una provocación en toda regla, a escasos meses de las legislativas.

Mariano Rajoy, en el banco azul del Congreso.
Mariano Rajoy, en el banco azul del Congreso. EFE

Para el PSOE no es un plato de buen gusto la aprobación del techo de gasto para el año que viene, prevista para el próximo viernes -y no éste, como estaba previsto inicialmente- y que supone la antesala de la presentación en septiembre de los Presupuestos estatales en Las Cortes. El proyecto de ley va a dar amplio margen a Mariano Rajoy para demostrar que la recuperación económica se está asentando y permite resarcir la pérdida de poder adquisitivo de los funcionarios, administrar nuevas rebajas fiscales y aumentar algunas de las partidas más sensibles del gasto social. Como es lógico, a los socialistas lo que les interesa es taponar todos los agujeros por donde  el Gobierno puede coger oxígeno hasta las legislativas, lo que ha llevado a Pedro Sánchez a plantear directamente al presidente que si el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, da el paso de presentar las cuentas del año que viene, lo convertirá en casus belli y será objetivo de una potente ofensiva en contra por parte del PSOE. De hecho, los socialistas lo consideran una provocación.

El Gobierno está convencido de que los Presupuestos de 2016 transmitirán seguridad a los mercados

En el Gobierno se opina que, pese a estas amenazas, los socialistas no tendrán demasiado margen de maniobra para atacar la aprobación en Consejo de Ministros y posterior presentación de los Presupuestos en el Congreso, con independencia de que dañe su interés en dar ya la legislatura por agotada y en enfatizar que España asiste a la agonía del proyecto político de Mariano Rajoy. Ahora que el PSOE acaba de anunciar el fichaje de Jordi Sevilla para transmitir credibilidad y solvencia a su oferta económica, Pedro Sánchez, se opina en el PP, no podrá negar que la elaboración de los Presupuestos del año que viene supone una señal de tranquilidad para los mercados, en un momento en el que los grandes fondos de inversión y las agencias de rating están poniendo en duda si una hipotética victoria de la izquierda en las elecciones generales acabaría con el proceso de consolidación fiscal iniciado en 2012, clave para la salida de España de la recesión.

En el Gobierno se recuerda que no puede volver a repetirse la experiencia de 2011, cuando José Luis Rodríguez Zapatero dejó empantanada la legislatura, obligando a una prórroga presupuestaria cuando el país se situaba al borde del rescate. La renuncia a presentar las cuentas de 2012 tuvo, sin embargo, su lógica política, teniendo en cuenta las dificultades que hubiera encontrado el PSOE para defender un escenario económico expansivo en una coyuntura en la que Bruselas no permitía ninguna broma y desde el BCE, carta a La Moncloa mediante, se habían fijado a España los deberes que estaba obligada a hacer si no quería seguir el mismo destino que Grecia, Irlanda o Portugal. Estas circunstancias, condicionadas por los intereses electorales, llevaron a Zapatero a romper el ciclo presupuestario, algo que ahora el Gobierno no está dispuesto a hacer, desde el convencimiento de que lo correcto para el interés general es demostrar el compromiso a futuro con la estabilidad presupuestaria, gobierne quien gobierne.

PSOE: unos Presupuestos electoralistas

Desde el PSOE, la polémica se ve desde otra óptica. “Está fuera de lugar presentar unos Presupuestos electoralistas que no habrá ni siquiera tiempo para aprobar”, advierten en su equipo económico, dispuesto a denunciar el famoso libro amarillo, en el que anualmente se recogen las tripas de las cuentas estatales, como un mero soporte para la propaganda electoral. “Como no dará tiempo a tramitarlos, el PP podrá prometer en ellos de todo, como si se tratara de una carta a los Reyes Magos que no tendrá ninguna fiabilidad”, aseguran en las filas socialistas, donde prevalece el convencimiento de que será casi imposible evitar ir a rebufo de las novedades que anuncie el Gobierno en la presentación de sus cuentas, ya que Rajoy intentará recuperar con ellas su iniciativa política.

El PSOE ve un acto de provocación la presentación de las cuentas públicas antes de las elecciones

Si, finalmente, las elecciones se celebraran el 29 de noviembre, la disolución de Las Cortes llegaría el 5 de octubre. Sería difícil que diera tiempo a la celebración del debate de totalidad de los Presupuestos, en el que Pedro Sánchez tendría su última oportunidad para criticar el legado que deja el PP en esta legislatura. Para lo que sí tendrá el Gobierno espacio es para explicar a fondo el proyecto de ley, coincidiendo con su entrada en el Congreso. “El libro amarillo se convertirá en una especie de contrato social con nuestros votantes, algo que no tiene en sus manos el PSOE”, se afirma en el PP. El Gobierno afronta este debate cuando las previsiones oficiales de crecimiento se han quedado cortas, pues Bruselas ha mejorado no solo el horizonte del PIB, sino también el de la creación de empleo y el del déficit público, que acabará este año cerca del 4,2%. Los técnicos de Bruselas han anticipado que la economía española gana cada vez más impulso y están convencidos de que sus previsiones pueden, incluso, quedarse cortas si se cuenta con los efectos que han acabado provocando la caída de los precios del petróleo, la depreciación del euro y el programa de compra masiva de bonos aprobado por el BCE.

La ofensiva parlamentaria contra los Presupuestos de 2016 ha tenido un anticipo con la polémica suscitada sobre las intenciones del Gobierno de devolver a los funcionarios parte de la paga extra que se les suprimió hace tres años. El PSOE ha aprovechado la descoordinación con la que ha reaccionado el Gabinete de Rajoy a estas informaciones afirmando que, en estos momentos, el Gobierno actúa como un “pollo sin cabeza”.


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