En las legislativas condicionadas por las crisis económicas, el apoyo a la izquierda del PSOE no superó el 11%

El PSOE digiere mal los pactos con Podemos y sospecha que Pablo Iglesias ha tocado techo

Las tres elecciones generales a las que los españoles han acudido desde el inicio de la Transición bajo el castigo de una crisis económica, han demostrado que la contestación más radical nunca se ha traducido en un porcentaje de voto superior al 11%. En el PSOE hay numerosas voces que se preguntan si, con estos antecedentes, Pedro Sánchez no habrá elevado a Podemos a los altares.

Manuela Carmena (Ahora Madrid) y Antonio Miguel Carmona (PSOE), el pasado viernes en Madrid.
Manuela Carmena (Ahora Madrid) y Antonio Miguel Carmona (PSOE), el pasado viernes en Madrid. EFE

La primera cita con las urnas a la que los españoles acudieron bajo la nube de la crisis económica llegó al inicio de la Transición, en 1979, fecha en la que el Partido Comunista consiguió 23 diputados, el 10,7% de los votos, y se situó como tercera fuerza política del país. La Constitución estaba recién aprobada y la influencia de Santiago Carrillo se vio limitada por los 168 escaños con los que Adolfo Suárez pilotó las reformas y por los 121 que obtuvo el PSOE, con Felipe González como cabeza de cartel. El país estaba por hacer y, gracias a los Pactos de La Moncloa firmados dos años antes, se pudo controlar el gasto público, equilibrar la SeguridadSocial, ordenar el sistema de pensiones, dominar la inflación y arrancar la reforma del sistema financiero.

En 1979, 1995 y 2011, elecciones condicionadas por la crisis, el voto a la izquierda del PSOE no superó el 11%

Cuatro legislaturas después, en 1996, los españoles fueron también a las urnas con algunos síntomas de recuperación económica tras una recesión que había comenzado tres ejercicios antes y había elevado el desempleo a tasas del 24%, con un desplome de las inversiones y sucesivas devaluaciones de la peseta. En estas elecciones, Izquierda Unida se hizo con el 10,5% de los votos y logró 21 diputados, frente a los 156 del PP y los 141 del PSOE. Las fuerzas situadas más a la izquierda tampoco rentabilizaron en las legislativas de 2011 el desgaste del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero después de tres años de crisis, pues IU ni siquiera llegó al 7% de los votos y tampoco pasó de los 11 escaños. Finalmente, el grueso del malestar ciudadano originado por los ajustes de Mariano Rajoy, alimentado en parte por el movimiento de los indignados que dio origen al nacimiento de Podemos y otras fuerzas afines, no aglutinó el pasado 24 de mayo más del 13% de los votos en las elecciones municipales, las únicas que pueden ser tomadas como referencia de voto en el conjunto nacional, ya que abarcaron todo el territorio.

Ahora que casi todos los expertos anticipan que Podemos acabará sepultando a IU, la pregunta que surge en la boca de numerosos parlamentarios y dirigentes socialistas es si, con estos antecedentes, el PSOE no habrá hecho un mal negocio pactando con Podemos en varias comunidades autónomas y cientos de ayuntamientos, a la vista del desgaste que anticipan para la organización de Pablo Iglesias algunos estudios demoscópicos que recuerdan, además, un dato objetivo: ninguno de los principales liderazgos nacidos del 24-M –Manuela Carmena en Madrid o Ada Colau en Barcelona–, concurrieron a las urnas con la marca Podemos.

Las opiniones dentro del PSOE son muy plurales. La presidenta andaluza, Susana Díaz, no es la única que considera que Pedro Sánchez ha podido llevar al PSOE a convertirse en víctima del ‘abrazo del oso’ a manos de Podemos, obsesionado por salvar el pellejo recuperando poder territorial a cualquier precio. Este riesgo ha sido advertido también por viejos rockeros del socialismo como Felipe González o José Bono, conscientes de que se han facilitado gobiernos a fuerzas que se preparan para competir con el PSOE por el voto de la izquierda de aquí a pocos meses vista, con la idea de irrumpir con fuerza en el próximo Parlamento nacional.

Alertas ante la proximidad de las elecciones generales

Quienes más claro hablaron sobre este problema en un órgano interno de su partido, el comité federal, fueron el diputado vasco Eduardo Madina, perdedor de las primarias contra Pedro Sánchez y a quien suele acusarse de hablar por boca de Susana Díaz, y el presidente asturiano, Javier Fernández. Ambos han alertado de los riesgos que entraña pactar a tontas y a locas con Podemos, sin medir las consecuencias que ello puede acarrear en las elecciones generales y del peligro de que el PSOE se vea desnaturalizado, perdiendo su vocación de formación mayoritaria.

Las facilidades que desde Ferraz se le han dado al PP para enfatizar el giro del PSOE hacia la izquierda radical, también preocupan en las filas socialistas, donde se cruzan numerosos reproches ligados a la lucha de poder que sigue vigente dentro del partido. Por ejemplo, se acusa a Susana Díaz de haber impedido desde el principio la aprobación de una estrategia uniforme de pactos postelectorales en toda España, al advertir nada más celebrarse las andaluzas del pasado 22 de marzo que ella iba a guiar sus acuerdos con plena autonomía, sin atender a las consignas de Madrid. Le ha costado hacerlo más de dos meses.

Felipe González, Susana Díaz, Javier Fernández y Eduardo Madina, entre quienes han alertado de los riesgos de pactar a la ligera con Podemos

En la ejecutiva federal se reconoce que las negociaciones han sido complejas, debido a la inexperiencia y a las singularidades de Podemos, y que no ha existido margen para articular una política armónica de pactos. Los territorios que más inquietan son, como es lógico, Madrid, Valencia y Barcelona, pues la gestión que realicen en ellos Manuela Carmena, Joan Ribó/Mónica Oltra y Ada Colau, puede acabar erosionando al PSOE, sin apenas obtener contrapartidas que puedan compensarle en las elecciones generales, más allá del reparto de poder que ha habido en cientos de ayuntamientos.

En la dirección del PSOE se tiene la impresión de que el partido que mejor ha jugado sus cartas después del 24-M ha sido Ciudadanos, pues ha conseguido adueñarse de la centralidad política y, por tanto, es el que está en mejores condiciones para decidir, como potente bisagra, el color político del futuro Gobierno. ¿Mal negocio para el PSOE? Unas opiniones apuntan que los pactos con Podemos pasarán factura en las generales, mientras que otras voces del socialismo y de su grupo parlamentario prefieren quedarse conla percepción de que Pablo Iglesias ha tocado techo y, por lo tanto, ya no está en condiciones de pugnar por la hegemonía de la izquierda.


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