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Los cinco síntomas que reflejan el estancamiento de Podemos en un año electoral clave

¿Hay verdaderamente un retroceso en la fulgurante trayectoria de Podemos, un partido que se fijó llegar a La Moncloa con sólo siete meses de vida? No sólo las encuestas de opinión reflejan cierto desgaste de la estrategia de Pablo Iglesias y sus más estrechos colaboradores. No obstante, todavía confían en una remontada coincidiendo con la recta final de la campaña del 24-M.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias (d), junto a su ex 'número tres', Juan Carlos Monedero.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias (d), junto a su ex 'número tres', Juan Carlos Monedero. EFE

"No nos conformamos con llegar hasta aquí, salimos a ganar". Apenas ha transcurrido un semestre desde que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, pronunciara esta frase en la Asamblea fundacional de Vistalegre el pasado octubre y ya hay voces internas que reconocen en privado que la formación morada tiene difícil cumplir el objetivo de asaltar el cielo en las próximas elecciones generales.

En los dos últimos barómetros del CIS con intención de voto (octubre y enero), Podemos se ha situado como primera fuerza en voto directo (sin la famosa cocina), con un porcentaje que ha ido en aumento (de un 17,6% a un 19,3%). Sin embargo, todo apunta a que esta tendencia se romperá en el CIS de abril, que verá la luz en los próximos días. Los portavoces de Podemos ha tenido que hacer frente a la palabra "estancamiento" en cada una de sus intervenciones ante la prensa durante las últimas semanas. ¿Hay verdaderamente un retroceso en la fulgurante trayectoria de Podemos, un partido que se fijó llegar a La Moncloa con sólo siete meses de vida? Cinco síntomas reflejan cierto desgaste de la estrategia de Iglesias y sus más estrechos colaboradores.

-Aumentan las voces que piden regresar a los orígenes. La dimisión del que era su ideólogo y número tres, Juan Carlos Monedero, ha puesto de manifiesto la convivencia en las estructuras del partido de dos sensibilidades bien distintas sobre el ideario de Podemos; por un lado, la del ala moderada, liderada por Iñigo Errejón, con la aquiescencia de Pablo Iglesias, que apuesta por una "transversalidad" en el discurso y confía en cambiar el sistema desde el sistema y, por otro, los que creen que la única alternativa pasa por el "empoderamiento de las clases populares", por la movilización en las calles.

La participación ha ido cayendo de un 54% en la Asamblea fundacional de octubre a un 20% en la elección de candidatos autonómicos celebrada el pasado marzo

Con esta última percepción sintoniza Monedero, que se ha visto obligado a abandonar la dirección de Podemos, según él, para sentirse más útil, recorriendo el país, escuchando a los círculos (agrupaciones de base) porque es "la ciudadanía la que tiene que impugnar al propio aparato" de Podemos, ha remarcado. Detras de esta argumentación se esconde el pulso que ha mantenido con Errejón en la cúpula de Podemos para no alejar al partido de su identidad izquierdista y para evitar que sea engullido por la partitocracia. "A veces Podemos se parece a quienes quiere sustituir", señaló Monedero el jueves horas antes de dimitir.

El cofundador del partido del círculo ha apelado a regresar a la esencia quincemayista. "Tenemos que ser capaces de recuperar el frescor del 15-M"Una opinión que coincide dentro la formación morada con el diagnóstico que hace la corriente Anticapitalistas, para quienes hay que "seguir el camino abierto por el 15M y explorar nuevas formas de 'hacer', formas que a través del conflicto entre clases generan estructura institucional".

-La bajada de participación en los procesos democráticos internos. Desde la votación celebrada por Podemos en octubre para elegir el modelo de partido idóneo (aquí fue sonada la pugna entre el núcleo de Iglesias y la corriente de Pablo Echenique, Teresa Rodríguez e Izquierda Anticapitalista), la implicación de los simpatizantes ha ido en descenso. Si entonces votaron 112.070 personas de las 205.750 inscritas, este porcentaje del 54% no ha vuelto a repetirse en ninguna convocatoria. Más bien al contrario, ha ido cayendo hasta el 20% en las primarias de marzo para la elegir a los candidatos autonómicos. Este dato, conocido el pasado 1 de abril, indicó que apenas 48.023 simpatizantes de los 237.929 inscritos ese momento en las trece comunidades en liza (no se cuentan Andalucía, Cataluña, Galicia y País Vasco) se interesaron por votar a sus cabezas de lista. Pese a contar actualmente con 368.977 militantes, el ritmo de afiliación también ha bajado.

-La caída en las encuestas frente al auge de Ciudadanos. Los sondeos de opinión que han ido apareciendo en prensa coindicen en que el respaldo ciudadano a Podemos se ha resentido. Ya hay incluso encuestas que situán a Ciudadanos -partido que dio el salto al ruedo nacional en octubre de 2013- por delante de la formación de Iglesias en algunas comunidades, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid. Desde la dirección de Podemos no prestan especial atención estos sondeos y repiten que "ya se quedaron cortos" en las europeas, donde irrumpieron con cinco eurodiputados. No obstante, hay dirigentes que no han tenido problema en admitir este parón en las encuestas. "Como cualquier partido que emerge, hay un crecimiento inicial, y luego se atempera en el tiempo. Confiamos que en la campaña electoral Podemos sea capaz de tocar a la ciudadanía y repuntemos en las encuestas", ha manifestado el secretario de Organización, Sergio Pascual.

Los estrategas de Podemos mantienen que todavía hay un 40% de indecisos ante los comicios autonómicos del 24-M y que serán en la recta final de la campaña cuando tengan más opciones de atraer a estos votantes. El número dos del partido y coordinador del "comando electoral", Iñigo Errejón, sostiene que "a nosotros las campañas se nos dan muy bien; hemos ido de menos a más".

-La indefinición en materia económica. Más allá de apostar por un plan de rescate ciudadano (garantizar los suministros básicos de luz, agua y gas), paralización de los desahucios, auditoría ciudadana y reestructuración de la deuda y subida de los impuestos sobre la riqueza, Podemos llega a estas autonómicas -"avanzadilla para el cambio" en las generales- sin un modelo económico asentado, explicado a la ciudadanía con suficiente antelación. Prueba de esta falta de determinación es que Podemos no presenta su programa marco para las autonómicas hasta este martes, a sólo dos días del arranque oficial de la campaña.

Dirigentes de Podemos, como el secretario de Organización, Sergio Pascual, no han tenido problema en admitir el parón de su partido en las encuestas

Además, la dirección del partido todavía no se ha pronunciado oficialmente sobre cuestiones que generan fuerte inquietud en las bases, como es la implantación de una renta básica ciudadana, reclamada por un amplio sector de la militancia. Tan sólo el secretario general, Pablo Iglesias, apostó el fin de semana pasado en La Sexta Noche por una "renta mínima garantizada" (únicamente para personas sin ningún tipo de ingresos), distinta a la básica (de carácter universal) y más próxima a la que proponen Izquierda Unida y los sindicatos mayoritarios. A ello se une el intenso debate interno que vive la formación, dividida entre beber de fuentes socialdemócratas o redefinirse como izquierda alternativa, tal y como reclaman los críticos.

-La pérdida de la iniciativa mediática. El tirón de Pablo Iglesias en las tertulias del mediodía o en el prime time de los fines de semana ya no es el mismo que el de finales de 2014 y principios de 2015. Aunque su reaparición en el programa La Sexta Noche el pasado 25 de abril disparó la audiencia de este espacio, con un 13,4% de share y más de un millón y medio de espectadores, la capacidad de convocatoria del líder de Podemos anda lejos de los registros previos a las elecciones andaluzas. Por ejemplo, del máximo histórico de 2.107.000 espectadores (un 16% de share) cosechado por el mismo programa con su presencia el 24 de enero. Más allá del nivel de audiencia, los analistas también han reparado en que Iglesias no consigue sorprender a los espectadores como lo hacía antes. Sus intervenciones están lastradas por lugares comunes, reiteración de argumentos y giros expresivos frecuentes. 


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