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Andalucía: la guerra civil que amenaza con destruir a Podemos

La presidenta de Andalucía tenía claro su objetivo con el adelanto electoral: sorprender a Podemos en plena construcción y contribuir a desmitificar un fenómeno que asusta entre las viejas clases políticas por cuanto distorsiona sus caladeros de voto.

La candidata de Podemos a la Junta, Teresa Rodríguez, junto al número dos por Sevilla, el abogado Juan Moreno Yagüe.
La candidata de Podemos a la Junta, Teresa Rodríguez, junto al número dos por Sevilla, el abogado Juan Moreno Yagüe. Efe

Susana Díaz, presidenta andaluza desde septiembre de 2013 y maestra de la conspiración, tenía claro su objetivo cuando anunció el anticipo de las elecciones autonómicas al próximo 22 de marzo. Quería sorprender a Podemos en plena construcción y contribuir a desmitificar un fenómeno que asusta entre las viejas clases políticas por cuanto distorsiona sus caladeros de voto. El líder del nuevo partido, Pablo Iglesias, tomó entonces una decisión arriesgada: para evitar el desgaste de un enfrentamiento entre los radicales de Izquierda Anticapitalista (IA) y el equipo de su cuerda, ofreció a Teresa Rodríguez, lideresa de los primeros y aún eurodiputada, unas listas conjuntas que la gaditana aceptó con frialdad. Sin saberlo, Iglesias cavaba una primera tumba a la que quizás siga la Comunidad de Madrid, donde Miguel Urbán, empleado en una librería y amigo de Rodríguez, supera en los sondeos al oficialista Luis Alegre.

Los rumores de ruptura del acuerdo con los pablistas sobrevolaron Sevilla antes de conocerse los resultados de las primarias, que dieron por ganadora a la lista con un escaso 28% de participación

IA, corriente marginal de IU hasta 2008, jamás se ha visto tan cerca del poder y por eso actúa con fiereza. Aunque teóricamente existe un equipo electoral mixto integrado por 24 personas, es el núcleo de Rodríguez, compuesto por personas con escasa o nula experiencia, el que toma todas las decisiones relevantes, en general sin consenso. Si bien desde la factoría de los Cinco Magníficos (aparte de Iglesias y Alegre, Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero y Carolina Bescansa) se le ha pedido que abandone los guiños a los trabajadores de Delphi o al sindicalista Diego Cañamero, la candidata de Podemos a la Junta apenas disimula su desprecio a la cúpula rectora de Podemos y especialmente a su macho alfa. Los rumores de ruptura del acuerdo con los pablistas sobrevolaron Sevilla hasta poco antes de conocerse los resultados de las primarias, que dieron por ganadora a la lista diplomática con un escaso 28% de participación y un 80% de apoyos. Rodríguez iba de número uno pero está sola en las alturas: la mayoría de sus compañeros de viaje, aparte de curricularmente mejor cualificados, son afines al aparato.

Iglesias da la guerra por perdida. Su decisión le ha costado fuertes choques con quienes siempre le han secundado y provoca entre los suyos en Andalucía un gran desánimo y una innegable sensación de abandono. “La apuesta por la excelencia no se ha respetado”, indica una fuente de primer nivel, “porque Rodríguez está llena de carencias y no trabaja para el partido sino para su gente. Es un lobo con piel de cordero que está traicionando el pacto”. Y ese lobo ha trazado un plan digno de la propia Díaz: controlar la marca Podemos en la región más poblada de España y crear desde allí un frente que, quizás con la ayuda de Urbán en la capital del reino, derribe algún día a los ideólogos y cofundadores de la formación.

No necesariamente ocurrirá así: Begoña Guitérrez (Sevilla), Lucía Ayala (Almería), José Luis Serrano (Granada), Mercedes Barranco (Jaén) o David Moscoso (Córdoba) encabezan el bloque mayoritario, el de Iglesias, que bien podría, ya en el Parlamento autonómico, negarle a Rodríguez la portavocía y por lo tanto el liderazgo y los focos mediáticos. De hecho, la estructura de Podemos en Andalucía se cerrará después del 22-M. Ahí, en la narración del organigrama, se librará el combate decisivo.

  La estructura de Podemos en Andalucía se cerrará después de las elecciones del 22 de marzo

Para reforzar su comando independiente, Rodríguez ha contratado como jefe de prensa a un profesional de confianza, Francisco Artacho, al que se suma una de sus asistentes en el Parlamento Europeo, Paula Ortega. La política de comunicación ha sido un fiasco hasta la fecha, con confusiones permanentes y periodistas perplejos por el caos y las informaciones contradictorias. Por ejemplo, el muy comentado vídeo de la candidata en la cocina de su casa ha sido fuertemente criticado por los mandamases de Podemos al entender que atenta contra la imagen cuidada y diferente inscrita en letras de oro en su recetario. Tampoco gustan los guiños a la CUT de Juan Manuel Sánchez Gordillo, el presunto Robin Hood del Mercadona, el desconocimiento del territorio y sus voces más autorizadas, el olvido de la franja oriental andaluza (Jaén, Granada y Almería, además de Málaga) o el empeño en arrebatar votos al PSOE cuando el objetivo prioritario está en las ciudades dominadas por el PP, incluidas las ocho capitales de provincia.

Especialmente sintomático es que Íñigo Errejón, el principal responsable de la campaña andaluza sobre el papel y el encargado de hilar las aspiraciones de Teresa Rodríguez con las líneas discursivas irrenunciables de Podemos, no haya aparecido todavía por la región. Es el secretario de Organización, Sergio Pascual, su hombre de confianza, quien asume ante la ausencia esas labores de enlace con los más radicales. Madrid ha puesto a disposición de Rodríguez algunos de sus mejores recursos, incluido el efectivo departamento de redes sociales, pero ella recurre estrictamente a sus pretorianos, creando de hecho una barrera invisible con el bando al que considera enemigo. De cara al exterior, en Podemos no existen “pactos de despacho” ni dudas sobre su naturaleza asamblearia. De hecho, en cambio, el modus operandi es clásico en política. Manda la primera en la lista, “y eso pese a que representa a una corriente minoritaria del partido”. “Nos hemos equivocado, pero debemos resistir. No pueden secuestrar la estructura”, apunta otra fuente de la organización en Andalucía.

En otro truco gestual, Rodríguez renunció la semana pasada a estar en el comité electoral de Podemos para no interferir en sus trabajos. En realidad, la campaña depende de su agenda, y su agenda la diseñan sus adláteres, afanados en cortar cualquier conato de influencia pablista y en restar presencia al resto de voces de la lista. Varios testigos admiten que en privado la gaditana no oculta su resquemor hacia el dirigente y cofundador del mayor fenómeno político desde la Transición ni tampoco el clima guerracivilista que entorpece la campaña. Para suavizar su imagen, cuenta con el contraste de Juan Moreno Yagüe, chaqueta y a veces corbata, número dos por Sevilla, un abogado independiente que logró cierta notoriedad con el caso Bankia y al destapar el escándalo de las manipulaciones del Euríbor que desembocaría en la histórica multa de 1.700 millones anunciada por la Comisión Europea.

Nacida en Rota en 1981, Teresa Rodríguez se define fundamentalmente por oposición. Antimilitarista, antiglobalización y feminista, perteneció a Izquierda Unida hasta 2008 y formó después parte de la candidatura de IA al Ayuntamiento de Cádiz en 2011, logrando 915 votos, el 1,56% del total. En las elecciones europeas del pasado 25 de mayo selló su primer gran triunfo, un escaño en el Parlamento Europeo junto a sus compañeros Pablo Iglesias, Pablo Echenique, Lola Sánchez y Carlos Jiménez Villarejo. En su primera comparecencia como candidata oficial de Podemos a la Junta, el martes 10 en Sevilla, sorprendió a propios y extraños al declarar que nunca permitirá un Gobierno en minoría del PP (lógico) pero que el pacto con el PSOE, en el poder desde hace más de tres décadas y salpicado por constantes casos de corrupción, sí es factible. Para algunos observadores, Podemos ya pertenece indudablemente a “la casta”. Para otros, Rodríguez representa todo aquello que el partido nunca quiso ser y ahora no es capaz de evitar.  


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