El nuevo secretario general arranca su mandato sin una etiqueta ideológica definida

El PSOE titubea ante el Renzi español: ¿Será Pedro Sánchez el mesías que necesita para recuperar la Moncloa?

Tan acelerado es el cambio que prepara Pedro Sánchez antes de sentarse formalmente en la silla de secretario general del PSOE que en su partido todavía no hay un diagnóstico claro sobre el tiempo que durará su vuelo. Conseguir la armadura que Matteo Renzi se ha construido en Italia lleva su tiempo, justamente de lo que menos dispone el recién llegado a Ferraz para forjar su liderazgo.

Pedro Sánchez, en la sede de UGT en Madrid
Pedro Sánchez, en la sede de UGT en Madrid EFE

“¡Keynesianismo del bueno aquí en España y también en Europa!”, clamó Pedro Sánchez en febrero de 2013 desde la tribuna del Congreso después de calificar de equivocada la política aplicada por el Gobierno para reducir el déficit público sin adoptar medidas de estímulo económico que permitieran crear empleo. Era entonces un diputado de base y sus intervenciones apenas tenían reflejo en los medios de comunicación. Casi año y medio más tarde, acaba de enviar a Europa un primer recado de quien está a punto de dirigir en España el primer partido de la oposición al obligar a los eurodiputados del PSOE a votar en contra de Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea.

Los socialistas llegan al congreso extraordinario del sábado sin programa y con un liderazgo dudoso aun por etiquetar

¿Es Pedro Sánchez un keynesiano en estilo puro? ¿Es un socialdemócrata inclinado a la izquierda? ¿Acabará dejando todo el espacio de centro al PP? Estas y otras preguntas recorren estos días las filas socialistas ante las dudas que suscita su aterrizaje acelerado en el PSOE, un partido centenario con 38 congresos a sus espaldas que afronta en una semana uno más, de carácter extraordinario, al que comparece sin programa. Este detalle no es casual y tampoco ha pasado desapercibido a los socialistas más veteranos, los que saben que la primera cita de esta naturaleza celebrada por su partido, corría el año 1888, no tuvo la necesidad de elaborar una hoja de ruta porque ya había sido marcada por sus fundadores. El guion aprobado en aquel primer congreso proclamaba que “el ideal del Partido Socialista Obrero” era “la completa emancipación de la clase trabajadora”.

Han pasado 126 años y un discreto pero ambicioso diputado que hasta ahora trabajaba como portavoz de cambio climático se ha metido en el bolsillo la secretaría general del partido señalando como referencias a Felipe González, 23 años en el timón del PSOE y 14 al frente del Gobierno, y al italiano Matteo Renzi, un político rompedor al que nadie en su país se atreve todavía a etiquetar.

A Rubalcaba le cuesta dejar la silla

Tan rápido es el cambio que prepara Pedro Sánchez antes de sentarse formalmente en la silla que tanto le cuesta dejar libre a Alfredo Pérez Rubalcaba que en su partido todavía no hay un diagnóstico claro sobre el tiempo que durará su vuelo. Conseguir la armadura que Renzi se ha construido en Italia lleva su tiempo, justamente de lo que menos dispone el recién llegado para forjar su liderazgo, aseguran miembros de la dirección saliente.

Su victoria frente a Eduardo Madina no tiene tanto mérito como se cree porque éste organizó su campaña con un ejército como el de Pancho Villa”, se comenta en el PSOE. Ni siquiera Bernardino León, exjefe de la fontanería de Zapatero en La Moncloa, tenía claro lo que hacía: “Estoy con Eduardo porque José Luis me ha pedido que le eche una mano”, confiaba hace dos semanas a sus amistades.

Lo que a juicio de muchos en el PSOE sí tendría merecimiento sería que el nuevo secretario general “derrotara” a la andaluza Susana Díaz después de haber sido decisiva en su acceso al sillón de la calle Ferraz, la sede nacional del partido. “Ella es soberbia y prepotente y a él le pierde la codicia, de ahí que el choque sea inevitable”, aseguran algunos expertos del partido en colisiones. Las señales de tráfico para prevenir el encontronazo lucirán en la composición de la próxima ejecutiva federal, pues en ella se retratará el montante de la hipoteca que Pedro Sánchez ha contraído con las diferentes federaciones para obtener su amparo.

El PSM es una olla a presión y el PSC está fracturado en familias, foto difícil para ganar las legislativas

Pero, con independencia de las personas que elija para su equipo y de los cambios orgánicos que incorpore, el nuevo líder va a tener muy complicado reconstruir su partido con un calendario tan estrecho. Faltan diez meses para las locales y autonómicas de mayo y 17 para las legislativas,si Mariano Rajoy no las adelanta. Sánchez puede decir dentro de una semana cuando clausure el congreso algo parecido a lo que dio el triunfo a Zapatero en 2000 –“No estamos tan mal”-, pero la evidencia revela que la tropa socialista está seriamente diezmada en territorios clave, aquellos que pueden inclinar la balanza electoral de uno u otro lado. “Madrid es una olla a presión, con Tomás Gómez abandonado por los militantes de menos de 40 años. Él siempre aborreció a Pedro [Sánchez], pero Susana [Díaz] hizo de notaria para que firmara un pacto de no agresión con él. Hubo muchas llamadas telefónicas de Tomás a compañeros de partido para que no apoyaran a Madina y algunas tuvieron casi un tono mafioso”, asegura un cualificado dirigente del Partido Socialista de Madrid (PSM).

El exministro José Blanco prepara el congreso

En Cataluña, otra federación clave, el horno tampoco está para bollos mientras en él se cocina el proceso secesionista. Con el PSC en los registros electorales más bajos de su historia y sin atisbos de mejora, el PSOE difícilmente estará en situación de ganar unas elecciones generales en España, sobre todo después de haberse comprobado que la obsesión de Rubalcaba por impedir el divorcio ha acabado desdibujando también el discurso del conjunto del partido sobre Cataluña, más allá de la declaración de Granada y de la manida apuesta por una reforma constitucional.

Pedro Sánchez quiere que Matteo Renzi acuda a su bautizo como secretario general del PSOE el próximo sábado

Mientras el exministro José Blanco, sobre todo, prepara a Pedro Sánchez la homilía con la que tendrá que estrenar el próximo sábado su mandato como secretario general, su ilusión sería traer como invitado de lujo a Matteo Renzi y que el italiano bautizara su debut como líder del PSOE. En ello está.

A Pedro Sánchez no le faltarán oportunidades para demostrar el coraje del exalcalde de Florencia, con el que se lleva solo dos años de diferencia, o el del primer ministro francés, Manuel Valls, del que le separan diez. “Más allá de sortear las zancadillas internas en el partido y de apostar por iniciativas transversales cuya música suene bien a la izquierda y a la derecha, tendrá que pasar su primer gran examen en mayo”, advierte uno de los miembros de la ejecutiva saliente que respaldó a Madina. “Si el partido conquista Madrid, Pedro no necesitará siquiera hacer primarias y él será el cartel electoral. Si a finales del año que viene supera con creces los 110 diputados de Rubalcaba, se habrá ganado la prórroga aunque no haya ganado las elecciones”, abunda.

Pero el test de mayo también se le podría volver en contra. En caso de que el PSOE no rescate plazas principales como Madrid o Valencia,las miradas se volverán de nuevo hacia Andalucía, donde la propia Susana Díaz, avatares judiciales mediante, confiesa a su círculo de confianza más íntimo que ignora si se ha equivocado o no en su repliegue táctico y en facilitar que el nuevo mesías, casi un forastero llegado de la nada, acampe con tantos bríos en la capital del reino.


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