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El amor por el dinero de los socialistas cava la tumba política de Pedro Castro

El que fuera alcalde durante 28 años, transformó Getafe hasta convertirla en capital del Sur, pero no controló operaciones urbanísticas de sus compañeros.

Pedro Castro anunció el martes que dejaba el Ayuntamiento de Getafe después de haber sido alcalde durante 28 años y estado en la oposición desde el año 2011. Perdió las elecciones frente a Juan Soler (PP), que tuvo la habilidad de contar con los votos de UPyD para arrebatar una alcaldía que era feudo del PSOE.

Castro, casado y con tres hijos, ha pasado de ser el líder del Sur a ser odiado por algunos de los suyos. Supo transformar la ciudad tras la muerte de Franco y alcanzar el poder en las primeras elecciones municipales. Primero fue Teniente de alcalde y posteriormente accedió a ser primer edil.

Cambio la ciudad física, pero también socialmente. Llegó a encerrarse y hacer una huelga de hambre contra Felipe González, entonces líder indiscutido, porque no quería hacer un hospital en Getafe, que finalmente se construyó. Se hizo con la ciudad, que creció hasta ser irreconocible y fue aumentando su poder en la llamada capital del Sur. Tenía la misma ilusión de ser alcalde el primera día, que el último antes de ser derribado por el PP.

Fue presidente de la Federación Española de Municipios gracias a Zapatero. Cuando ocupaba ese cargo se le ocurrió decir en un acto púbico, pero casi interno, que aún había tontos de los cojones que votaban a la derecha. Uno de los suyos filtró la cinta y se montó la mundial. Ahí empezó su caída. Esperanza Aguirre montó una campaña que le convirtió en el más odiado de los socialistas.

Los tiempos cambiaron. De ser la mano derecha de Tomás Gómez pasó a ser uno de sus principales enemigos cuando apoyó a Trinidad Jiménez en las primarias fraticidas. El PSOE de Madrid le tenía en su punto de mira y le humilló retirándole como portavoz e incluso impidiendo que defendiera algunas de sus propuestas en plenos.

Y el dinero también le rompió sus esquemas. Uno de sus concejales de Urbanismo y en el que tenía más confianza, Jesús Neira, pasó de diseñar planes generales a colocarse al lado oscuro. Se convirtió en promotor y asesor y de ahí a millonario. Otro de sus hombres de confianza, Santos Vázquez, tuvo que dimitir cuando el promotor de PSG sacó unas grabaciones sobre su apoyo a las cooperativas que terminaron en escándalo.

Su gobierno adjudicó un aparcamiento a familiares de una de sus concejales, que no se abstuvo en las votaciones, lo que supuso un gran escándalo y donde dicen se iban a ganar 12 millones de euros.

Y cuando surgió el “caso aparcamientos”, bien dirigido por el PP, no retiró su confianza a la concejal acusada, que se negó a dimitir y que ha sido la que ha cavado la tumba política de un hombre que transformó Getafe, pero no supo controlar el amor por el dinero de los compañeros socialistas.


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