Manuel Valls y su homólogo italiano, Matteo Renzi, se convierten en dos apestados para Elena Valenciano

Los ajustes del 'hermano francés' rompen la estrategia del PSOE para las europeas contra los recortes de Rajoy

Nada más ser nombrado primer ministro de Francia Manuel Valls, el PSOE pensó que podía ser un excelente refuerzo para su campaña europea. Ahora, después de los duros ajustes que aspira a promover en el país vecino, se ha convertido en un apestado. “Nos ha roto nuestro discurso contra el austericidio de Bruselas”, reconocen fuentes socialistas.

A Alfredo Pérez Rubalcaba se le multiplican los problemas. Se juega el final de su carrera políticas en las elecciones del próximo 25 de mayo y el alto nivel de abstención que pronostican todas las encuestas, cercano al 60%, convierten su resultado en una incógnita. Junto con Elena Valenciano, cabeza de cartel, ha preparado una campaña basada en la denuncia del ‘austericidio’ de Bruselas, el mismo que consumió a José Luis Rodríguez Zapatero desde 2010 y le hizo perder las elecciones generales un año después. Pensaba aprovechar en ella a Manuel Valls, flamante primer ministro francés de origen español, pero sus duros planes de ajuste presentados hace unos días en el país vecino han dado al traste con sus planes. “Nos ha roto el discurso contra la austeridad de Bruselas”, reconocen fuentes socialistas. En la presentación de la campaña, ni siquiera se quiso confirmar en la dirección del PSOE si Valenciano se había reunido con Valls durante su reciente viaje a París.

La dirección del PSOE ni siquiera ha confirmado si Elena Valenciano se ha reunido con Valls en su viaje a París

Valls acaba de plantear en Francia algo por lo que ya ha pasado España, en parte, durante el último bienio: un ajuste de 50.000 millones de euros en el gasto público para la reducción del déficit hasta 2017 que incluye la congelación de las pensiones, la rebaja del sueldo de los funcionarios y recortes de 10.000 millones de euros en la sanidad. Las únicas grandes diferencias estriban en que Valls se propone eliminar por completo el pago de las cotizaciones sociales para los empleados que perciben el salario mínimo y, algo que parecería revolucionario en España, rebajar a la mitad el número de las regiones en el horizonte de 2017.

A Valls, un socialdemócrata de corte liberal y pragmático, le ha tocado enfrentarse a un Estado como el francés, muy proteccionista, una desventaja contra la que no ha tenido que luchar Matteo Renzi en Italia a la hora de fabricar un plan de proveedores mucho menos ambicioso que el español, reducir el número de empresas públicas o limitar los sueldos de los directivos que trabajan para compañías estatales. En cualquier caso, las medidas que se están poniendo en marcha tanto en Francia como en Italia chocan con el discurso que Elena Valenciano entona en su campaña europea y que devuelven a la memoria de los propios votantes socialistas, se admite en la ejecutiva del PSOE, los ajustes que condujo Zapatero en su última etapa de Gobierno al dictado de la Comisión Europea.

Las medidas que se están poniendo en marcha en Francia y en Italia chocan con el discurso que los socialistas están defendiendo en la campaña europea

En esta atmósfera de recortes que primero tuvieron que afrontar los países rescatados y más tarde España, países como Italia y Francia se han sumado tarde al club de los señalados por Bruselas justo cuando en el suelo patrio la línea de flotación del discurso socialista para esta campaña electoral descansa en la reivindicación de una ‘troika social’ y en el freno a las políticas de austeridad para un país, como España, que se encamina hacia una deuda del 100% del PIB.

A modo de consuelo, aun a sabiendas de que se va a contracorriente, hay algunas voces dentro del PSOE, las más ancladas en el zapaterismo, que ven en lo que está pasando en Francia una oportunidad para denunciar las imposiciones que sufrió el expresidente por parte de las autoridades comunitarias, cuando no tuvo más remedio que congelar las pensiones, bajar el sueldo a los empleados públicos, frenar la ley de Dependencia o abaratar el despido. “Hay que reconocer que el propio Zapatero rehusó defender su propia política económica, pero quizás ha llegado el momento de justificar su gestión y explicar bien a los ciudadanos las presiones que le obligaron a tomar estas medidas”, afirma uno de los que tuvieron diferentes cargos de responsabilidad con el expresidente.

Los fieles a Zapatero creen que lo que está pasando en Francia ofrece una oportunidad para defender los ajustes que hizo el expresidente antes de perder las elecciones

La rebelión de una parte considerable del grupo socialista galo contra las medidas de Valls ha venido a complicar el doble juego al que el PSOE se está prestando en esta campaña, por una parte denunciando la rigidez en los ajustes impuesta desde Bruselas en los países con mayores problemas de consolidación presupuestaria, sin renunciar al mismo tiempo al saneamiento de las economías más castigadas por los desequilibrios.

El perjuicio que supone para la campaña socialista lo que está ocurriendo en Francia o en Italia es doble, se admite en Ferraz, ya que va a servir en bandeja al PP el recordatorio de muchos de los recortes sociales que Zapatero hizo en su recta final como presidente del Gobierno sin conseguir encauzar, además, la salida de la crisis. Los coordinadores de la campaña socialista han concluido que no les conviene tampoco esconder a Zapatero hasta el 25 de mayo, por lo que han optado por acentuar el perfil del expresidente que más simpatía despierta entre los votantes del PSOE. Ello explica el acto de este sábado junto a Elena Valenciano, en el que se dará un altavoz al expresidente para presumir de las políticas de igualdad que impulsó entre 2004 y 2011. Menos es nada.


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