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Tres años de mayoría absoluta: Rajoy transmite a su equipo las claves para ganar las próximas generales

Nunca un gobierno desde la Transición tuvo tanto poder. Mariano Rajoy cumple tres años de su victoria electoral de 2011 con un horizonte electoral lleno de dudas pero convencido de que podrá renovar su mandato. Sin mayoría absoluta, pero se puede, y eso que ocho de cada diez ciudadanos están, según los estudios demoscópicos, decepcionados y desesperanzados. 

Mariano Rajoy anunciando la abdicación de don Juan Carlos
Mariano Rajoy anunciando la abdicación de don Juan Carlos Gtres

No supo Felipe II aprovechar la victoria de San Quintín, que le abría las puertas hacia París. Prefirió no lanzarse sobre la capital francesa. "Ocupado en digerir su ventura, pierde las ganas de aumentarla", recordaba Montesquieu. Rajoy tampoco ha sabido aprovechar su San Quintín electoral de 2011, que en el que obtuvo 11 millones de votos y 186 escaños, 32 más que en las anteriores generales. El PSOE de Rubalcaba perdía 4,3 millones de votos y 59 diputados. Nunca un político tuvo tanto poder como Rajoy.Poder legislativo, poder territorial, poder mediático... La España aterrorizada por los desastres del zapaterismo se puso en sus manos. Confianza ciega. Rajoy era ese político sensato y predecible. El PP era el partido que sabía gestionar en tiempos de crisis. Una apuesta segura. Todo ese potencial desaprovechado. Y la reforma estructural del Estado, el fortalecimiento de los mecanismos democráticos, la reconstrucción de los puntales de la Justicia, es decir, la conquista de París, a la espera. La gran oportunidad perdida para situar a España entre las grandes democracias contemporáneas.

Pesimismo demoscópico

Tres años después, en vísperas de unas autonómicas fundamentales y unas legislativas decisivas, ni España está satisfecha con su situación ni los españoles con su Gobierno. Los estudios demoscópicos señalan que ocho de cada diez ciudadanos están tristes, decepcionados, desesperanzados, piensan que el gobierno es incapaz de remontar la situación, tanto en el plano político como en el económico. Son mayoría los que valoran a Rajoy como el peor presidente desde la restauración democrática.Confianza defraudada. Apoteosis del pesimismo.

Durante el Gobierno de Rajoy, España ha mudado su faz, ha cambiado la piel de sus dirigentes, ha experimentado un profundo relevo generacional. Se fueron, por causas diversas, el rey, Rubalcaba, Cayo Lara, Rouco, Botín, Isidoro... Y entró una nueva generación de dirigentes políticos y empresariales. Don Felipe marcó la pauta. Pedro Sánchez, Garzón, Ana Patricia... Y, por supuesto, Pablo Iglesias, el último en llegar al frontispicio de los elegidos. Sólo Rajoy sigue en su puesto. Y con voluntad de permanencia.

España se encuentra en una de las situaciones más delicadas de su reciente historia. Una economía por consolidar, una amenazante crisis de Estado que viene de Cataluña, y una cirrosis ética alimentada por la corrupción han propiciado el enseñoramiento del abatimiento y el desánimo. La resaca del estallido de la gran burbuja se prolonga ya desde hace siete años. El sectarismo intransigente, el populismo infantiloide, el simplismo ideológico han echado raíces en un terreno abonado para el oportunismo y la demagogia.

Una siembra bien hecha

Suenan por doquier las trompetas del cambio. Menos en Moncloa, donde Mariano Rajoy, imperturbable, transmite a los suyos mensajes de confianza y calma. El voluntarioso amanuense que le redactó el mensaje del pasado jueves en Santiago, donde celebró serenamente el tercer aniversario de su triunfo electoral, recogía en síntesis la líneas maestras del pensamiento marianista: "Contra la homilía de la resignación, el sermón del fatalismo interesadoy el enfado permanente que quiere llevarnos a una nueva leyenda negra que cuenta sin descanso que las cosas siempre van mal en España". El antidiscurso de Gil de Biedma: "De todas las historias de la Historia / sin duda la más triste es la de España / porque siempre acaba mal".

Comenta entre los suyos Rajoy que siempre es más valorado fuera que dentro de España. En la reciente reunión del G-20 en Australia, pusieron a nuestro país como ejemplo. Y se le permitió intervenir en primer lugar, una deferencia para el presidente de un país que, en sus palabras, recoge los frutos de "una siembra bien hecha".Palabras contra el desánimo que alimenta la aparición del fenómeno Podemos, decidido a arrasar con el 'régimen del 78' sin detallar cuál es el relevo.

Las cábalas del arriolismo

Quienes se acercan estos días por el despacho del Presidente le observan preocupado pero no resignado. Todo lo contrario. Suele mostrarse convencido de que los tiempos y los acontecimientos no le son adversos. Instalado quizás en un permanente y avanzado estado de 'arriolismo', el presidente transmite a los suyos, incluso a los más críticos y desalentados, que abundan y crecen, una sensación de confianza. El argumento es sencillo. Se basa en la 'inexistencia del entorno', en palabras de uno de sus frecuentes interlocutores. El PP repetirá la victoria en las generales, sin mayoría absoluta, pero que le permitirá gobernar. Se trata de superar los 160 escaños. La fragmentación de la izquierda, el temor a Podemos, el crecimiento de los nacionalistas y la ley d'Hont harán el resto. La oposición tendrá muy difícil formar una mayoría de gobierno, salvo que se recurra a coaliciones ahora impensables. Podemos debilitará a la izquierda y los nacionalistas equilibrarán el reparto.

El último CIS fue demoledor, en efecto. Pero el PP sigue en cabeza y tiene una base de un 28 por ciento. El 50 por ciento de los votantes del PP se quedan en casa o, muy pocos, se fugan a otras siglas. La ruptura de UPyD y Ciudadanos favorece a Moncloa. El voto conservador sólo tiene una papeleta potente y el de la izquierda, demasiadas. Basta con que un 30 por ciento de ese 50 ahora cabreado vuelva a votar PP para que las cuentas salgan. Et voilà!Arriola cuadra el puzzleUn gobierno a la italiana, a lo Renzi. Minoría mayoritaria y a buscar apoyos circunstanciales. Las grandes reformas estructurales ya se han puesto en marcha por lo que no habrá que arriar banderas intocables para alcanzar acuerdos. Esta misma semana, la fiscal, culminada en el Congreso. Y el PSOE, piensa algún asesor del Presidente, no dará la espalda al Gobierno en el asunto más candente de la próxima legislatura: Cataluña. Así de simple. Y, como reconocen algunos veteranos del PP que han escuchado esta teoría casi mágica, a Rajoy le suelen cuadrar los tiempos y las estrategias. ¿Por qué no?.

Recuperación y escepticismo

En estos tres largos y fatigosos años, cierto es que el Gobierno de Rajoy logró evitar el cataclismo económico con el que se encontró al llegar a Moncloa, con un déficit desbocado y un sector financiero fuera de control. La recuperación es una evidencia, al menos en las cifras macro, tal y como este mismo viernes recitaba con convicción la vicepresidenta Sáenz de Santamaría. España es el país que más crece en la Eurozona, que más empleos genera, que mejor controla el déficit. Pero ese optimismo de los números no ha calado aún en la población, agobiada por un desempleo devastador, una población juvenil que busca fuera un horizonte laboral y cientos de miles de parados de larga duración condenados a la supervivencia. Las grandes reformas del equipo de Rajoy, laboral, financiera, fiscal, resbalan sin obstáculos sobre una epidermis social vacunada contra todo intento de optimismo.

La apoteosis de los escándalos de corrupción, que arreciaron en las últimas semanas, ha arrasado con el esfuerzo del Gobierno en transmitir noticias de esperanza. Cuando parecían amortizados los escándalos de la Gürtel y Bárcenas, emergieron asuntos tan emponzoñados como las tarjetas negras, la trama Púnica, los vuelos a cargo del erario público. Un rosario sin fin., un suma y sigue a los ERES andaluces, los pelotazos de Urdangarin...

Rajoy presentará un plan de choque contra la corrupciónel día 27. Habrá algunas novedades llamativas, se comenta. ¿Resultará creíble? Es la gran duda, pero hay que hacerlo, comentan las mencionadas fuentes. Y. más adelante, a la hora de elaborar las listas, también se moverán piezas en el partido, muy baqueteado y tremendamente fatigado. Reforzar Génova, incorporar talento. Hay malestar en las filas populares, circulan teorías que anuncian conclusiones, y hasta apuñalamientos traidores a loBruto. Eso es cierto. Pero no determinante. Rajoy lo sabe y da por supuesto que hay que hacer más política, más discurso ideológico, más guiños al electorado propio. Y al final, como es norma en la casa, a esperar. La 'inexistencia del entorno' hará el resto. ¿Llegará en esta ocasión a conquistar París?


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