El presidente hace balance del año en vísperas de la campaña

Rajoy cierra el curso con una traca electoralista: "Devolver el dinero a los ciudadanos"

Devolver el dinero a la gente, es el nuevo mantra de Moncloa. Cuatro meses tiene el Gobierno para borrar la imagen del recorte y aparcer ante el electorado con un perfil más amable y atractivio. El voto sale del bolsillo más que del corazón. Hay que cuidarlo.

Mariano Rajoy.
Mariano Rajoy. EFE

El llamado giro social del PP quedará hoy plasmado en la intervención de Mariano Rajoy para cerrar el curso. Medidas sensibles dirigidas a diversos colectivos que hasta ahora han padecido los efectos de la crisis. Funcionarios, salario mínimo, familias... Amén de otros guiños más amplios como el recientemente anunciado de la rebaja del IRPF. "Hay que devolverle el dinero a la gente", es el nuevo mantra que espide Moncloa. Tres durísimos y casi eternos años de recortes y de sacrificios han tocado a su fin. La recuperación lo permite, dicen los estrategas del Gobierno. A cuatro meses de las elecciones generales, ha llegado el momento de cambiar de libreto. Lo llaman 'electoralismo', un ejercicio tradicional en gobiernos con urnas en el horizonte.

Rajoy quiere ganar los comicios generales de una forma clara y nítida. Nadie sueña con una mayoría absoluta, inalcanzable ya durante años. Pero sí en conseguir un número de escaños suficiente para poder gobernar con algunos apoyos concretos. Este objetivo no se consigue tan sólo con el enunciado de cifras macroeconómicas y el recurso a los recuerdos de éxitos antiguos, como el esquinazo al temido rescate. Moncloa necesita acumular gestos y mensajes bien palpables, y eso sólo se logra mediante iniciativas que lleguen al bolsillo de la gente. No hay tiempo suficiente para sepultar la imagen de un partido antipático, prepotente y distante, dicen los asesores del PP. Pero sí se puede transmitir la idea de un Gobierno que ha redondeado una buen gestión en lo económico y ahora se preocupa por que le llegue a la gente. "Nosotros hacemos los sacrificios, encarrilamos el desastre económico y luego vienen los demagogos populistas de la izquierda y ganan las elecciones", comentaba esta semana un importante asesor del Partido Popular. Ahora le toca al PP aprovecharse de lo conseguido. Los números van mejor, de modo que pueden hacerse algunos esfuerzos, algunos dispendios para poner en vereda un mapa electoral cada vez más adverso.

Un poderoso batacazo

El batacazo de las autonómicas y municipales fue demasiado potente como para no extraer lecciones nítidas. Rajoy se presentó con un equipo antiguo y con un programa gastado. Nadie compraba la idea de la recuperación y el fantasma de la corrupción se lo llevó todo por delante. Nada había que ofrecer para compensar. El presidente tomó buena nota. Las europeas y andaluzas podía tomarse como un resbalón, un accidente o un episodio circunstancial. Las municipales supusieron un tremendo cataclismo, la constatación de que el PP atravesaba por momentos complicados y muy lejos de la posibilidad de revalidar un triunfo en las generales. De ahí, el cambio.

Cristóbal Montoro coordina este equipo responsable de darle un vuelco al panorama. El ministro de Hacienda trabaja desde hace semanas junto a dirigentes de Moncloa y de Génova, para afinar y diseñar este paquete de medidas 'de carácter social', como se repite con insistencia en las declaraciones e intervenciones de los dirigentes populares. "Menos cifras y más hechos", viene a ser el resumen de la estrategia que acaba de entrar en juego. Este viernes Rajoy recordará y anunciará unas cuantas decisiones. Una especie de apoteosis del guión con el que el PP pretende llegar hasta los comicios de diciembre: "Hay que devolverle el dinero a la gente". Ya lo soltó el presidente hace unas semanas y se repite con fruición en todas las tribunas donde aparece un representante de su partido. La gente, la gente...El PP, de repente, ha descubierto que existe la gente. Y se trata ahora de que la gente descubra que existe un Gobierno que cuida de ella y no sólo le hace anuncios de ajustes, recortes y cinturones tan prietos como la faja de una vicetiple.


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